Kuczynski: En boca cerrada…



Todo exceso de exposición genera desgaste, y a ese riesgo no escapa el presidente de la República, quien, por la naturaleza misma de su función, debe dar cuenta de la gestión de su gobierno a la opinión pública a través de la prensa y los medios de comunicación.

Pero en el Perú nos hemos mal acostumbrado a que el presidente tenga que comparecer a diario ante la prensa, muchas veces de manera muy improvisada y caótica, siguiendo el más puro estilo de la informalidad peruana, rasgo fundamental de nuestro comportamiento personal, social y político.

Esta es una muy mala práctica, que ocurre debido a la aparente necesidad de contacto popular crónico y ante los requerimientos de la prensa y la opinión pública. Lamentablemente, se ha llegado a un exceso patológico de exposición pública de la figura presidencial.

El desgaste natural de la sobreexposición mediática no solo afecta la imagen del mandatario, sino que puede hacer daño a la gobernabilidad misma. Más aun si el presidente es ligero de palabra y dice cosas que obligan a sus colaboradores más cercanos a “interpretar” lo que dijo o “quiso decir”, para contrarrestar el malestar y ruido político que suele producir el desmedido protagonismo presidencial.

En esta etapa inicial de su gobierno, hasta cierto punto se comprende que el presidente Pedro Pablo Kuczynski requiera ampliar su respaldo social para conducir el país con más comodidad, y que eso lo lleve a tener actitudes y conductas populistas en su exuberante presencia mediática. Kuczynski ha descubierto que gestos como tocar la flauta, bailar de una manera extraña en situaciones formales, hacer gimnasia en el patio de Palacio de Gobierno, o que su esposa no tenga protagonismo, le ayudan a mejorar su popularidad. También le ayuda la felicidad superlativa que muestra por el triunfo electoral y la investidura presidencial, comparable tal vez con las alegrías de la novia en el día de la boda o del niño con el juguete nuevo.

No habría que rasgarse las vestiduras, pero a la vez hay que decir que la función pública es otra cosa. El presidente debe plantearse y proponerse un manejo más profesional en su relación con la prensa y, por ende, con la opinión pública. Una relación que esté basada en algunos elementos clave, como reducir la frecuencia de sus declaraciones o entrevistas de prensa, que deben darse solo para tratar los importantes temas inherentes a su alto rango, y de manera ordenada y racional, dando fin a esos tumultos callejeros colmados de periodistas, camarógrafos y personal de seguridad con que los presidentes peruanos suelen hablar con la prensa. Así, el presidente tendría más capacidad de manejar una agenda que interese a su gobierno y al país y reduciría su presencia de agendas impuestas por otras motivaciones.

Esto tendría que ser complementado con la actuación eficiente de un vocero presidencial oficial, formal y sin perfil político, casi un lector de comunicados o mensajes de textos sobre temas que políticamente requieran del pronunciamiento público presidencial.

El otro complemento del presidente es el titular de la Presidencia del Consejo de Ministros, a quien le corresponde legalmente la función de vocería oficial del gobierno. No cabe duda de que Kuczynski tiene ahí un gran apoyo en el inteligente y carismático ministro Fernando Zavala, quien cumple muy bien esa función.

Presidente de la República, vocero presidencial y presidente del Consejo de Ministros, ahí tendría que estar la clave de actores que manejen una adecuada estrategia comunicacional para la gobernabilidad. A ellos se suman los ministros, congresistas y dirigentes partidarios, que tienen roles específicos en la comunicación política del gobierno.

Y así, el presidente Kuczynski se ahorraría las palabras polémicas y las “metidas de pata”, y haría que sus “intérpretes” se dediquen a trabajar en lo suyo y no a corregirle la plana. Para beneficio suyo y de la estabilidad política del país, dejaría de obsequiar argumentos a sus opositores, que en el Congreso son muchos y lo quieren poco.

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