JUAN ORLANDO, EL INDÓMITO


Texto de: Luis David Duque García


A pocas horas de terminar una década de trabajar con él, no podía dejar de escribir lo que vi y viví. Nadie me lo contó. Lo observe con mis propios ojos. Un indito de Río Grande, en Gracias Lempira, transformó la historia de su país. Sí, aunque muchos han querido vilipendiar su gestión como presidente, su accionar como líder político o su vida diaria como persona, Juan Orlando Hernández Alvarado, a semejanza del indómito cacique Lempira, se convirtió para mi gusto, en el político más importante de Centro América en los últimos años.

Recuerdo que lo conocí hace mas de una década, buscando asesoría para lograr ser el candidato oficial del Partido Nacional de Honduras en las elecciones internas del 2012. Y como casi siempre, logró su cometido. Se convirtió en presidente de Honduras por 8 años, amado por muchos y odiado por otros.


Tuvo como enemigos acérrimos a los delincuentes que tenían a Tegucigalpa y San Pedro Sula como las ciudades más violentas del mundo. Luchó de frente contra el narcotráfico, las maras y la delincuencia común, batalla que entrega ganándola de lejos. También tuvo enemigos en las altas clases sociales, por velar para que los pobres pudieran vivir mejor; se enfrentó a los grupos económicos desde sus inicios por los imposibles costos que estos ejercían a las clases menos favorecidos y por si fuera poco, canceló las prebendas a los de siempre para lograr el más ambicioso plan de programas sociales en la historia de Honduras y dárselas a quienes más las necesitaban. Y como nunca, trabajó para posicionar un país con mucho mayor desarrollo que cualquiera en la región, dejando aeropuertos y puertos en todo el territorio, carreteras de primer nivel que unen al norte con el sur y al oriente con el occidente y el canal seco que une al océano Pacifico y al Atlántico. Tres logros de gobierno que nadie los podrá borrar y nadie los discute: la seguridad, los programas sociales y la infraestructura.


Pero no se quedó allí, trabajó para lograr la confianza inversionista, los incentivos al turismo, las alianzas y cooperación internacional, el incremento de las exportaciones, lo que puso a Honduras como un atractivo a la inversión. La transformación educativa, la ampliación de la cobertura, el mejoramiento de la infraestructura, el apoyo a los docentes, el programa Becas Honduras 20/20, y la gestión de becas internacionales, se contrastan con los escasos días de clases que se daban cuando empezó su gobierno. La inversión agrícola, el apoyo permanente a las dinámicas del agro, el Plan Maestro de Agua, Bosque y Suelo, y las alianzas internacionales, convirtieron a los campesinos hondureños en exportadores y ad-portas de convertir al país en la despensa agrícola de la región. El incremento de las cifras del turismo, los incentivos para la llegada de nuevas aerolíneas y cruceros, el mejoramiento de la infraestructura turística, la promoción histórica y cultural, la creación de distritos turísticos, el reconocimiento de la marca país a nivel internacional, empezaron a cambiar la percepción que el mundo tenía sobre Honduras. Con las políticas de atracción de empresas internacionales, la revolución en el sector de emprendimiento, el Crédito Solidario, el Programa Honduras StartUp para el sector tecnológico, le dio la cara al problema más grande que tenía sus coterráneos, poder tener sustento para llevar comida a la mesa. Y aunque pareciera imposible, el Convenio con Transparencia Internacional, el Programa Siempre Transparencia, el acceso a la información a través del Programa Gobierno Digital y Abierto, la creación de Secretarías de Transparencia y Derechos Humanos, le permitieron la tranquilidad de saber que las cosas se estaban haciendo bien.



Honduras es otra


Desde el ámbito político, Juan Orlando también logró cosas impensables. Dejó a un lado sus posiciones ideológicas para lograr entendimiento geopolítico con sus vecinos socialistas y beneficiar al país. Y dentro de la política local logró lo que muchos creían imposible, permitir que la democracia fuera quien definiera el rumbo del país y no los complots políticos o las armas de los violentos. Hoy, a escasas horas de entregarle el poder a sus opositores políticos, muchos lo responsabilizan de la derrota de su partido, a diferencia de los demócratas quienes reconocemos que el señalamiento que se le hacía de “dictador” era solo una estrategia electorera de quienes querían llegar al poder. Y pareciera más bien que los dictadores son otros; aquellos que aun sin ostentarlo, ya quieren torcer el brazo de los otros poderes del Estado. Juan Orlando renovó los cuadros políticos de su partido, acción que muchos miembros de la “vieja guardia” solo entendían cuando hacían parte de la “joven brigada”. Los integrantes de su gabinete fueron en su mayoría jóvenes que, estoy seguro, dieron lo mejor de sí para el desarrollo del país. Juan Orlando le apostó también a la paridad de género dentro de la política y fue durante su gobierno que las mujeres pudieron tener igualdad en su representación por ley ante los procesos políticos del país. Además, contó con la fortuna de tener en las dos ciudades más importantes del país, un par de coequiperos del mejor nivel, a Tito en la capital, quien ha sido el mejor alcalde del Distrito Central en toda su historia y a Calidonio en San Pedro Sula, quien la volvió a poner en el primer nivel en el que estuvo en años anteriores. Juan Orlando fue un líder incluyente y transformador, sus acciones así lo demuestran.


Honduras es otra


Juan Orlando también tuvo errores, tal y como los tenemos todos los seres humanos; o el que este libre de pecado, que tire la primera piedra. Consciente o inconsciente, pero los tuvo. El presidente creyó en gente en quien no debía confiar; algunos de sus más cercanos colaboradores hicieron más por ellos, que por el gobierno y el país, e hicieron ver al presidente como autor o cómplice de sus malas acciones. Confió demasiado en los líderes que sentía cercanos de su partido, cuando realmente solo estaban esperando el momento de su salida para darle la espalda, como está ocurriendo hoy. Juan Orlando en sus ansias de seguir construyendo una vida mejor para los hondureños, buscó su reelección que, para mi análisis, fue el detonante para lo que ocurrió después del 26 de noviembre del 2017. Sin contar que por su formación castrense marcó posiciones férreas a las que muchos les incomodaron, en su paso por el poder de la República.



A pesar de esto, Honduras es otra


Yo me quedo con el Juan Orlando que hizo las cosas bien. Me quedo con el hombre de familia, el hombre temeroso de Dios y respetuoso de sus contradictores. Me quedo con el presidente que hizo lo que tenía que hacer. Me quedo con el líder que siempre enarboló la bandera solitaria sin pena alguna. Me quedo con el que trabajé en momentos difíciles y siempre sacó su casta catracha. Me quedo con el hombre que me presentó amigos para la vida, a su esposa y fiel compañera que muchas veces fue su voz crítica, a su hermana que fue su mano derecha e izquierda, quien se volvió mi mejor amiga en Honduras, a su mamá que siempre tenía una voz de aliento y un mensaje de Dios en las horas más complicadas. Me quedo con Juan Orlando, el que vi cambiar y transformar para siempre a Honduras. Gracias Juan Orlando por hacerme sentir orgullosamente catracho y cachureco.