¿En qué se debe basar la comunicación política?




Los gobiernos y los dirigentes, para lograr adhesión, necesitan comunicarse permanentemente con los ciudadanos. Para ello ha de tenerse claridad sobre a quién, qué y cómo comunicar. Está de moda decir que el político debe darse cuenta de que hoy la gente vive en las redes sociales y que es allí donde debe apuntar su mensaje.


Vale la pena discutir qué pasa entre la opinión pública y la política. Si la respuesta es que la gran mayoría no está interesada en la política cotidiana entendiendo por tal las declaraciones y discusiones de los dirigentes, es una aseveración con la que podemos estar de acuerdo. Hoy la gran mayoría de los ciudadanos se declaran apartidarios e independientes, cada vez ven menos los programas políticos, leen menos diarios y revistas y muchos han incorporado Internet y las redes sociales a su vida cotidiana.


Sobre lo que no estamos de acuerdo es con la idea de que lo que sucede en Internet y las redes sociales corresponde a un mundo simbólico propio que no se relaciona con lo que sucede en la vida cotidiana. Esto es casi como decir que a quien está en las redes sociales no le pasan las cosas que les suceden al resto de los ciudadanos argentinos.


La opinión pública es producto del modo en que vivimos nuestra cotidianeidad y de nuestra relación con el sistema productivo. Quien vive de la caza y de la pesca, en donde prima la lógica de la tierra y el sol, no piensa el mundo del mismo modo que un programador de software, o que un trabajador en una línea de montaje, puesto que funcionan en el seno de sistemas de riqueza diferentes y viven en mundos diferentes. Si a esto le agregamos que muchos usan intensamente las redes sociales para interactuar e informarse, vemos que el problema de cómo deben hacer los dirigentes para comunicarse con distintos sectores de la sociedad es muy complejo. Pero también sabemos que la inflación, la inseguridad, la pobreza, la falta de oportunidades laborales, son temas que están en la agenda cotidiana de todos. Puesto que viven en el mismo país comparten problemas.


Entonces no es que la opinión pública vive en Internet desentendida de los temas cotidianos. Por el contrario en el micro, el tren, la casa, la oficina, discuten sobre la cosa pública. Qué otra cosa hacen sino cuando hablan sobre los aumentos de precios, se indignan ante hechos de corrupción, se preocupan cuando no llegan a fin de mes, discuten si el carnicero hizo bien o mal en matar al ladrón.


Está claro, entonces, que el problema no es que para llegar al ciudadano hay que hablarle de las flores que le gustan o del actor de moda porque la gente está fuera de los temas de preocupación cotidiana; el problema es que la gente no confía en los políticos. Están cansados de los ciclos de grandes expectativas y grandes desilusiones. El desafío para dirigentes y gobiernos es cómo hacer para que los ciudadanos les tengan confianza. Y esto requiere de hechos, no de simples mensajes o interacciones por Internet.

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