De cómo el 2017 fue el laboratorio del 2018


Los resultados del pasado 4 de junio muestran un saldo mixto para los partidos. El PRI, fue el partido que tuvo el balance más negativo a pesar de retener dos1/ de las tres gubernaturas en juego ya que perdió la mitad de sus votos y de la población que gobernaba a nivel municipal. En votos absolutos, el PAN cayó al tercer lugar general por su pobre desempeño en el Estado de México, pero ganó una gubernatura, fue el partido que tuvo más voto en elecciones municipales y aumentó considerablemente el número de alcaldías y población gobernada a nivel municipal. El PRD se quedó en cuarto lugar, pero mantuvo su porcentaje de votos, lo que rompió la inercia en su caída y gracias a la alianza con el PAN aumentó considerablemente la población gobernada a nivel municipal. Morena fue el partido que más creció en votos, logró su primera capital, ganó los municipios petroleros de Veracruz y se quedó a la orilla de tener su primera gubernatura.


Principales

resultados


Los resultados de las elecciones (cuadro 1 Y 2), muestran hasta el momento, una apretada victoria para el PRI en Coahuila y Edomex por menos de tres puntos en promedio, pero perdió Nayarit por catorce puntos y Veracruz por once. El PRI mantuvo el primer lugar en general en las elecciones para gobernador, aunque comparado con el sexenio anterior disminuyó casi la mitad de sus votos, esto le hizo perder sus dos últimos bastiones donde mantenía porcentajes en promedio de 60%. Morena se coló al segundo puesto gracias a su exitosa participación en el Estado de México y tener una votación de dos dígitos en el resto de los estados. En datos agregados parece que Morena ha crecido más a costa del PRI que del PRD.


El PRD del que se esperaba una votación de un dígito mantuvo su porcentaje de votación lo que parece romper la inercia que presagiaba la desaparición de este partido. Destaca nuevamente al igual que el año pasado, la escasa participación de Movimiento Ciudadano que tuvo una exitosa asistencia en el 2015 y que después desapareció prácticamente de la arena electoral. El PAN mantuvo su nivel competitivo del 2016, logró ser el principal partido en dos entidades y casi gana uno más, fue el partido que más voto tuvo en elecciones municipales y ganó el mayor número de alcaldías en disputa. Sin embargo, el cuarto lugar alcanzado en el Estado de México lo arrojó al tercer lugar en la votación total, lo que para algunos ha sido un fracaso.


Fragmentación

del voto y mayor

competencia electoral


Se mantuvo la desagregación del voto especialmente en elecciones municipales, ya que todavía la competencia por cargos ejecutivos a nivel estatal conlleva la formación de alianzas de los partidos pequeños en torno a una figura principal (cuadro 3). Actualmente son cuatro los partidos que tienen un peso mayor al 10%, mientras que en las pasadas elecciones era de tres. Esta fragmentación del voto reduce el porcentaje de votación de los partidos ganadores y aumenta la competitividad electoral, mientras que, en 2011, el PRI ganó las elecciones en Coahuila y Estado de México con 63% del voto contra 27% de la oposición ahora lo hizo con 37% contra 34% y eso sin contar la alternancia de Nayarit. Muy probablemente en el 18, se mantenga la fragmentación de partidos en cuatro o cinco candidatos principales, donde el partido ganador lo haga con una tercera parte del voto y la diferencia entre primero y segundo sea reducida; por lo que la incertidumbre sobre quién será el partido que gane seguirá hasta el fin. Por partido individual, el PAN tuvo por si solo 32% de la votación en Nayarit y 25% en Veracruz, el PRI en Coahuila tuvo 34% y en el Estado de México 32%.




Alianzas se

incrementan


El PRI incrementó el número de partidos en sus alianzas de 2.5 partidos del 2016 a 3.3 en estas elecciones. Mantuvo al PVEM y PANAL e invitó al PES y partidos locales, probablemente la alianza del PRI con PVEM, PANAL y PES sea la que presente en el 2018. PAN y PRD siguen siendo la alianza más eficiente que logren estos partidos, ganaron en los dos estados donde las formaron y de haberlas formado en las otras dos, probablemente los resultados hubiesen sido muy diferentes. Morena sigue sin formar alianza y acaba de anunciar que seguirá así o con el PT que es un partido que lucha por su sobrevivencia. Movimiento Ciudadano se encuentra a la expectativa pero AMLO dijo que no quiere una alianza tampoco con ellos.


Laboratorio

rumbo al 2018


Las elecciones del 2017 sí fueron un laboratorio para las elecciones del 2018, tanto por las condiciones y la estructura de la competencia, especialmente en el Estado de México, como por las estrategias utilizadas por todos los partidos para conseguir el triunfo electoral. Según las encuestas que miden la carrera presidencial hasta marzo del 2017, al igual que en Edomex se muestra actualmente una fragmentación del voto en cuatro o cinco candidatos, competencia de dos punteros (PAN y Morena) y otros dos alejados de ellos PRI y PRD, así como un probable quinto participante que sea un candidato independiente. El PRI realizará una alianza para incrementar su caudal de votos, mientras que PAN y PRD, ante el rechazo de Morena de ir en alianza, negociarán la forma en la que participaran en el 18. La fragmentación del voto premia la formación de alianzas y castiga a los partidos que participan de manera individual, si Delfina Gómez hubiera competido junto con otros partidos de izquierda muy probablemente hubiera logrado la victoria. Al igual que en el Estado de México, las alianzas y llamados a las declinaciones será parte de las estrategias rumbo al 2018.


Estrategias

de campaña


En Coahuila el PAN centró su estrategia en denunciar la corrupción del gobernador y en el Estado de México Morena en la alternancia. Mientras que el PRI que en los dos casos como era el partido en el gobierno, se defendió de los ataques, quiso cambiar la agenda a discusión de propuestas, aunque también desarrollo una intensa campaña negativa contra los candidatos del PAN y Morena en esos dos estados respectivamente.


Aquí es fundamental la poca efectividad de la estrategia de López Obrador usada en el Estado de México, donde convocó de manera explícita a los simpatizantes perredistas a votar por la candidata de Morena. AMLO creía que bastaba con emplazar a los perredistas y denostar a su dirigencia nacional para convencerlos de votar por la candidata de su partido. Después de todo, son hermanos que comparten una ideología similar, sin embargo, para sorpresa de muchos, los datos agregados de las elecciones y su comparación con encuestas publicadas muestran que los simpatizantes del PRD no obedecieron el llamado de AMLO y a pesar de que su candidato estaba en un lejano tercer lugar decidieron mantener su preferencia electoral.


No es claro porque los perredistas no aplicaron el voto estratégico hacia el partido más cercano ideológicamente y que estaba en posibilidades de ganar la elección, pero de haberlo hecho sin duda hubiera dado la primera victoria a Morena.


Otro de los errores estratégicos de AMLO, al igual que en el 2006, fue su excesivo protagonismo, en estas elecciones opacó constantemente a su candidata sobre todo en los últimos quince días de la elección. La gira de AMLO en medios nacionales que llevó a pelearse con varios comunicadores permitió a los medios de comunicación dedicarle mayor tiempo de su cobertura a descalificarlo, además fue el principal orador en los cierres de campaña con una participación en promedio del 90% de AMLO por solo 10% de Delfina. Participó de manera activa en los spots electorales y escondió a la candidata frente a los medios de comunicación en la última etapa de la campaña; las noticias con tono negativo sobre el apoyo que expresó la embajadora de Venezuela a dirigentes morenistas y la denuncia de corrupción de una de sus operadores políticas fueron los principales errores que pagó caro el día de la elección.


El PRI por su parte, utilizó los programas sociales, una investigación del periódico Reforma anunció una cargada del gobierno federal meses antes de las campañas y que por ley no está prohibido, así como la movilización y la entrega de tarjetas a ciudadanos, salario rosa, fueron estrategias que le redituó una masiva participación el día de la jornada electoral en ciertas zonas del Estado de México. De los 169 mil votos por los que la alianza del PRI aventajó a Morena, 168 mil fueron capturados en las casillas donde hubo una participación mayor al 65% y que representan 13% del listado nominal. En el resto de las casillas la elección estuvo empatada entre estos dos candidatos.


PAN y PRD presentan un serio dilema que en parte fue explicado en estas elecciones, aliarse les puede llevar a obtener buenos resultados, participar de manera individual les reduce posibilidades triunfo. Durante la campaña de Edomex por primera vez en la historia de una elección hubo una propuesta de declinación de alguno de los dos candidatos en favor de otro; es histórica porque por lo general, las declinaciones son notoriamente asimétricas, es decir, candidatos con bajo porcentaje de votos declina a favor de un puntero: Muñoz Ledo por Fox en el la presidencial del 2000; Ebrard por AMLO para Jefe de Gobierno en el 2000, PAN y PANAL por el PRI para gobernador en Chiapas 2006; PRD por PAN en Campeche 2009 y PAN por PRD en Guerrero 2011 entre otras. Pero es la primera vez que partidos con una fuerza similar plantearon la posibilidad de declinar en plena campaña electoral, lo que hubiera dado resultados inciertos.



Voto estratégico

y voto escondido


Una de las principales explicaciones de porque fallaron las encuestas en 2016, donde las últimas encuestas daban en promedio una ventaja del PRI en cuatro estados: Chihuahua, Durango, Tamaulipas y Quintana Roo por nueve puntos y finalmente perdió por nueve puntos se debió al ocultamiento de las preferencias por parte de la población en entidades con malos gobiernos y posibilidades de alternancia. Nuevamente se estuvo a la expectativa de que las encuestas nuevamente volvieran a fallar ya que las condiciones de los dos estados como Coahuila y Estado de México eran similares a las del 2016: mala aprobación de los gobernadores, deseo de cambio y alternancia, fragmentación del voto etc. Sin embargo, los resultados hasta el momento muestran que en general las encuestas fueron más precisas que en otras elecciones lo que evidencia que no hubo un claro voto estratégico de los partidos de oposición hacia el candidato mejor posicionado ni un voto oculto en contra del partido en el poder.


Aunque en estas elecciones no hubo un claro voto estratégico de los partidos minoritarios hacia el partido opositor mejor posicionado en ninguna de las tres entidades en disputa, ni tampoco hubo un porcentaje de personas significativo que ocultó su preferencia electoral, las condiciones en las que se van a disputar la elección presidencial son similares a las de estos estados. Actualmente más de 80% de la población no aprueba el trabajo del presidente Peña Nieto y 75% de la población desea cambiar de partido en el poder, por lo que nuevamente estará latente hasta qué punto los partidos de oposición van a convencer a la población de votar por su segunda preferencia o haya un porcentaje de personas que no revele su preferencia electoral, después de todo una quinta parte de los electores define su voto hasta una semana antes de la jornada electoral.


Conclusiones


Las elecciones del 2017 dejaron muchas enseñanzas sobre lo que puede suceder en el 2018, un PRI dispuesto a utilizar los programas sociales y la entrega de tarjetas para promover su voto entre clientelismo y como en Coahuila podría llegar, si resulta válida la impugnación del PAN, a la utilización de mecanismos alternos que le permitan captar votos. El PRI sobrevivió a una de las elecciones más competidas que pusieron en peligro dos de sus principales bastiones del país, pero todavía tiene posibilidades de ganar la elección presidencial. La movilización del PRI en el Estado de México le permitió conseguir la victoria. Muy probablemente en el 2018 vuelva a utilizar su estructura y maquinaria para ganar algunos puntos porcentuales.


AMLO tiene graves problemas hacia el 2018, sin alianzas y sin el PRD será muy difícil alcanzar la presidencia, el que la izquierda participe por primera vez en más de 20 años, de forma dividida en una elección presidencial, hará que los puntos que tenga el PRD, cualesquiera que sean, les haga falta a Morena al final de la elección, como sucedió en el Estado de México. Por otro lado, si AMLO continúa menospreciando al PRD y pensando que basta su llamado para que sus simpatizantes voten por él también puede llevarse un gran chasco. Si AMLO hubiera hecho un mayor esfuerzo por atraer el voto perredista probablemente su candidato hubiera ganado la elección.


AMLO sigue siendo su principal enemigo, si continua empecinado en ser “La estrategia soy yo” podrá perder varios puntos rumbo a la elección presidencial, si toma malas decisiones estratégicas, pensando en que es suficiente para el electorado que su persona sea el tema central de su campaña o que pierda nuevamente los estribos y termine discutiendo con todos los periodistas con los que se entreviste.


PAN y PRD deberán decidir si se alían antes de la campaña ya que una declinación entre ellos en plena campaña electoral podría producir resultados inesperados. En el Estado de México se planteó pero no se encontró una estrategia ganadora por la incapacidad de asignar resultados que pudieran dar una mejor idea de cuál sería su resultado. C&E









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