Campañas y Candidatos: Cómo aburrir al electorado


Por Las campañas políticas en México parecen no evolucionar en cuanto al posicionamiento de candidatos; la imagen que reflejan los aspirantes en sus actos de campañas está completamente rebasada. Ya no satisface.


Tanto en sus entrevistas televisivas como en los spots que difunden en Redes Sociales dejan mucho que desear, no complacen las necesidades de los Ciudadanos-Electores, que a final de cuentas son quienes “compran” el “producto”.


Pese a que en México hay excelentes asesores de imagen en el terreno del mercado electoral, la gente aún no termina de percibir, de manera contundente, un revolucionario concepto que provoque el “quiebre” de lo viejo, de lo anquilosado, de lo poco vendible.


Muchos de estos expertos en imagen siguen ofreciendo “Candidatos-Productos” chatarra que no terminan de convencer ni a sus propios seguidores; basta ver el reciente inicio de campañas en diversos estados del país para corroborar que la esencia y envoltura de los aspirantes está sobrevalorada, gastada.


¿En qué consiste este errado rol proselitista? En que no hay innovación, ni evolución ni imaginación para cautivar al electorado. Los seguimos aburriendo y hartando.


Pongamos como ejemplo ciertos ademanes y actitudes que ya no seducen y que, de inmediato, deben guardarse en el cajón de los recuerdos:


Tocarse el corazón


Cuántas veces no vemos que los candidatos –sobre todo los que no gozan de prestigio-, se llevan la palma de la mano al corazón y “lanzan su sentimiento” a los electores. Es una pésima forma de decir a la gente “los llevo en mi alma, en mi interior, en cada latido”, cuando los ciudadanos en edad de votar saben perfectamente que no es así.


Si algo nos dicen las más recientes encuestas es que la gente siente el alejamiento de sus representantes populares, el desinterés hacia sus tribulaciones, y que los coloca entre los personajes de poder más desprestigiados. Tentarse el corazón debe ser erradicado.


El autoabrazo


Los candidatos se siguen llevando los brazos a los hombros en señal de cobijo; es una burda forma de decir a los electores “están bajo mi protección y resguardo”, cuando los votantes no lo perciben ni lo sienten de esa manera.


El abrazo, así lo entienden muchos, es la forma más sincera y sencilla de expresar a la gente, al “próximo”, al semejante, que se puede contar con el respaldo total y sincero de uno mismo, sobre todo en tiempos de dificultad.


Lo rodeas, lo proteges, le ofreces tu cuerpo y tu hombro como soporte y atención. Los electores no sienten ese afecto de los políticos hacia ellos. Este ademán tiene que ser borrado del mapa de campaña.


La “V” de la Victoria


La victoria, desde tiempos legendarios, ha sido la máxima condecoración (incluso con laureles) para quienes han obtenido una difícil contienda con base en sus virtudes personales. Se la llevaban los héroes de las batallas, los más fuertes, los más virtuosos, los más competitivos.


En los tiempos modernos el electorado ya no lo ve así, debido a que las campañas están llenas de trucos, de vicios, de engaños y simulaciones, donde el candidato es el último en demostrar estas características (salvo excepciones, por supuesto).


Este ademán electoral debe quedar en el pasado. Está más que acabado. El ciudadano detecta falsas victorias principalmente porque no percibe credibilidad en los aspirantes, porque visualiza imágenes de candidatos auto derrotados (que no creen ni en ellos mismos). No hay victoria contundente, por lo tanto, el signum debe desaparecer.







El pulgar debilitado


Diversos candidatos, en su pretensión de resaltar fortaleza en sus ademanes, terminan expresando debilidad; en las entrevistas televisivas o imágenes difundidas muestran el pulgar colocado sobre el dedo índice al momento de mover el brazo, tratando de convencer; los especialistas indican que esa actitud es de flaqueza y desequilibrio.


Esa manifestación corporal no es sinónimo de racionalidad o intelectualidad, como algunos políticos pretenden hacer creer, sobre todo cuando se utiliza de manera pausada. Tiene que ser erradicado.


La verbalización pasiva


Alguien tiene que hacerle ver a quienes pretenden detentar el poder que no pueden asumir la actitud de “Largo” (el famoso mayordomo de Los Locos Adams), sobre todo en tiempos de campaña, y mucho menos en entrevistas televisivas.


Si el candidato quiere expresar lógica y argumentación, lo peor que puede hacer es asumir una falsa elocuencia o una verbalización pasiva.


Esta actitud, por lo general, se ve en candidatas que temen competir con adversarios masculinos, que no quieren ser rebasadas por la aparente fortaleza de los hombres, o bien, candidatas que quieren reflejar una aparente dulzura, pero terminan matando una necesaria e indispensable elocuencia ante el electorado. Esta actitud tiene que ser erradicada.






Algunas recomendaciones:


Si usted como estratega electoral y coordinador de campaña quiere seguir aburriendo a su electorado y ver perder las elecciones, no tiene más que decirle a su candidato o candidata que haga lo mismo de siempre.


Ahora bien, si quiere ser un auténtico rupturista e innovador y ganar espacios de poder, haga cosas diferentes, incluso hasta “locas”, “ridículas”, “bobas”, que capten la atención de los votantes que esperan -por lo menos-, escuchar discursos menos tediosos y ver personajes menos aburridos. C&E





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