Dos debates y un destino



Por Javi Sánchez. @javisanchezglez


Cómo actuaron e hicieron su estrategia los candidatos presidenciales en España

Las elecciones generales españolas han vivido un hecho insólito: dos debates electorales con apenas 24 horas de diferencia.


Un error estratégico en la campaña del Presidente Sánchez provocó que hubiera dos debates, en lugar de uno, como él quería.

Dos debates en apenas 24 horas es algo difícil de asumir para cualquier equipo de campaña. Esta extraña situación influyó en toda la campaña electoral española, bloqueando al menos 4 días de los 15 que legalmente la componen. El debate sobre el debate ocupó la agenda mediática durante demasiados días, sacando de la misma temas de mayor preocupación para la ciudadanía.


En este contexto, los aciertos y errores del primer día quedarán diluidos por tener un debate tan inmediatamente posterior. Todo vino marcado por un error en la estrategia del Presidente Sánchez, quien quería tener solo un debate en la cadena privada A3Media, y en el cual quería que estuviera el partido VOX (a pesar de no tener representación parlamentaria) y que fue cancelado legalmente por la Junta Electoral ante la reclamación de los partidos nacionalistas.


El primer debate fue el lunes 22 de abril en la televisión pública, y un día después, el 23, se desarrolló el de la televisión privada. El primero con un formato más tradicional y cerrado, y el segundo en un formato más moderno y abierto que generó más discusiones entre los candidatos. Ambos debates fueron con 4 contendientes: Pedro Sánchez, por el Partido Socialista, Pablo Casado, por el Partido Popular, Albert Rivera, por Ciudadanos, y Pablo Iglesias, por Unidas Podemos.


Según la mayoría de analistas, el primer debate lo ganó el candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, y el segundo Pablo Iglesias, candidato de Unidas Podemos.

Analizamos uno por uno el papel de cada uno en los dos debates y la estrategia que siguieron:


PEDRO SÁNCHEZ


Presidente de España en los últimos 9 meses tras la moción de censura que terminó con el mandato de Mariano Rajoy y el Partido Popular. Afrontaba la campaña como puntero en todas las encuestas y claro favorito a la victoria. Esto ha provocado que, tanto su campaña, como su intervención en los debates, los afrontara buscando el mínimo riesgo posible, de forma plana y anodina. Si hubiera habido solo un debate, como él quería (seguramente aconsejado por estratega de cabecera, Iván Redondo), habría logrado su objetivo. Pero quedó la sensación de que el segundo día se le hizo largo, muy largo. Cayó en una provocación absurda de Albert Rivera: cuando este le regaló una copia de su tesis doctoral, Sánchez le devolvió la jugada con un libro de Santiago Abascal, el líder de VOX. Este error de bajar al barro nunca puede hacerlo alguien que quiere dar imagen de Presidente. En ambas jornadas, por momentos, aburrió, leyendo datos de lo realizado por su gobierno. Cayó en un exceso y abuso del llamado recurso “Dog whistle”, intentando tapar las acusaciones de sus rivales directos con un “mentira” “mentira” buscando llegar al subconsciente de quien estaba al otro lado del televisor. También abusó sobremanera de una risa sarcástica que le hacía parecer soberbio. Se le hizo muy largo el trance de debatir y se notó que, al contrario que sus 3 contrincantes, no es un animal de debate televisivo. Tiene suerte de que los debates no muevan en exceso al electorado, pero posiblemente se dejó en estos dos días unos cuantos votos.



PABLO CASADO


De los cuatro era el novato en estas lides, pero se trata de alguien muy fogueado en tertulias televisivas. Apenas 9 meses como líder de su partido, y se enfrenta a una situación complicada, perdiendo votos más moderados que se le van a Ciudadanos, y votos más de derechas, que se le van a VOX. Según todas las encuestas, se enfrenta al peor resultado histórico de su partido. Su principal rival en los debates era Albert Rivera, con quien se juega gran parte de su electorado, y por supuesto el ausente VOX. En ese contexto, lo tenía muy difícil. El primer día fue el gran ausente: muy encorsetado en su guión, se vio desbordado por la fuerza con que salió el líder de Ciudadanos. Le costó mucho entrar en las discusiones de Rivera con Sánchez y claramente fue el gran perdedor, por su irrelevancia. Con esa presión, salió el segundo día a arriesgar, con un discurso mucho más duro, y posiblemente le funcionó bastante mejor. El uso de un lenguaje agresivo y directo, por momentos incluso faltando al respeto, pudo jugar en su contra con parte de su electorado, pero gustar a otros (a aquellos con los que se pelea con VOX). Ese es su gran problema: la disyuntiva de querer ser duro y al mismo tiempo presidenciable. Lo que gana por un lado, lo pierde por otro. Pagó su falta de experiencia, y apenas habrá ganado nada en estos debates. Con no perder mucho, debe darse por satisfecho.



ALBERT RIVERA


Llegó bajando en las encuestas y con necesidad de arriesgar. Demostró que, de todos los contendientes, es el más influenciado por el marketing, el coaching y la imagen. El primer día arriesgó, y posiblemente ganó. Frente a su irrelevancia en campaña, logró ser el que destacó y más se habló durante y después del debate. Supo ver que a gran parte del electorado no le iba a gustar, y le dio igual. Fue a por el indeciso y el que busca espectáculo. Quiso relevancia y la obtuvo. Decidió convertirse en carne de meme en ambos debates, sacando objetos de forma continua hasta rozar el absurdo: marcos de fotos del Presidente Sánchez con el Presidente de Cataluña, un pergamino con casos de corrupción del Partido Socialista, y la ya comentada tesis doctoral, aparte de infinitos gráficos. También fue dialécticamente agresivo, buscando la interrupción y el enfrentamiento continuo. Sigue sin solucionar su exceso de gestualidad y de pestañeos, lo que le hace parecer nervioso de más.


Arriesgó, y el primer día le sirvió, pero el segundo naufragó. Tenso durante todo el debate buscando llamar la atención y pasado de revoluciones. Decidir convertirse en carne de meme puede estar bien para ser famoso durante un rato, pero no para ser presidente.

Si sirvió su estrategia o no, lo veremos con el resultado electoral.



PABLO IGLESIAS


Sin duda la gran sorpresa para gran mayoría del electorado español. Llegó con poco que perder y mucho que ganar, y supo mantener un perfil de político responsable que le diferenció mucho, y para bien, de sus contricantes. Demostró ser el mejor formado (su currículum académico le avala, así como su experiencia televisiva) y tuvo la moderación que en otras ocasiones pudo faltarle. El primer día pasó algo más desapercibido, pero el segundo fue el unánime vencedor (atendiendo a expertos, encuestas y redes sociales). Se ciñó muy bien al relato de toda su campaña, bien construido junto a su nuevo asesor, el argentino Pablo Gentili, abrazándose a la Constitución el primer día y a la responsabilidad del gobernante con sentido de Estado en el segundo. En el debate de la televisión privada acertó en todo, desde su llegada (en un taxi), a su acompañante en plató (la única mujer), la vestimenta (muy correcta), y por supuesto en discurso. Aprovechó la pelea de sus contrincantes para erigirse en moderador, y supo establecerse bien como aliado (aunque crítico) con Pedro Sánchez, con el riesgo que ello conllevaba. Posiblemente el que más votos ganó durante los dos días, sobre todo de indecisos de izquierda que no tuvieran claro si ir a votar y a quién.


El resultado, lo sabremos el domingo 28 de abril cuando se cierren las urnas.

En cualquier caso, si alguien ha ganado es la democracia española. Nunca puede ser malo para un sistema político pasar dos días hablando de candidatos, debates y política. C&E

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