De la comunicación del poder, al poder de la comunicación





La historia del poder nos ofrece estampas magníficas y símbolos que expresan cómo se adquiere el poder, pero tal vez la que mejor sintetiza esta idea es la leyenda japonesa que habla de la gran diosa del sol: Amaterasu, que recibió tres símbolos del poder imperial: la espada, la joya y el espejo.


Músculo (espada): el poder más básico es el músculo, el uso de la fuerza física para someter a los otros seres humanos y obligarlos a realizar trabajos para beneficio del más fuerte.


Es el poder de las cavernas, pero también el del armamento capaz de liquidar a los adversarios.


Talento (espejo): con el sentido de supervivencia de los menos fuertes, se desarrolló otra la habilidad expresada en la frase: más vale maña que fuerza.


Es decir el conocimiento que puede vencer a la fuerza física. El espejo es el autoconocimiento que abre camino a conocer a los demás. Al transcurrir el tiempo ha asumido la forma, por ejemplo, de los estudios de opinión, entre otras herramientas.

Dinero (joyas): los factores anteriores pueden servir para alcanzar la riqueza. Y la riqueza puede a su vez adquirir más conocimiento, o incluso la fuerza de las armas para someter las voluntades. Pero dependen de un talento especial, que es la del empresario, el gerente, el administrador.


Astucia: Sin embargo, el poder político camina en territorios más dinámicos, es como lo llamó Ikram Antaki, un trabajo singular donde se combinan las destrezas del pescador y la del cazador: paciencia y fabricar situaciones (trampas) para obtener los objetivos. Todas éstas, habilidades que cultivan y crecen en los profesionales de la política.


Estos símbolos expresan muy bien las distintas caras del poder y sus personalidades, así como su sofisticación al correr de los siglos.


EL PODER Y LAS REDES

Hoy las tecnologías de la información y del conocimiento están provocando el nacimiento de nuevas habilidades que irrumpen la marcha estable de viejos productos y pueden hacer que una marca consolidada se derrumbe en poco tiempo, o incluso un sistema.


El poder político también sufre esos cambios vertiginosos. En México el hasta #LadyProfeco (en Twitter) derrumbó a un funcionario público. Los ciudadanos no tuvieron que ir a poner una demanda, ni gastar tiempo en oficinas de gobierno, sólo tuitearon y se rieron del funcionario en cuestión.


El poder político es seductor porque implica disfrutar del mando y hacer que los otros decidan seguirte. Sin embargo, el poder político más básico es como el de las cavernas, se ejerce sobre la base del “tienes que hacerlo” (miedo), y su otra cara es: “te conviene hacerlo” (la ambición). Temido o amado, diría Maquiavelo.

EL ESTADISTA, LA EVOLUCIÓN

Entre la ambición y miedo, pocos personajes, a los que hoy les decimos estadistas, han logrado un poder más grande: el de tener un sueño, comunicarlo y tener seguidores.


Esos líderes tienen un contacto pleno con su humanidad, son auténticos y parecen vulnerables. Han aprendido que entre la ecuación del miedo o la ambición, puede surgir el amor. Y por eso hay tan pocos que se atrevan a correr fuera del sistema y optar por el camino vertiginoso de perder la razón por conquistar un sueño y dejar su huella en la historia.


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