BUENAS CAMPAÑAS… PÉSIMOS GOBIERNOS. CANDIDATOS ATENCIÓN



Uno de los grandes errores de los “estrategas” electorales es comenzar una campaña política sin visualizar al candidato como futuro gobernante; pocos previenen esto, pensando que lo importante es el “aquí” y el “ahora”, porque el resto será responsabilidad de otros. Craso error.

Los responsables de la logística e imagen de una campaña electoral centran su atención en las tácticas de convencimiento para que el votante crea en el contendiente, sin percibir que su “producto” sufrirá estrepitosas y dolorosas caídas al momento de gobernar… si es que obtiene el triunfo.

Lo que se percibe es que las campañas caminan en solitario, sin el acompañamiento de los “arquitectos” e “ingenieros” de los gobiernos, de aquellos que serán los responsables de construir, estructurar y diseñar la administración e imagen institucional del próximo gobernante. También de su Comunicación a futuro.


Los “estrategas” electorales arman y desarman su plan de trabajo, su agenda de campaña sin la orientación y guía de los constructores gubernamentales (ingeniería administrativa); de aquí que un proceso electoral se viva como una fantasía y una gestión gubernamental como un cuento de terror.

Especialistas en comunicación gubernamental como Mario Riorda, Carlos Fara, Rubén Sutelman, Kenneth Wheeler, Alain Lavigne, Giandoménico Majone o José Emilio Graglia, coinciden en que muchos gobernantes fracasan porque fueron construidos con mentiras, con demagogia, con falsas virtudes. Comienzan a comunicar algo que no son ni serán.

En las campañas políticas el ciudadano quizá pueda ser engañado durante tres meses con la retórica y el exótico vocabulario de los aspirantes a un cargo público (gobiernos, senadurías, diputaciones); lo cierto es que quien triunfa con engaños terminará pagando las consecuencias durante toda su gestión. Ejemplos abundan.

¿Qué pasa con aquellos candidatos que son lanzados al ruedo en una campaña política bajo una inicial y constante improvisación? Terminan diciendo lo que no quieren expresar y terminan haciendo lo que no quieren ejercer o aplicar.

Dejan de ser ellos mismos para convertirse en las “marionetas” de los estrategas electorales; engañan momentáneamente (lo que dure una campaña), pero se convierten en un fracaso permanente, en un dolor de cabeza para los gobernados.

La ciudadanía termina sufriendo costosas y surrealistas elecciones, llenas de apariencias y de mitos, para soportar a pésimos gobernantes durante tres o seis años. Es aquí donde fracasa la política, en toda la extensión de la palabra.


Los partidos políticos y grupos de poder no terminan de comprender que algo están haciendo mal para volver a apostar por pésimos candidatos, por volver a escoger a los “estrategas” electorales de siempre, ya vencidos, aburridos y agotados por sus obsoletas ideas (aunque cobran muy bien, por casi nada, por vender espejos de ilusiones).

En el caso particular de México, rumbo a las elecciones de 2018, los candidatos independientes o los propuestos por los partidos, deberán sentar al mismo tiempo y en el mismo cuarto de guerra a sus organizadores de campaña y a sus futuros arquitectos e ingenieros gubernamentales.

¿Ya tienen a unos y a otros? ¿Lo visualizaron meses atrás, cuando decidieron quién podría gobernar? De no haberlo hecho caerán en la espantosa improvisación de siempre, demasiado cara para los propios grupos de poder, para la ciudadanía y, principalmente, para la democracia de este país.

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