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Hit, en bastión del PRD



El Presidente Andrés Manuel López Obrador y el Gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo.

Morelia, Michoacán. Tres gobernadores ha dado el PRD a Michoacán, la tierra donde inició la conspiración para la Independencia de México; donde emergió el movimiento democrático de 1988, que derivó en la caída del régimen priísta 12 años después, y en la llegada de la izquierda al poder presidencial el año pasado.


Hace 30 años, de ése movimiento democrático surgiría un joven que se convirtió con el tiempo en ingeniero agrónomo, en presidente municipal de Zitácuaro, diputado federal dos veces, presidente de la Mesa Directiva en la Cámara Baja, senador de la República, y hoy gobernador, el único del PRD en el mapa político del país.


Silvano Aureoles es, además, el artífice de una revolución educativa que comienza a tomar fuerza a nivel nacional, y a la que ya no pudo eludir el propio presidente Andrés Manuel López Obrador, con quien tuvieron sendas diferencias políticas en el pasado, tras la renuncia de éste último al PRD para fundar Morena, la cuña que causó una profunda división en el perredismo.



Pero ambos saben que hoy el país y Michoacán, una entidad de 4.5 millones de habitantes y 113 municipios ubicado en el occidente de México, no resisten una embestida más de desencuentros y desgaste de sus gobernantes.


Bajo ese contexto se reencontraron este fin de semana, en el marco de una gira de dos días y tres bases -en términos beisboleros-: Zacapu, Uruapan y la capital Morelia, que trascendió por un histórico acuerdo, otro que se apunta Michoacán, y el cual sella el compromiso de federalizar el sistema educativo en esta entidad, como no se ha hecho desde el esquema firmado en 1992 por el Gobierno de la República y los Estados.


¡Hit, para el gobernador¡, dirían los expertos en el campo con forma de diamante. Robó carrera; alcanzó la tercera base.


“Con la decisión del presidente se avizoran buenos tiempos para Michoacán, empezando por el fin del conflicto magisterial”, celebró Aureoles, con el Estadio Morelos de testigo, en un evento ante miles de simpatizantes que competían en porras y hasta en abucheos, la clásica ya en los eventos del presidente mexicano.


La prensa local así describió el saldo:


“Hubo abrazos, no balazos. Jonrón, de un lado y del otro, en el reencuentro de Andrés Manuel López Obrador y Silvano Aureoles, en la gira de dos días que el presidente desahogó en el mayor bastión del PRD en el mapa.


“El perredista libró, por segunda vez en este año, las rechiflas, abucheos y bullas orquestadas por alas radicales de Morena en cada evento donde se para el presidente, ésta vez ahogadas entre porras y vitores del ¡Silvano!, ¡Silvano!, ¡Silvano!. Diría él tabasqueño: no le quitaron ni una pluma al gallo”.


Aureoles hizo la tarea. Se alzó ese fin de semana con el compromiso presidencial de, por fin, federalizar la nómina magisterial, y con ello desactivar una importante bandera histórica a la radical Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que ha secuestrado a la educación en la entidad con sus acciones de protesta un año sí, y el otro también.



El anuncio es oxígeno puro a las asfixiadas finanzas públicas estatales, donde el déficit de 5 mil 200 millones de pesos anuales, por el pago de salarios, prestaciones y bonos al magisterio, puso de rodillas a los gobiernos de las últimas tres décadas.


La organización Mexicanos Primero, estima en 200 los días perdidos de clases tan solo en los últimos seis años, por los paros de la CNTE en esta entidad. Es decir, consumieron casi un ciclo escolar completo.


El Banco de México le atribuye a este sector magisterial uno de los factores que descarrilaron la expectativa de crecimiento económico de este 2019 para el país, con su decisión de bloquear a inicios de año, durante 28 días, las vías del tren, sin que hubiese poder humano -por no decir presidencial- que se los impidiera.


Por eso la trascendencia del acuerdo que Aureoles y Obrador sellaron, acompañado de un discurso de conciliación y unidad de dos figuras de la izquierda mexicana, cuyos caminos se vuelven a cruzar hoy en la cúspide de sus respectivos poderes, estilos y visiones.


“Al menos a mí me tienen hasta el copete con los pleitos”, lanzó el presidente, frunciendo el ceño, desde el templete.

Y como si fuese maestro en salón de clases, comenzó a preguntar a la bulliciosa multitud “¿Nos vamos a estar peleando? ¡Necesitamos la unidad! vamos a unirnos. Vamos a hacer ese compromiso”.


Aureoles, de camisa blanca, arremangada, lo secundaba: “hoy, los colores y los partidos no deben ser lo más importante; hoy, lo que más importa, son las necesidades de las familias michoacanas”.

El perredista sabe, como nadie, los alcances de que el Gobierno de la República se haga cargo de los servicios educativos en el estado, como ya sucede en la Ciudad de México.


“Con ese anuncio está usted salvando el desarrollo de Michoacán, y dándole viabilidad a los anhelos y aspiraciones de nuestra gente”, concedió ante el presidente, por quien pidió un aplauso. Y el público reaccionó.


Hubo abrazos, no balazos. Ni Michoacán ni México merecen la confrontación, el encono o la polarización.


“No queremos un México de contrastes, no queremos mas divisiones y confrontaciones que nos lastima a todos (...). Estamos seguros que usted y su gobierno seguirán apoyando a Michoacán, porque Michoacán siempre ha estado con usted y usted quiere bien a Michoacán”, le dijo a Obrador.


Sin fintas ni outs, el presidente afirmó que no demorará para que Michoacán sea el primer estado donde se federalice la nómina de maestros.


“Muchas gracias al gobernador de Michoacán, por su apoyo, por su coordinación”, soltó, helando los ánimos de quienes querían verlos pelear.


“Así como ustedes me quieren a mí, yo los quiero a ustedes, y un poquito más, porque amor con amor se paga. ¡Qué viva el pueblo de Michoacán!”, cerró un mensaje que, por su sustancia, es histórico y un hit para Michoacán, para el bastión perredista por excelencia, historia y tradición. C&E


Yassin Radilla. Enviado.

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