2021: Choque de alianzas y el papel de los esquiroles



Carlo Varela* @varelacarlo. Las alianzas no son la varita mágica para volver más competitivos a los partidos, la experiencia del 2018 mostró que su formación no se traduce inmediatamente en un incremento de votos, sino que pueden ser un fracaso. Para 2021 se visualizan dos grandes coaliciones: PAN-PRI-PRD y la de Morena-PT-PVEM, MC decidió participar de manera independiente y aprovechar el efecto colateral de las alianzas de que al reducir el espacio de candidatos se impulsa la salida de políticos a otros partidos para poder participar en las elecciones y esto a su vez dinamita las propias alianzas.

ANTECEDENTES

La formación de alianzas entre los partidos ha estado presente en el sistema político mexicano desde la década de los cincuenta cuando tres partidos políticos: el Nacionalista Mexicano (PNM), el Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) y el Popular Socialista (PPS) se unieron al Partido Revolucionario Institucional (PRI) para postular a Adolfo López Mateos a la presidencia de la República. Estos partidos continuaron apoyando al candidato oficial en las elecciones presidenciales hasta 1982. Para las elecciones de 1988 estos partidos satélites decidieron no apoyar al candidato oficial sino a una escisión de su partido: el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y se formó el Frente Democrático Nacional (FDN) que fue avalado por cuatro partidos: el Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN), PARM, PPS y Partido Mexicano Socialista (PMS). Sus resultados fueron muy buenos ya que tuvieron un fuerte incremento de votos comparado con sus anteriores participaciones (inclusive todavía se duda de si ganaron o no las elecciones). Este fue la primera alianza exitosa que mostró que la unión de los partidos para postular a un candidato los volvía más competitivos que actuando de manera individual.


La principal finalidad de formar una alianza no solo es juntar sus votos de manera aritmética (lo que de por sí ya vuelve más competitiva la elección) sino detonar un crecimiento. Los partidos políticos que participaron de manera individual tuvieron una magra participación en las elecciones federales de 1985, entre todos captaron 12% de la votación nacional efectiva, para 1988 al participar de manera coaligada lograron tener 29% de los votos, es decir, un crecimiento de 140% que es más que una suma aritmética de sus porcentajes de votación.

A principios de la década de los noventa, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) se alió con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y éste a su vez con el Partido del Trabajo (PT), pero no lograron mejorar su porcentaje de votación ni ofrecer una competencia real por lo que desistieron de seguir haciéndolo. El Partido Acción Nacional (PAN) y PRD se coaligaron en contra del PRI en varias elecciones para gobernador: San Luis Potosí

(1991), Tamaulipas (1992) Nayarit y Coahuila (1999), pero sólo tuvieron éxito en Nayarit, cuando postularon a un empresario que trabajó en la administración priista. El PRD bajo la presidencia de López Obrador se alió con partidos de izquierda y postuló a priistas que habían renunciado a su partido logrando victorias importantes en Tlaxcala y Zacatecas (1998) y Baja California Sur (1999).


Después de las elecciones presidenciales de 1994 dónde todos los partidos participaron de manera individual y hubo récord de candidatos con nueve, los partidos negociaron para las próximas las elecciones presidencia- les dos grandes alianzas: una de derecha formada por PAN y PVEM para postular a Vicente Fox y otra de izquierda formada por el PRD y cuatro partidos más con el Ingeniero Cárdenas como su candidato. Los resultados fueron un éxito para la coalición de derecha y un fracaso para los de la izquierda. A raíz de esta experiencia en las elecciones federales del 2003 el PRI comenzó a aliarse con otros partidos, especialmente el PVEM, el PAN decidió participar de manera individual y el PRD mantuvo alianzas con partidos de izquierda.


Inmediatamente después de la derrota del PRI en el 2000 todos los partidos de oposición se unieron en su contra y lograron ganarle dos entidades gobernadas por militantes del PRI: Yucatán y Chiapas, pero aún con el éxito alcanzado dejaron de realizarlas y el PAN buscó alianzas con Convergencia (ahora Movimiento Ciudadano) que fracasaron (Quinta- na Roo, Estado de México). Para las elecciones presidenciales de 2006 el PAN que participó de manera individual ganó a las alianzas opositoras: la de centro formada por PRI-PVEM y de izquierda formada por PRD-PT-MC. Un mes después de estas elecciones PAN y PRI se coaligaron por única ocasión en contra de la alianza del PRD en Chiapas y, aunque no triunfaron si tuvieron un avance significativo en su votación con respecto a los comicios anteriores. La polarización entre PAN y PRD después del 2006 los mantuvo alejados de postular un mismo candidato por varios años.


UN NUEVO COMIENZO

El PRI continuó con su política de alianzas y la fue incrementando no solo en más estados sino también con más partidos, dándole buenos resultados triunfaron en la mayoría de las entidades y recuperaron gubernaturas que habían perdido frente al PAN que siguió participando de manera individual: Nuevo León 2003, San Luis Potosí 2009, Querétaro 2009 y Aguascalientes 2010 lo que a los panistas a replantear la posibilidad de volver a formar alianzas con el PRD. Así regresaron a postular junto a un candidato en 2010 en algunas entidades y ganaron tres: Puebla, Oaxaca y Veracruz.


Del 2011 al 2015 el PRD regresó a formar alianzas con partidos de izquierda dejando a un lado al PAN, de 20 elecciones para gobernador que se realizaron en este periodo, solo en un estado participaron de manera conjunta: Baja California Norte (2013) y triunfaron. El PRD se unió a otros partidos de izquierda en diez entidades de las que ganó en cinco: Guerrero 2011, Tabasco, Morelos y DF en 2012 y Michoacán en 2015, el PAN ganó tres entidades: Guanajuato 2012. Baja California Sur y Querétaro en 2015 y ambos perdieron en once. El PRI venció en la mitad de las gubernaturas en disputa con sus aliados (PVEM y NA principalmente) y recuperó gobiernos que estaban en manos de la oposición: Michoacán 2011, Jalisco y Chiapas en 2012.


Para 2016 y 2017 nuevamente PAN y PRD enTablan negociaciones y de las trece entidades que renovaron cargos ejecutivos se aliaron en seis, ganando cuatro: Durango, Quintana Roo, Veracruz, Nayarit y solo perdieron en Oaxaca y Zacatecas. En los siete estados restantes que participaron de manera individual, el PAN ganó tres: Chihuahua, Tamaulipas y Puebla y el PRI solo ganó cuatro: Hidalgo, Tlaxcala, Estado de México y Coahuila lo que se consideró como un fracaso en sus alianzas al haberlas hecho en todos los estados, y haberlas incremento a cuatro o hasta cinco partidos.


PERO LLEGÓ EL 2018 Y MORENA

Morena participó de manera individual en la mayoría de las elecciones del 2015 al 2017 y a partir del 2018 participó de manera conjunta con PT y Partido Encuentro Social (PES) en las diez elecciones que se renovaron con un saldo positivo de siete triunfos: Chiapas, CDMX, Morelos, Tabasco, Veracruz y un año después en Baja California y Puebla; el PAN sólo ganó Guanajuato y Yucatán y Movimiento Ciudadano Jalisco que participo de manera individual. La alianza del PRI con PVEM y NA no logró ni un triunfo y al igual que en el resultado de las elecciones federales tuvo su peor desempeño de su historia.


ARGUMENTOS PARA FORMAR UNA ALIANZA

Las razones para formar alianzas son muy prácticas: tener una mejor estructura partidistas, cubrir la mayor cantidad de casillas, por lo general PAN y PRD no contaban con la suficiente cantidad de simpatizantes para cubrir todo el territorio de la elección, tener representantes en todos los espacios públicos de la organización de las elecciones, más recursos económicos y acceso a medios de comunicación, ocupar más espacio en la boleta al aparecer su nombre varias veces que es una diferencia fundamental entre una alianza y una candidatura común. El nombre de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 o López Obrador en el Distrito Federal en el 2000 aparecieron en las boletas cuatro y cinco veces respectivamente mientras que el del candidato retador: Carlos Salinas y Santiago Creel solo una vez y eso que Creel fue en alianza con el PVEM, pero precisamente por ir en alianza y no en candidatura común apareció una y no dos veces en la boleta.


El problema surge cuando dos partidos presentan una fuerza similar y reclaman el derecho a nombrar al candidato. Cuando el arreglo es a nivel nacional provoca el malestar de los simpatizantes de alguno de los partidos que sienten que son sacrificados por otro candidato o por otra entidad federativa.

Es difícil para PAN y PRD ir en coalición por- que son de ideologías y proyectos de gobierno diferentes tanto en temas de valores como en temas de gobierno que pueden llegar a confundir a los electores y no lograr un acuerdo de cuáles serían sus propuestas de gobierno. En general no es claro determinar porque unas alianzas logran tener éxito y porque otras no, cuáles deben ser las condiciones para poder tener una alianza exitosa:


A) Tener un candidato bien posicionado. Con buena imagen y que cuente con el apoyo de todos los partidos, en ocasiones militantes no están de acuerdo con que el candidato de otro partido encabece la alianza y comienzan a dinamitarla y hablar en contra del candidato dentro de la propia alianza.


B) No sea una imposición de las dirigencias nacionales. Sino que parta del consenso de los partidos locales. Es común que se formen acuerdos partidistas en la cúpula sin que tomen en cuenta la opinión de las bases locales. En ocasiones la postulación enfrenta a candidatos que hicieron su carrera política fuera de la entidad y compiten contra candidatos que siempre trabajaron dentro de ella lo que provoca un choque en los acuerdos nacionales versus locales.


C) No haya escisiones de candidatos bien posicionados. La formación de la alianza margina a candidatos que se sienten con derecho a participar y salen a abanderar a otras opciones. Fue común que con las internas que realizó el PRI a finales de la década de los noventa los precandidatos que no fueron nominados salieron del parti- do para abanderar a otras opciones: Ricardo Monreal, Alvares Lima (1998) y Leonel Cota Montaño (1999).


D) El gobernador tenga una mala evaluación de su gobierno. Ante la unión de diferentes ideologías ayuda que el gobernador esté mal evaluado y la población opte por un voto de castigo a su gobierno para minimizar las diferencias ideológicas de los partidos que la forman y centrarse en sacar al partido del gobierno.


E) Tamaño de los partidos que formen la alianza. Cuando dos partidos tienen fuerza similar es común que disputen el liderazgo y es más difícil convencer a sus simpatizantes de que apoyen a los precandidatos de otros partidos. A menos que el candidato no se identifique fuertemente con un partido o provenga de otro partido o sea ciudadano como sucedió en Nayarit en 1999 cuando un funcionario público que no era militante priista fue postulado por la alianza PAN-PRD que tenían una fuerza similar y sus precandidatos cedieron ante la postulación de un candidato ciudadano. Cuando existe una relación asimétrica de fuerzas no hay disputa entre cuál de los partidos debe encabezar la candidatura.


En las elecciones del 2018 se formaron tres grandes alianzas: la del PAN, PRD y MC; la del PRI-PVEM y NA y la de Morena, Partido del Trabajo PT y PES. Los resultados fueron: 25% de la votación para PRI-PVEM-NA; 29% para PAN- PRD y MC y 45% para la de Morena-PT-PES. Desagregados por partido político: PAN captó 19% de los votos, PRD 5% y MC 5%; PRI 17%, PVEM 5%, NA 3% y Morena 39%, PT 4% y PES 3% (ver gráfica 1). Salvo las elecciones del 91, el partido en el poder tiene una menor cantidad de voto en elecciones intermedias de lo que tuvo cuando llegó al poder y es mayor la fragmentación del número efectivo de partidos.


Gráfica 1

Para las elecciones más grandes en la historia de México donde se renovarán 3,493 cargos de elección, los partidos están negociando la formación de alianzas. Después del Tsunami de Morena en las elecciones federales del 2018 donde arrasó en los puestos de elección y modificó el sistema de partidos, PAN y PRI están buscando opciones para ser más competitivos y evitar ser nuevamente arrasados. Las encuestas han mostrado durante estos dos años que, aunque la ventaja de Morena se viene reduciendo todavía cuenta con el doble de las preferencias de los partidos tradicionales (gráfica 2). Además captan un porcentaje de votos muy similar al que obtuvieron en las pasadas elecciones federales, aunque los datos esconden diferencias regionales importantes que a diferencia de la alianza de Morena-PT-PVEM donde Morena es el partido mayoritario a nivel nacional, en la coalición del PAN-PRI-PRD tendrán que definir cuáles candidatos y de qué partidos son postulados en diferentes estados.


Gráfica 2

En las pasadas elecciones para gobernador PAN, PRI y PRD sumaron en promedio 78% del voto, Morena participó de manera independiente y mantuvo un porcentaje de votos de siete por ciento en promedio (Ver cuadro 1).


Cuadro 1

Los resultados del 2018 modificaron el sistema de partidos y fueron muy diferentes a los que los partidos tuvieron en los pasados comicios. La fortaleza de López Obrador como candidato y el desastre de las campañas del PAN y del PRI cambiaron la dirección del voto en la mayoría de los estados del país. En los 15 estados que renovaran cargo ejecutivo el próximo año, en 2018 Morena promedio 38% del voto y junto con PT y PES 47% de los sufragios, esta alianza ganó en once de las quince entidades. Mientras que el PAN promedió 18%, PRI 19% y PRD 5%. El PAN solo ganó en Querétaro y Nuevo León de manera individual y el PRI y el PRD no lograron ganar ningún estado por sí solos. Si sumamos el voto de estos tres partidos de manera hipotética hubieran alcanzado 42% de la votación ganado cuatro entidades: Chihuahua, Nuevo León, Querétaro y San Luis Potosí y en otras tres hubo prácticamente un empate: Campeche, Michoacán y Zacatecas (ver cuadro 2).


Cuadro 2

Morena está en negociaciones con PT, PVEM y PES en los estados que tiene registro local. Los datos muestran que participar aliados vuelve más competitivo al PAN, PRI y PRD que participando de manera individual. Sin embargo, todavía existen dudas de cómo reaccionarán sus simpatizantes. Durante ochenta años PAN y PRI se enfrentaron en elecciones llevando a que estos simpatizantes probable- mente estén acostumbrados a competir entre ellos más que a colaborar, solo en una participaron de manera conjunta Chiapas 2006 lo que puede llevar a la decepción a varios de sus simpatizantes en los estados que durante décadas se vieron mutuamente como el ene- migo a vencer.


El problema surge cuando dos partidos presentan una fuerza similar y reclaman el derecho a nombrar al candidato. Cuando el arreglo es a nivel nacional provoca el malestar de los simpatizantes de alguno de los partidos que sienten que son sacrificados por otro candidato o por otra entidad federativa. De estos quince estados hay por lo menos ocho donde la fuerza del PAN y del PRI es similar por lo que tendrán que negociar que en alguno estado se postule un candidato de un partido y en otro del otro partido lo que se verá como un acuerdo cupular en contra de las dirigencias locales, probablemente el partido que gobierne pueda influir en la decisión final.


Obviamente con la debacle de PAN, PRI y PRD en 2018 es difícil evaluar la fortaleza de cada partido, posiblemente lo mejor sería regresar a sus votaciones que tuvieron en los pasados comicios para gobernador donde PAN fue mayoritario en Baja California Norte y Sur, Chihuahua, Nayarit y Querétaro, el PRI en Campeche, Guerrero junto con PRD, Sina- loa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas; el PRD en Michoacán y en las tres restantes: Colima, Nuevo León, San Luis Potosí y existe práctica- mente un empate entre PAN y PRI.


No solo importa la tendencia electoral de los partidos sino cuál de ellos cuenta con el candidato mejor posicionado y cuente con el respaldo de todos los actores. Otro aspecto será la que las alianzas funcionan mejor si los gobernadores están mal evaluados, el problema ahora es que trece de los quince gobernadores provienen de ellos mismos: 4 del PAN, 8 del PRI, uno del PRD. Solo en Nuevo León gobierna un independiente y el de Baja California proviene de Morena. por lo que estos partidos tendrán que defender a sus gobernadores más que cuestionarlos.


LOS PARTIDOS MEDIANOS PODRÍAN DINAMITAR LAS ALIANZAS

Uno de los problemas de la formación de alianzas es que dejan de lado a otros precandidatos bien posicionados, si bien cuando un partido mayoritario se une a partidos pequeños el grande es el que decide quién encabezará la alianza y la lucha es interna al partido mayoritario, ahora deberán elegir precandidato en dos grandes partidos lo que aumenta el número de precandidatos en posibilidades de ser el abanderado y aumentará el número de decepcionados.

La historia muestra que una escisión puede dañar mucho a su partido que la competencia de candidatos provenientes de otros partidos como sucedió con el PRI en 1988 con Cuauhtémoc Cárdenas y 1998 y 99 con Monreal, Álvarez Lima y Leonel Cota y varios ejemplos más que Movimiento Ciudadano aprovechó en otras elecciones.

Desde 2015 Movimiento Ciudadano adoptó una política de convencer a precandidatos de otros partidos, especialmente panistas, para que fueran sus abanderados y le dio buenos resultados al captar casi 7% de la votación. Ahora MC decidió no participar en la alianza opositora, si regresamos a las votaciones de 2018 y MC se hubiera aliado a PAN-PRI-PRD, ellos hubieran hipotéticamente empatado al voto de la alianza de Morena. En elecciones tan cerradas sumar décimas de otros partidos podrían decidir el rumbo de la elección, pero Dante Delgado prefirió postular escisiones de otros partidos, está en pláticas con Ivonne Ortega en Yucatán, Eliseo Mendoza en Campeche y otros liderazgos regionales provenientes del PAN y del PRI para que sean sus candidatos. Un caso especial es Nuevo León donde al insistir en postular al senador Samuel García dinamitó la alianza con otros partidos que querían a Luis Donaldo Colosio como su candidato dado que estaba mejor posicionado que Samuel.


PT y PVEM siguen en la negociación con Morena, pero también están buscando candidatos que queden marginados y puedan otorgarles una importante cantidad de votos al participar de manera independiente. El PVEM en Nuevo León postuló a Clara Luz Flores y amenazo a Morena de no sumarse a la alianza si esta no era tomada en la encuesta por la candidatura, también quiere nombrar a Ricardo “el Pollo” Gallardo en San Luis Potosí y a Miguel Ángel Navarro en Nayarit a pesar de que Morena no los quiere como sus candidatos.


El PT está impulsando Ana Guevara en Sonora y a Renato Sales en Campeche por el momento. MC, PVEM y PT pueden dinamitar las alianzas de sus partidos si deciden postular a candidatos que en la mayoría de las ocasiones provienen de otros partidos. La historia muestra que una escisión puede dañar mucho a su partido que la competencia de candidatos provenientes de otros partidos como sucedió con el PRI en 1988 con Cuauhtémoc Cárdenas y 1998 y 99 con Monreal, Álvarez Lima y Leonel Cota y varios ejemplos más que Movimiento Ciudadano aprovechó en otras elecciones. La culpa no es de los partidos medianos que ofrecen un espacio a candidatos que buscan participar sino a la incapacidad de los partidos que forman la alianza que no logran convencer a todos los participantes en abanderar un proyecto más grande que sus propias intenciones. Ahora con la formación de solo dos alianzas entre los tres partidos más grandes la cantidad de precandidatos que se sienta marginados del proceso puede ser mayor y los partidos medianos estarán a la caza de otras opciones para mejorar sus porcentajes de votación. C&E

CARLO VARELA Maestro en Políticas Públicas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México, Licenciado en Ciencias Sociales por el ITAM, Diplomado en la Universidad de Michigan en estadística aplicada. Ha estudiado elecciones y opinión pública por más de 20 años. Elaboró para el Banco Nacional de México el CD electoral “Elecciones en México” que comprende una base de datos de elecciones federales desde 1900 y a nivel local desde 1970. Trabajó en la campaña de Felipe Calderón en el 2006 como Di- rector de Análisis Electoral. Ha escrito sobre elecciones desde mediados de los noventa para periódicos como Reforma. Ganador del Reed latino 2016, reconocido como Encuestador del Año.

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