FUKUYAMA: “LA PANDEMIA PUEDE CASTIGAR A LOS LÍDERES POPULISTAS POR SU INEPTITUD”

Actualizado: may 6


Francis Fukuyama. Foto La Vanguardia

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Francis Fukuyama madruga para atendernos por Skype. Está confinado en su casa a las afueras de San Francisco, cerca de la universidad de Stanford donde enseña ciencia política. Hablamos del mundo que viene y es optimista. Ve la pandemia como una gran oportunidad. Es alentador. Su último libro ( Identidad , Deusto) anticipa la erosión de las democracias liberales a merced de las nuevas políticas identitarias. Ahora cree que el virus ha desnudado a los líderes populistas como Trump y Bolsonaro. Las respuestas de Fukuyama están editadas para ajustarlas al formato de esta entrevista.

Incentivo vírico
“La pandemia ha sacado a muchos países democráticos de la complacencia”

Parece que el coronavirus refuerza los autoritarismos

La pandemia ofrece a los líderes la posibilidad de acumular más poder ejecutivo. Esto es evidente en Hungría, Filipinas, en muchos países en vías de desarrollo. China lo ha utilizado como excusa para detener a líderes del movimiento democrático en Hong Kong. Me preocupa que se vayan a deteriorar las prácticas democráticas. Pero en realidad no creo que sea un fenómeno universal.

¿La pandemia tiene un lado bueno?

Creo que sí. Ha sacado a muchos países democráticos de la complacencia y ha expuesto la necesidad de más y mejor salud pública, de más inversiones en servicios sociales. Esto es evidente en Estados Unidos, el país rico que nunca ha tenido una sanidad universal robusta. Así que en esta crisis hay oportunidades y dificultades.

¿El virus frenará el declive de las democracias liberales?

Los líderes populistas tratan de sacar partido. Viktor Orbán en Hungría es el mejor ejemplo del dirigente que acapara poder ejecutivo. Está convirtiendo a Hungría en un estado pseudoautoritario. Asimismo, creo que hay una correlación muy fuerte entre liderazgo populista y mala gestión de la pandemia. Estados Unidos y Brasil, por ejemplo, tienen líderes populistas que no hacen caso de los expertos. Creen que la economía es más importante que la salud y han aplicado políticas desastrosas, muy perjudiciales para sus países. Creo, por tanto, que la pandemia puede castigar a los líderes populistas por su ineptitud para gestionarla.

Trump y bolsonaro
“Hay una correlación muy fuerte entre liderazgo populista y mala gestión del virus”

La pandemia puede ser una oportunidad para EE.UU

Creo que sí. Las elecciones de noviembre serán un referéndum sobre Donald Trump. Si sale reelegido será un desastre para los estadounidenses y también para un orden internacional más abierto. La pandemia es una oportunidad para que los demócratas ganen.

¿Cree usted que ganarán?

Hay indicios de que sí. Joe Biden ha conseguido mucho apoyo en las primarias. El virus, además, ha arrebatado a Trump su principal argumento para la reelección: la buena marcha de la economía. De paso, todo el mundo está viendo lo terrible que es gestionando la pandemia. Por tanto, creo que el virus ofrece una gran oportunidad a EE.UU. y el mundo en su conjunto.

Las redes sociales ayudaron a que Trump ganara en el 2016 y podrían volver a hacerlo ahora

El gran problema es la polarización de la sociedad. Hay mucha gente dispuesta a creerse el contenido que publican los trols rusos. Las redes sociales son conscientes de ello. Reconocen el papel negativo que tuvieron en las elecciones del 2016 y han eliminado contenido pernicioso. Twitter, por ejemplo, no ha permitido que Bolsonaro minimice la pandemia.

Sin el argumento de la economía, Trump ataca a China. Parece que es su mejor baza para no perder la reelección.

No lo hace sólo Trump. Muchos países culpan a China de no haber sido transparente en la gestión del virus, lo que ha dificultado la respuesta. Gran parte de la crítica es merecida. También es cierto que atacar a China es desviar la atención sobre sus propios errores y problemas en casa. Para salir adelante, sin embargo, debemos cooperar con China. Necesitamos saber cómo se gestó el virus y no lo sabremos si la atacamos constantemente.

La OMS parece que ha dado un trato de favor a China.

Sí, creo que ha sido demasiado condescendiente. No comprobaba la información que salía de China. Propagó parte de la desinformación de Pekín y esto debe corregirse. Necesitamos un sistema transparente para compartir la información de manera eficaz. La OMS es un organismo internacionalque no puede quedar a merced de la presión de sus socios más poderosos.

La pandemia ha puesto de relieve la debilidad de los organismos internacionales.

Antes de que la pandemia nos golpeara, ya vivíamos en un mundo en el que las instituciones internacionales se debilitaban. En toda Europa, por ejemplo, hay partidos populistas críticos de la UE y de sus propias elites. Nada más llegar a la presidencia Trump frenó el acuerdo Transpacífico, se retiró del acuerdo de París sobre el cambio climático, etcétera. Hay que tener en cuenta que estas instituciones internacionales no existen al margen de los Estados que las forman. Los países más grandes les retiran su apoyo.

¿El virus puede solucionar también este declive?

Yo espero que sí. Estados Unidos recuperará su posición al frente de muchas de estas instituciones si el año próximo tiene un liderazgo más internacionalista.

¿Puede el virus fortalecer también a la UE?

La pandemia ha reabierto la división entre el sur y el norte de Europa que ya vimos en la crisis del euro. Ha aflorado la misma resistencia a una solidaridad mancomu-nada. Si sumamos la presión adicional de los grupos populistas contra la UE como institución, tenemos un problema que los europeos deberán afrontar seriamente cuando pase la crisis.

Los estados nación se refuerzan con la pandemia. ¿Corremos el riesgo de que el nacionalpopulismo nos devuelva a los años treinta?

Sí, me preocupa que volvamos al nacionalismo que vimos en los años treinta. Pero creo que podemos contenerlo. De momento, no va a desbordar a Europa. Hay países que lo han hecho muy bien, que han mantenido la confianza en sus gobiernos y la solidaridad social. Alemania es un gran ejemplo. Los populistas se han desacreditado porque no han ofrecido una alternativa mejor para afrontar la pandemia. No creo por tanto que haya una repetición sin más de lo que sucedió en los años treinta, cuando cada país intentó aislarse de sus vecinos.

¿El virus impulsa un nuevo nacionalismo?

En cierto modo sí. Cuestiona la intensidad de las relaciones internacionales. Replantea las cadenas de suministro de la economía mundial, que han demostrado ser extremadamente frágiles. Y, por otra parte, creo que estos cambios son necesarios para fortalecer la resistencia de los países.

Por tanto, ¿vamos a un mundo más local?

No creo que debamos elegir entre un mundo más local o más global. Todos dependemos de la globalización para sobrevivir, pero creo que habrá más énfasis en la autosuficiencia. Aun así, muy pocos países pueden alimentarse solos y aún pudiendo sus ciudadanos esperan poder consumir los productos agrícolas que llegan con el comercio internacional. Bloquearlo sería muy corto de miras y la gente se dará cuenta cuando venza el pánico que causa el virus.

El virus ha expuesto la desigualdad. Mata más a los más pobres.

Sí, es dramático, y debería ser un estímulo para mejorar la protección social.

La desigualdad, sin embargo, viene de lejos.

No hay duda de que le neoliberalismo de los noventa ha erosionado las democracias sociales que desde el final de la Segunda Guerra Mundial habían igualado los ingresos de los ciudadanos. Pero esta tendencia puede revertirse. Se pueden subir los impuestos a los más ricos y aumentar el gasto social. El problema que anticipo es que muchos países se han endeudado demasiado por culpa de las medidas de emergencia que han tomado para frenar el coronavirus. No sé si el peso de esta deuda será sostenible o si impondrá una austeridad muy rígida a las futuras generaciones.

Estas futuras generaciones, ¿deberán reforzar su educación cívica para seguir creyendo en la democracia?

La educación cívica está bien pero no es suficiente. Una de las características de las redes sociales es la desinformación. Hay mucho material malo ahí fuera porque se ha eliminado a los editores y a los verificadores de datos. Esto nos lleva a la polarización. Está demostrado que reforzar la educación cívica y el conocimiento de cómo funcionan las redes no sirve de mucho para cambiar la opinión política de las personas que consumen noticias falsas. Estas personas ya tienen su opinión formada y sólo necesitan encontrar los datos que la sustenten, aunque sean falsos.No creo, por tanto, que más educación sea una solución a nuestros problemas.

¿Si la solución no está en la educación, entonces, dónde?

La solución está en la política. Has de ser capaz de ganar elecciones y derrotar a los populistas. Si no eres capaz de hacerlo, difícilmente podrás cambiar las cosas. Es un trabajo muy duro porque has de organizar y movilizar a la gente, pero no hay alternativa. Las democracias solucionan sus problemas en las urnas.

Textos de otros. Escrito por Xavier Mas de Xaxàs publicado originalmente en La Vanguardia.

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