La lección brasilera



Brasil está viviendo probablemente la crisis económica, social y política más grave de su historia moderna.


Pueden encontrarse un sin número de causas, pero todas ellas a la larga están relacionadas a un tema que empieza a ser recurrente no solo en las democracias latinoamericanas sino a nivel mundial: el distanciamiento entre la política y la gente. La solución, la participación ciudadana en la vida pública.


LA COYUNTURA


El gobierno de Lula fue un gobierno inclusivo. Coherente con su origen humilde y su discurso, Lula hizo un esfuerzo para hacer una política enfocada en la gente.


Sumado esto a los altos precios de las materias primas, convirtió a Brasil en ejemplo mundial. Pero el poder corrompe. (por ello la democracia requiere alternancia en el poder).


Luego de los escándalos del “petrolão”, para mantenerse en el poder, el PT debía demostrar para sus bases, purismo ideológico y ética política. Con este propósito, pasaron leyes electorales draconianas, que requieren que los políticos carezcan de intereses personales (irreal), e impiden que legítimos intereses traten de influir en el proceso democrático (impracticable).


El problema con este tipo de leyes es que convierten lo legítimo en ilegal, y al hacerlo crean una zona grisácea en donde la corrupción florece.


Por otra parte, Brasil entró dentro de la corriente mundial que modernización de la justicia. Los legisladores, probablemente sin darse cuenta de lo que hacían, aprobaron por ley los “acuerdos transaccionales” (delações premiadas) entre los reos y la fiscalía.


En un país con una Justicia independiente como Brasil, esta herramienta jurídico procesual fue la que permitió abrir la Caja de Pandora.


Gracias a los acuerdos transaccionales y una justicia independiente y profesional en la operación “Lava Jato” la Fiscalía brasilera tiene a 316 políticos de 24 (68% total) diferentes partidos en la mira por estar envueltos en esquemas de sobornos y desvío de dinero para la financiación de campañas, provenientes principalmente de la mayor constructora brasilera Odebretch.


La empresa tenía un departamento entero dedicado a llevar la doble contabilidad, ya que esta era una práctica continua e institucionalizada para el pago desde concejales municipales a candidatos presidenciales.


Estos escándalos comprometen no solo al PT, sino también, al PMDB (base del gobierno y mayor partido político de Brasil), al PSDB (principal partido de oposición) y a casi toda la cúpula política brasilera.


Los nuevos acuerdos de la Fiscalía con los directivos de la Constructora Odebrecht anuncian que esto recién comienza. La creatividad brasilera reluce con memes para todos los gustos en las redes sociales.


Pero nada de esto es chistoso, hay un proceso de Impeachment en contra de la Presidenta, y un juicio penal electoral, capaz de eliminar el mandato, en contra de la dupla Roussefff-Temer.


Brasil esta entrando rápidamente en una crisis total, sin una salida a la vista. Además de la crisis política, se estima que el PIB brasilero debe reducir un 10% entre 2015 y 2016. Se estima que el desempleo llegará al 12% al final de este año, básicamente el doble que el año pasado. 1 de cada 5 jóvenes ya están desempleados. Por primera vez desde 1992, la renta cae y la desigualdad aumenta en Brasil.


En cuanto todo esto pasa, la clase política brasilera no se ha renovado. Vamos décadas escuchando los mismos nombres en la política. Los políticos están conversan solo entre sí en Brasilia, creando un distanciamiento entre la sociedad y sus líderes.


¿Y AHORA?


Después del caos político que está viviendo el país , la política deberá ser renovada.


Gente nueva, nuevas ideas, nuevos valores e nuevos compromisos. Nuevos, pero no populistas e irresponsables. Es por esto que este será un desafío que requerirá

de todos los brasileros.


La clase política brasilera está acobardada, pues casi todos, de alguna manera u otra, están comprometidos.


La generación que creo los mecanismos de control en la Constitución de 1988, están presos ahora estas instituciones.


Si la operación Lava Jato se inspira en la Operación Manos Limpias de Italia, podremos aprender del error italiano: la incapacidad de promover la renovación política, en las más diversas frentes ideológicas, dio como resultado Berlusconi.


La falta de renovación política, que deja a las nuevas generaciones sin voz, creo en Venezuela a Chávez, en Ecuador, Correa, en Estados Unidos a Trump, en España a Podemos, en el Medio Oriente a Issis. El problema está ahí y es una responsabilidad compartida de todos.

Para enfrentar la raíz del problema del promiscuo financiamiento político de las campañas electorales, será necesario que Brasil revea la relación existente entre el mercado y el Estado. El capitalismo bizarro implantado en el Brasil (al que no le gusta la competencia, ni la transparencia, ni la isonomía, pero es adicta a beneficios estatales) produce aberraciones como la Constructora Odebrecht (presente en casi todos los países latinoamericanos), la OAS, el BNDES, JBS, entre otros ejemplos. Es un modelo injusto que beneficia a amigos ricos y deja al resto de la sociedad a la deriva.


Para salir de este hueco, los brasileros tendrán que envolverse más con la cosa pública y por ende, con la política. Es necesario que la gente entienda que la política es la más noble de las profesiones, pues se encarga del Bien Público. Esto no significa que cada persona, partido o político, defienda intereses legítimos propios o de un grupo de la sociedad.


Si el problema es la separación de la política con la ciudadanía, el remedio es la participación democrática, pero no únicamente al momento de elegir los mandatarios, sino en la esencia mismo de la palabra.


No es suficiente con salir a gritas a las calles cada vez que hay una crisis, pues es la omisión de la participación ciudadana que lleva a esta crisis política, económica y ahora social.


Las listas de la Odebrecht son asustadoras. Mismo que es necesario esperar aún que las cosas sean debidamente investigadas y juzgadas , todo indica que casi todos los actores políticos estaban con las manos en la masa. Ninguna novedad, pero de todas formas una bomba! La crisis que Brasil enfrenta hoy en día es asustadora, y la falta de un liderazgos políticos, es aún más asustador.


La situación actual no da para más. Esto no tiene nada que ver con ideologías, se trata sobre la sobrevivencia misma del Estado Brasilero como lo conocemos hoy en día y sobre todo, sobre el futuro de los doscientos millones de brasileros.

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