Un algoritmo ficticio basta para influir en decisiones como a quién votar o con quién salir

Investigadoras de la universidad de Deusto demuestran que incluso las recomendaciones más rudimentarias pueden ser efectivas y advierten de los riesgos que entraña que las grandes tecnológicas hagan lo mismo con más recursos


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Textos de otros*. Pongamos que le proponen utilizar un algoritmo para determinar qué político se ajusta más a sus preferencias. Y, que acepta la prueba, claro. La herramienta le plantea entonces unas cuantas preguntas propias de un test de personalidad, le ofrece después un resultado en el que se ve razonablemente retratado, y le indica cuáles son los candidatos más apropiados en función de la información que ha recabado. ¿Seguiría su consejo? De acuerdo con los experimentos conducidos por Helena Matute y Ujué Agudo, investigadoras de la Universidad de Deusto, para el estudio que acaban de publicar, no solo aceptaríamos sus recomendaciones, sino que lo haríamos sin poner en cuestión la fiabilidad de ese sistema cuyos entresijos desconocemos y que, en este caso, ni siquiera existe.


Las preguntas eran de pega. La evaluación, una respuesta genérica para todos los participantes —que, por cierto, valoraron el sistema como “moderada o altamente preciso”— y los cálculos del algoritmo una asignación al azar. El objetivo de las investigadoras, que aplicaron una serie de variaciones de este experimento a la elección de candidatos políticos y contactos en una aplicación de citas, era comprobar si un algoritmo puede influir en las preferencias de la gente a través de persuasión explícita o encubierta.