Lógica electoral vs. acción gubernamental



Terminadas las campañas políticas llegó la hora de la verdad para los 3 mil 400 políticos que contendieron por un cargo de elección popular; presidentes municipales, diputados, senadores, gobernadores y el mismo presidente de la República tendrán que demostrar para qué fueron creados.

Las campañas tienen características muy específicas que distan mucho de lo que debe hacerse en un gobierno, es así que los que triunfaron en la contienda electoral no tienen ninguna garantía de ser útiles y eficaces para una administración pública.

Entre las promesas de una campaña política y la acción gubernamental puede haber una distancia tan abismal, que los políticos podrían quedar mal parados y con una dolorosa desacreditación, ante sus gobernados.

Aquí, por lo menos, presentaremos tres características vitales, pero diametralmente opuestas, entre lo que representa la lógica electoral y la acción gubernamental, que se deberá tomar en cuenta para ejercer un excelente gobierno:


La visión que prevalece a lo largo de una campaña política, que podría durar de tres a seis meses en sus diferentes fases (precampaña, intercampaña, campaña) es, indiscutiblemente, cortoplacista; los intereses están pensados y alineados para convencer al electorado lo más pronto posible.

En un gobierno, por lo contrario, las estrategias se estructuran de manera diferente, se piensan progresivamente para generar beneficios en tiempos más espaciados (largoplacistas), programas que serán finalmente evaluados y quizá hasta aplaudidos al final del sexenio.


En las campañas políticas prevalece el individualismo, la exaltación de la persona, de un solo candidato; el producto o la marca es el personaje que compite. Nadie más. Todo se centra en el aspirante, en sus ideas, en sus emociones, en sus virtudes. Si fracasa el individuo, fracasa todo.

En un gobierno, por lo contrario, el poderío se centra en un equipo de trabajo, en un Gabinete, en un grupo de personalidades que gozan de atributos distintos, por las diversas carteras que ocuparán en la administración pública; por supuesto que es de vital importancia el actor clave (v.gr. el Presidente), pero si este ente resulta un mal administrador, aún podría salvarlo todo si sus compañeros de viaje (funcionarios públicos) gozan de cabal imagen, de prestigio.


Mientras en una campaña política todo el equipo electoral busca confrontar a sus oponentes, denostarlos, acabarlos mediáticamente, en un gobierno democrático y participativo lo que se pretende es aliarse con sus oponentes para salvar la administración. En el ejercicio comicial todo es marcar distancia con los contrarios, en tanto que en el ejercicio del poder público lo que se busca es agrupar, conciliar, consensuar.

Si en esta lógica administrativa los gobernantes buscan discutir e imponer sus propuestas a los demás (opositores, ciudadanos), mediante actos intolerantes y hasta dictatoriales, difícilmente logrará la unidad o unificación de los intereses nacionales y, al final de su gestión, con toda seguridad saldrá vapuleado.


Con estos planteamientos queremos dejar en claro que los nuevos gobernantes tendrán que cambiar su “chip” electoral por uno gubernamental; que sus promesas de campaña tendrán que aplicarse de la mejor manera, para seguir teniendo el reconocimiento de sus seguidores (ya no electores, sino gobernados).

Tendrán el tiempo suficiente (de aquí a septiembre-octubre para los gobernadores y legisladores y de aquí a diciembre, para el Presidente) para reflexionar lo que ofreció de manera contundente como candidatos: ¿Ya en el poder serán útiles y ejercibles esos proyectos? ¿Ya viéndolos con frialdad, podrían ser un fracaso?

Todavía hay tiempo para corregir, de la manera más humilde, todos los errores, que aunque fueron promesas de campaña, ya en el gobierno podrían resultar un auténtico fiasco.

Si se quiere administrar bien este país será indispensable que los nuevos mandatarios terminen, de una vez por todas, con la lógica electoral para dar paso a la actividad gubernamental. He aquí la clave del éxito. C&E


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