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Sexo, fiestas y despilfarro: así serán los años locos que llegarán tras la pandemia



En pleno récord de contagios, cada vez más expertos aventuran cómo se comportará la sociedad cuando termine la crisis. La Historia demuestra que, tras los grandes traumas, suele venir una resaca de gasto económico y desenfreno hedonista. ¿Nos esperan unos nuevos 'felices años 20'?


Textos de otros.


Una bacanal de frivolité a lo Paris Hilton con estribillo de Raffaella Carrà. Cuesta creerlo, más aún cuando la vida cotidiana de todos se rige por lo contrario, con indicadores que provocan angustia y también confusión. Para saber cómo vamos y dónde nos encontramos necesitamos semáforos pandémicos, olas de contagios numeradas, fases de la campaña de vacunación y toques de queda.


No resulta extraño que, entre la esperanza de la inmunidad de rebaño, la fatiga provocada por una pandemia que no descansa y los coletazos de Filomena, todo el mundo se pregunte qué sucederá el día después, cuando el coronavirus deje de condicionar nuestras vidas.

«Como pasó en los locos años 20 del siglo pasado, la gente buscará inexorablemente la interacción social. Irá a clubes nocturnos, restaurantes, manifestaciones políticas, eventos deportivos, recitales... La religiosidad disminuirá, habrá una mayor tolerancia al riesgo y la gente gastará el dinero que no ha podido gastar. Puede venir un período de desenfreno sexual y de derroche económico».


Es la fiesta que vaticina Nicholas Christakis, prestigioso médico y profesor de Ciencias Sociales y Naturales en la Universidad de Yale. Elegido como una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time, es autor de Apollo's Arrow (La flecha de Apolo), un libro en el que analiza los efectos de la pandemia en la sociedad desde una perspectiva histórica. No es el único: son ya varios los expertos de distintas disciplinas que auguran una próxima época optimista, de reconstrucción económica, desarrollo científico y vigor cultural.

Christakis afirmó la semana pasada en una entrevista a la BBC que la postpandemia llegará en el año 2024, cuando haya concluido la campaña global de vacunación y las heridas sociales y económicas cicatricen.


«Entra dentro de la lógica humana pensar que el fin de una tragedia conduce al festejo», apunta Manuel Arias Maldonado, autor de Desde las ruinas del futuro. Teoría política de la pandemia (Ed. Taurus). «Que se produzca una reactivación de los flujos vitales, aunque para eso antes habrá que ver las condiciones socioeconómicas de cada país».


Si la llegada de una nueva década impía se cumple, estaríamos a las puertas de una era dorada de las empresas de tarjetas de crédito y los fabricantes de condones, de amnesia voluntaria y también de innovación tecnológica y humanística.


¿Se convertirá el reggaetón en el nuevo charlestón? ¿Un Gran Gatsby castizo revolucionará la noche pija madrileña? ¿El heredero de Hemingway será un escritor chino? ¿O quizás hay un nuevo Wittgenstein escribiendo un Tractatus que pondrá patas arriba la filosofía?



La Historia nos da pistas. Cuando toca fondo, la humanidad suele levantarse con una fuerza recobrada. La peste que arrasó la Edad Media desembocó en el Renacimiento; la Guerra de Secesión trajo los años dorados de Estados Unidos o, en España, el fin de la dictadura y de la crisis del petróleo despertó la Movida, antesala de una época de gran prosperidad. Entonces, ¿hoy la Historia nos anuncia, como dice Christakis, un período de desparrame?

«¿Libertinaje sexual? Esto es obvio. Después del diluvio, siempre sale el arcoiris. ¿Derroche económico? Seguro que aumenta el gasto, pero...» -matiza el ensayista Jorge Freire-, «a falta de un contexto de crecimiento económico, la comparación con los felices años 20 es ingenua».


Para Fernando Vidal, profesor de Sociología de Comillas ICADE, esta pospandemia va a hacer que la sociedad genere dos respuestas muy diferentes: «Habrá una mezcla de alivio y ebriedad. Los más hedonistas convivirán con una parte de la población que, más estremecida y con secuelas, se pregunte por las causas que nos llevaron a esta situación».

Parece que en la supuesta nueva era del jazz habrá también aguafiestas armados de conciencia. La sociedad se dividirá en dos castas pospandémicas: los reflexivos y los banales. Estos últimos serán aquellos que no querrán mirar atrás.


Los más hedonistas convivirán con una parte de la población más estremecida y con secuelas FERNANDO VIDAL, SOCIÓLOGO

En ese sentido, Vidal considera que el optimismo tras una crisis tiene que ir acompañado de una dosis de profundidad: «Celebrar será importante, como también lo será transformar». Una mirada que, por ejemplo, no se tuvo tras la Primera Guerra Mundial, pero sí en la Segunda. «En los años 20 parecía que el mundo se había olvidado de la carnicería que fue la guerra y de la pandemia de gripe del 18, mientras que, a partir de 1945, aunque nació el boom del consumo, también se reflexionó sobre la tragedia vivida, como sucedió con el Holocausto y el peligro de las armas nucleares».


Diversas encuestas apuntan que un porcentaje elevado de la población quiere cambiar aspectos de su vida en el futuro. No les basta con regresar al mundo preCovid. Esta nueva vida pretendida va desde mudarse de la vivienda donde residen hasta una apuesta definitiva por el teletrabajo. También se registra una mayor conciencia ecologista.


«Los grandes traumas provocan grandes cambios en el comportamiento de la gente», dice Vidal. «En Reino Unido, cuando pasó la crisis de las vacas locas, que fue para ellos como nuestro aceite de colza, creció muchísimo el número de veganos y de gente que cuestionó el consumo alimentario imperante. Imagínate lo que puede suceder con algo como esto que estamos viviendo».


Estas nuevas dinámicas podrían tener una gran influencia en todos los campos. En esta pandemia, si hay uno reforzado de forma indiscutible, es el de la ciencia. Sin ella sería imposible vivir unos nuevos locos años 20. La lucha contra el Covid ha iniciado una revolución médica protagonizada por las vacunas de ARN mensajero, la inteligencia artificial puede cumplir su mayoría de edad durante esta década y se han reactivado los programas espaciales. Sus expectativas son muy altas.


La cultura también podría revivir con una nueva Generación Perdida, su Duke Ellington y su Coco Chanel. Janan Ganesh, columnista del Financial Times, escribió hace un par de semanas que hay condicionantes para repetir en esta década una «Arcadia cultural» como la protagonizada hace un siglo. Una explosión que renovaría unas artes que, a su juicio, están estancadas desde comienzos del XXI.


La reflexión de Ganesh le parece muy interesante a Arias Maldonado, aunque no comparta su optimismo. «Entonces había un impulso de arremeter contra el arte tradicional, estaba la fuerza de la vanguardia», dice. «¿Eso se podría hacer ahora en unos tiempos en los que creemos que está todo inventado? Lo veo complicado, aunque quizás ese impulso sea dirigido hacia otras grandes causas, como podría ser la lucha contra el cambio climático».


Occidente tiene el problema de una población muy envejecida para emprender una revolución cultural MANUEL ARIAS MALDONADO

Hace 100 años era fácil localizar la erupción creativa, hoy es casi imposible. Antes el mundo giraba en torno a Occidente. París era la meca cultural, las mejores universidades estaban en Inglaterra y Alemania y EEUU contaba con los dólares y el vitalismo de una sociedad emprendedora para apoyarla.


«El problema de Occidente es que su población está muy envejecida», apunta Arias Maldonado. «Tiene una falta de vigor que puede ser un tapón para una posible revolución cultural, que quizás sí podría desarrollarse en Asia y Latinoamérica, que tienen sociedades mucho más jóvenes. Puede que a nosotros nos baste con sobrevivir a la pandemia».


De las ciencias y artes terrenales saltamos a la religión, punto de fricción sobre su futuro a corto plazo. Según la hipótesis Christakis el miedo al virus nos ha hecho refugiarnos en ella en los días más oscuros, si bien predice una próxima regresión de la fe. «El instinto religioso seguirá aflorando, aunque mude la piel», dice Jorge Freire, autor de Agitación: sobre el mal de la impaciencia (Ed. Páginas de Espuma). «El miedo a la muerte tiene una estrecha relación con la fe religiosa. El ser humano seguirá aferrándose a ella mientras sea mortal; cosa que, por otro lado, no tiene muchos visos de cambiar.».


Si atendemos a los augurios, la gran fiesta pospandémica tiene fecha, 2024, lista de invitados (banales y reflexivos) y, claro, la banda sonora de la Carrà. Queda por responder quién la va a pagar.


Recurramos otra vez a la Historia para buscar una brújula del porvenir. Marzo de 1814. Fin de la Guerra de Independencia. Una España arruinada expulsa a los restos del ejército napoleónico. Lo cuenta Freire: «Todos los pueblos catalanes, aragoneses y castellanos por los que pasó Fernando VII tras el tratado de Valençay, celebraron enormes fastos con ópera, carrozas y hasta obras de arquitectura efímera, como arcos de triunfo. Poco importa que el deseado saliese rana. Los españoles necesitamos pocas excusas para lanzarnos a los brazos de Baco. Sobre todo cuando la fiesta la paga el Ayuntamiento».


De ser así, la fiesta pospandémica la pagaremos todos, a escote.

Luego, como sucede siempre en cualquier sarao, alguien apagará las luces y la música. Cuando eso pase y nos volvamos a preguntar qué vamos a hacer mañana, habrá que recordar que cuando se terminó la fiesta del siglo pasado, en esos locos años 20 que hoy tanto experto rememora, llegaron el crack del 29, Adolf Hitler y la peor guerra conocida por la humanidad. Así que no nos confiemos.

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