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Huachicoleo en México, un análisis a través del dilema del prisionero

Por: ALEJANDRA CERECEDO

El pasado 27 de diciembre, Andrés Manuel López Obrador realizó su conferencia mañanera en donde presentó el plan para evitar el robo de hidrocarburos, también conocido como huachicoleo, actividad que tan solo en 2018 registró una pérdida del orden de 60 mil millones de pesos derivado del robo de 600 pipas diariamente.


El Plan Conjunto de Atención a Instalaciones Estratégicas de Pemex, mejor conocido como “Plan vs Huachicoleo” llevado a cabo en coordinación con 15 dependencias, permite el acceso a las fuerzas armadas para cuidar las instalaciones estratégicas e intervenir aquellas en donde se reporten más tomas clandestinas.


En México se consumen cerca de 190 millones de litros de gasolina todos los días, convirtiendo al país en el cuarto consumidor más grande del mundo, según cifras de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH).


A pesar de la estrategia de comunicación implementada por el Gobierno Federal para informar respecto del status sobre las sanciones a directivos de Pemex involucrados, el cierre de ductos y traslado de gasolinas en los diferentes estados en donde se presenta un retraso en la distribución, tal como señala Álvaro Rattinger para la revista Merca 2.0, “Un simple fenómeno en el comportamiento del consumidor explica el pánico en las gasolineras, nos enfrentamos ante una de las máximas del marketing que indica que percepción es realidad. Inevitablemente el consumidor demuestra que, a pesar de considerarse racional, se comporta de manera totalmente contraria.”



El comportamiento de la sociedad ante una posible situación de riesgo, se puede identificar con el dilema del prisionero, un problema fundamental de la teoría de juegos que muestra que dos personas pueden no cooperar incluso si ello va en contra del interés de ambas.


A diferencia del dilema de acción colectiva, en donde existe una relativa estabilidad organizativa, se buscan intereses y objetivos a partir de una línea de acción para solucionar un conflicto social, lograr el reconocimiento de un derecho o la implementación de una nueva política y la motivación para participar y contribuir al grupo implica además incentivos individuales y selectivos; en el dilema del prisionero, más allá de conseguir un objetivo, se busca evitar un riesgo ante una posible escasez percibida.


Para que la cooperación sea posible se recurre a dos tipos de explicaciones: las motivaciones de las acciones van más allá del propio interés o existe un sistema de sanciones.


En días pasados se implementaron medidas restrictivas en cuanto a la cantidad en litros de gasolina autorizada para cada consumidor, esto, con la finalidad de evitar las compras de pánico y respetar la logística de venta de cada estación de servicio. No obstante, como en la mayoría de los casos, siempre nos encontramos ante el criterio egoísta y el criterio del bien común; en este último, si todos cooperamos y consumimos de forma racional, la gasolina no se agota tan rápido y se cuenta con el tiempo suficiente para abastecer a la población.


Pero al mismo tiempo, cada consumidor tiene incentivos individuales para no cooperar y desear comprar tanta gasolina como pueda, lo cual produce un desabasto más generalizado.


El dilema del prisionero nos plantea un problema. Si los prisioneros A y B (que en este caso somos todos) no pueden hablar entre ellos; ¿Qué opción escogerá cada uno? Para que A y B escojan la mejor opción favorable para ellos, la coordinación debe de ser previa o los involucrados deberán conocerse muy bien entre ellos.


La impresionante cantidad de notas generadas por parte de los principales medios del país que en la mayoría de los casos siguen determinada línea política, aunado a la información o desinformación creada por los principales partidos opositores y por los sectores más afectados como el industrial o empresarial, ponen a prueba la capacidad de comunicación del gobierno.


La crítica persiste, principalmente enfocada a la estrategia o falta de la misma, “¿por qué no prepararon a la población previamente como sucedió con el desabasto de agua?” Se preguntan algunos en redes sociales. Tal como señala Abraham Mendieta, “porque el golpe debía ser dentro de PEMEX, la corrupción estaba en el corazón de la empresa nacional y para ello el factor sorpresa fue fundamental.”


La lucha contra el robo de combustible se está realizando de forma pacífica y con inteligencia financiera, incluso respaldada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyo dirigente señala que esta medida traerá repercusiones positivas a las finanzas públicas del país



Asimismo, se sigue contando con el respaldo más importante, el de la ciudadanía, que de acuerdo con la encuesta de Massive Caller, un 63.2% de la población aún no se considera afectada.


Álvaro Rattinger señala también, que “no es posible confiar en la racionalidad de los consumidores cuando existe percepción de riesgo, el consumidor es irracional pero también es flexible” y en mi opinión, muy solidario; tal como sucedió con la estrategia implementada en redes sociales por la sociedad civil, ante los sismos de 2017.


Algunas aplicaciones y empresas han sabido sumarse al entorno, como Google Maps y su actualización de gasolineras que sí cuentan con gasolina; Gas App que muestra gasolineras, precios y cuales ofrecen el costo por litro más bajo y Guía Pemex, que te ayuda a ubicar tu gasolinera más cercana.


En México se respira un ánimo de cooperación, diversas iniciativas circulan en redes sociales que invitan a utilizar otros medios de transporte en caso de ser posible, a dar preferencia a vehículos de emergencia, bomberos y protección civil, a conservar la calma y no realizar compras extraordinarias que solo fortalecen el mercado ilegal y esa, sin duda, es tarea de todos nosotros.


Coincido con Rattinger, en que, a pesar de todos los movimientos, iniciativas, acciones, conferencias de prensa y comunicados oficiales, “las cosas sólo se tranquilizarán una vez que haya gasolina suficiente, en las gasolineras pero también en la percepción del consumidor”, esta regularización y un excelente manejo de comunicación social a partir de estrategias claras y oportunas, serán necesarias para evitar caer en el dilema del prisionero.