“CUMBRE” BORRASCOSA. Turismo electoral donde nada hay que aprender

Por Martín Pocchetti @MpochArg

(Actualizada)




El mundo de la ¨compol¨ es limítrofe con el de la política propiamente dicha.

Es decir, hasta dónde llega la política está obligada a llegar también la ¨compol¨.

Sin embargo tal mote lleva una carga devaluatoria intrínseca.

La de la simplificación y banalización del mundo de la comunicación política.


Igual cualquier otro nombre más respetuoso y ligado literalmente con las ciencias de la comunicación le quedaría muy grande a los ¨populistas¨ de la ¨compol¨, a los que hoy nos referiremos.


Porque así como el populismo está de moda, parece que la ¨compol¨ también y surgen al mismo tiempo una retahila de cursos, cursillos y encuentros, congresos y cumbres que cubren con una agenda casi constante la lo largo del año que se viralizan por toda Latinoamérica y que están generando algunas distorsiones peligrosas.


Por ejemplo, nivelan hacia abajo el campo de formación para la actividad y todas sus industrias colaterales que agrupadas bien podrían denominarse como la ¨industria de la comunicación política¨.

Se hace creer a los asistentes de que estos encuentros tienen carácter formativo, algunas hasta otorgan una especie de diploma disfrazado de certificado de asistencia, o directamente anuncian sus encuentros como ¨diplomados¨.

Las entradas a estos ¨simposios¨ o ¨cumbres universales¨ no resultan baratas y el impresionante despliegue de difusión que tienen en las redes (con técnicas abiertamente orientadas la mercadeo puro y duro) hace que gente de otros países visite este tipo de eventos, generando paquetes de pasajes, alojamiento, hoteles, venta de entradas, libros etc. lo cuál termina llevándonos a un negocio espectacular al que no le importa la calidad sino la cantidad y que distorsiona el verdadero sentido que podría tener la verdadera oferta.


La oferta real consiste en escuchar a cientos de ¨consultores¨ de segunda y tercera línea en 2 ó 3 días, quienes además (según fuentes confiables) en muchos casos pagan a la organización para tener su espacio o para conseguir una hora y día en el programa que les resulte conveniente y les permita ofrecer sus servicios, confiando en que algún día alguien se equivoque y los contrate para hacer lo que acaban de explicar ya cómo se hace.


Con esto llegamos a un negocio descomunal, que genera docenas y más docenas de estos eventos en distintos tamaños y escalas, terminando de afectar la seriedad de todos y coronando así estos encuentros permanentes de ¨siempre los mismos¨, que han transformado el terreno de la ¨compol¨ hoy en día.


Se cuentan también por docenas las asociaciones que mayoritariamente en grupo organizan este tipo de eventos, los hay que se desarrollan en algún anfiteatro universitario, en general sin ningún reconocimiento académico. Sin embargo al alquilar el espacio de algún modo los avalan.


Al no haber formación universitaria seria a los niveles que debería y ante lo masivo de la demanda de una nueva militancia política, a través del truco de la ¨compol¨, las universidades, incapaces de detener la ola u ofrecer soluciones serias, se tornan cómplices de esta degradación de una práctica democrática clave como es la formación en la comunicación política.


No tendría nada de malo que en lugar de defraudar las ilusiones de estudiantes que quieren participar en campañas reales, les digan que lo que obtendrán es apenas motivacional, lo cual no es poco, escuchando a unos cuantos autotitulados consultores políticos que no tienen en su experiencia mas que mínimas participaciones parciales y accesorias en alguna campaña.


Y ningún generalista, nadie que mantenga una visión de conjunto coherente, cada área se analiza particionada y vuelta a particionar con el objeto de limitar la exposición sobre lo que significa integralmente una campaña por parte de estos supuestos cráneos de la tertulia.


Que en algunos casos igual podrían standupear, sino se tratase de gente seria, claro.


Entre tanto, estos autotitulados consultores dedican su tiempo libre a mantener un tremendo despliegue en las redes sociales.


Usando la misma técnica que los mandatarios populistas del planeta, se legitiman unos a otros alabándose mutuamente, saludándose efusivamente y felicitándose por la última conferencia que juntos han dado, pocos por la última campaña que han hecho, porque muchos no hacen campañas ni participan en ellas.


Por supuesto estos eventos siempre cuentan con un par de expositores de los denominados ¨anchors¨ o anclas que son los que deciden al cliente a pagar la suma requerida para escuchar a ese que sí sabe.



En general hoy en día quienes se atreven a estas altas cumbres o son socios de tremendo negocio o son estrellas que se apagan y necesitan brillo a bajo costo. Ellos al menos han jugado algún partido, e incluso algunos blasonan de haber ganado alguna vez, y tienen razón.


Lo que olvidan es que hasta un reloj roto da la hora exacta dos veces al día.


Además de escuchar a estos ¨consagrados¨ la oferta incluye a veces a otros doscientos cincuenta (si, las hay de 250) que no saben más que analizar casos ajenos, inventar soluciones fáciles o como ellos mismos llaman ¨dar tips para hacer campañas¨.


Son temibles citadores, hilan como pueden el aspecto de la ¨compol¨ en que se les ocurre que saben más, (ya dicho, bien particionado) con frases escritas por famosos actores políticos, siempre con firma pero con o sin foto.


Esto no tiene nada que ver con el aprendizaje, se llama fraude intelectual, académico y cultural y le está haciendo un daño incalculable a la actividad de la consultoría política tomada en serio.

Las redes sociales anuncian muchas más cumbres de las que los nepaleses pueden contar en su cadena montañosa con un desparpajo solo justificado debidamente por las pingues beneficios que reporta esta actividad tan lucrativa como engañosa.


Es cierto, existe una demanda social de participación muy alta combinada con una juventud sin demasiadas opciones y estos grupos económicos la explotan a toda máquina, pero al mismo tiempo es lamentable que estén jugando con las ilusiones y expectativas de muchos jóvenes entusiastas de las ciencias políticas, que bien formados podrían integrarse al mundo de los que los mercaderes de cumbres llaman ¨compol¨. C&E

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