Historia de una elección

Por Roy Campos


El país llevaba décadas de malos gobiernos a pesar de la alternancia, no sólo había crecido la pobreza que alcanzaba a más de la mitad de la población y generaba regiones olvidadas con desarrollos más parecidos al siglo XIX que al XXI; también la inseguridad estaba en niveles tan altos que los ciudadanos se veían obligados a armarse, defenderse entre ellos y evitar circular por carreteras o pasear por los bellos lugares del país.


Se pueden mencionar muchos problemas como el deterioro ecológico, la concentración del poder político y económico y muchos otros, pero hubo uno que potenció a todos los demás y que fue una creciente corrupción que no era nueva pero que cada vez se hizo más evidente, más impune, y que fue claramente identificada por la población como la culpable de todos sus problemas y de las malas condiciones de vida.


A partir de ese momento, la clase política (sin importar el partido), los empresarios, los medios de comunicación, el poder judicial, los policías y a veces hasta las fuerzas armadas e iglesia fueron colocadas en el mismo costal, todos eran parte del sistema y todas eran responsables en mayor o menos medida de la corrupción y problemas que cada ciudadano, que cada familia, que cada escuela, que cada pueblo, que cada migrante vivía, la historia estaba lista para ser contada: este país tenía muy claro el problema (corrupción-impunidad-mal gobierno), sabía cuál era el villano (el sistema completo) y soñaba con la solución (cambiarlos a todos, modificar radicalmente todo), les faltaba el héroe que los llamara a la acción, faltaba ese personaje de toda gesta heroica que encabezara un movimiento para llegar con él al final feliz que se visualizaba.