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La confianza y credibilidad del Congreso Mexicano. Un reto de comunicación pendiente


Por Javier Esquivel

@JavoEsquivel


· Senadores y diputados tienen un índice de aprobación de 48 y 46 por ciento respectivamente; ambas evaluaciones reprobatorias en una escala de 100 puntos mientras que el Congreso es débil en credibilidad comparado con otros poderes de la Unión.



A lo largo de los años el Congreso mexicano integrado por sus cámaras legislativas de Diputados y Senadores se ha situado como uno de los Poderes de la Unión con más desgaste en su imagen pública; De acuerdo con las encuestas más recientes es uno de los tres Poderes de la Unión, que tiene con menos credibilidad y confianza ciudadana.


Mucho se pensaba que el desgaste de la percepción y opinión pública del Congreso y de sus integrantes tenía relación con el partido político que estuviera gobernando. Se llegó a plantear que si el Congreso y sus integrantes eran mayoría del partido gobernante la trasferencia de valores intangibles (cercanía, cumplimiento, confianza, credibilidad) era inevitable.


Es decir, si el presidente y su partido eran popularmente aceptables y con buena probación el legislativo corría la misma suerte.


Sin embargo, en las últimas dos décadas hemos visto que no es así. Han pasado legislaturas con mayorías absolutas y calificadas del PRI, Congresos divididos en gobiernos del PAN, mayorías de Morena y la aprobación se ha mantenido en niveles reprobatorios al igual que la desconfianza a la figura de las y los legisladores.


Asimismo, se llegó a suponer que un Poder Legislativo con mayoría de oposición al presidente de la República pudiera ser percibido como más cercano y confiable a los intereses de sus representados, sin embargo, los índices de medición de cada uno de los 500 legisladores de la Cámara Baja y 128 del Senado estuvieron también por debajo de esas expectativas.


Hagamos un breve repaso histórico para identificar las posibles causas:


El poder del presidente sobre el Congreso con mayoría de su partido


Durante los últimos años del siglo pasado ambas Cámaras legislativas eran dominadas por la mayoría de un solo partido: el PRI. Lo cual implicaba que las funciones exclusivas del Congreso mexicano que pudieran darle elementos para mejorar su percepción pública como la fiscalización, la rendición de cuentas, aprobación del presupuesto fueran bien percibidas y con visibilidad pública sin embargo no fue así. El peso político presidencia dominó en la escena pública o no fue interés darle visibilidad propia al Congreso.


Únicamente el Congreso cobraba notoriedad mínima en temas como la organización y recepción de los informes presidenciales de forma presencial o en los cambios de gobierno para la toma de protesta del nuevo presidente.


Ante este escenario de control presidencial sobre el congreso la función legislativa de generación, modificación, aprobación o derogación de leyes era considerada como una función más dentro del proceso legislativo.



La percepción pública que se tenía sobre las generación y modificación de leyes del país era que el gran legislador durante todos esos años fue el Poder Ejecutivo.


El peso y poder de la oposición legislativa era minúsculo en comparación de la maquinaria del Estado mexicano y su capacidad propagandística. Pocos son los episodios recordados en los que los legisladores diferentes al partido de gobierno del PRI lograron visibilidad y recordabilidad a nivel nacional con excepción de los escándalos y shows mediáticos montados como las máscaras de cochinos, tomas de tribuna o golpes y ataques físicos de los legisladores.


Todos estos escenarios colocaban al Congreso de la Unión como una oficina más del Ejecutivo con poca autonomía y por consecuente con una deficiente opinión pública.


Los canales de comunicación del Congreso con sus audiencias regionales, estatales nacionales e internacionales eran escasos a pesar de que los presupuestos anuales de sus áreas de comunicación social eran sustanciales. La estrategia de comunicación parecía que estaba centrada más en las relaciones públicas con los medios y asumir un tibio control de daños más que configurar y posicionar un Congreso fuerte e independiente del poder presidencial.


Presidente con Congreso dividido sin mayoría de su partido y el peso de los gobernadores.


Fue a partir de 1997 cuando luego de unas elecciones intermedias por primera vez en la historia legislativa se rompe en una de las Cámaras la mayoría legislativa del PRI y surge una primera alianza parlamentaria que toma visibilidad pública.


Durante la legislatura se dan hechos memorables como la primera respuesta de un miembro de la oposición a un informe presidencial acompañado de una narrativa de autonomía y una exigencia de rendición de cuentas de un Poder a otro.


La aprobación y revisión del presupuesto de la federación se convirtió en un hecho de notoriedad pública que atrajo incluso la presencia mayúscula de corresponsales extranjeros e interés internacional en el Congreso mexicano. Sin embargo, la confianza legislativa no modificó sus parámetros de años anteriores debido al contraste y diferencias públicas de ambas cámaras.


La confrontación entre Poderes y entre ambas Cámaras era percibida como un obstáculo para el avance y ejecución de políticas públicas y una sobrepolarización legislativa. Se llegó a caer en excesos como el negarle por primera vez la salida del país al presidente a una gira internacional en su carácter de representante del Estado mexicano.


La mayoría opositora de la Cámara de Diputados -a pesar de dirigir los órganos de gobierno legislativo- no era suficientemente influyente en la esfera pública para pelear espacios de opinión pública con la Presidencia de la República que era ocupada por primera vez en 70 años por un político no priísta.


Los constantes desacuerdos legislativos y la debilidad e ineficacia de la comunicación institucional y de cada uno de los 500 diputados y 128 senadores no generaron la confianza requerida y esperada por las mexicanas y mexicanos. Su aprobación no superó la calificación reprobatoria de la opinión pública.


Varios analistas documentaron en su momento que el peso e influencia de los gobernadores de oposición (PRI) al partido del presidente (PAN) sobre los legisladores de sus estados fue pieza clave para generar esa polarización y deteriorada imagen del Congreso.


Pocos fueron los legisladores que en lo individual tuvieron aceptables niveles de conocimiento, reconocimiento y aceptación en sus distritos, en sus circunscripciones y en sus estados en razón a que tuvieron acceso a los medios de comunicación nacionales o capitalizaron los errores mediáticos de los gobernadores y del presidente.


En la actualidad hay más golpes mediáticos que efectividad legislativa


Después de más de 70 años de un solo partido gobernante, doce de uno de derecha y tres con un gobierno de izquierda se esperaba que las Cámaras legislativas tuvieran un peso más trascendental en su posicionamiento público nacional e internacional, sin embargo, la falta de acuerdos generados por la polarización de las elecciones generales o intermedias subsecuentes generan más golpes mediáticos desde el Congreso que confianza ciudadana.



Si bien es cierto que los eventos mediáticos como los desafueros han dado notoriedad pública a las sedes legislativas no han modificaron su percepción pública en razón de tres factores sustanciales:



1.- La falta de una estrategia eficaz de comunicación nacional e internacional para difundir las acciones del Congreso a favor de la población mexicana y generar confianza a los inversionistas y tomadores de decisiones en política internacional. Hoy en día el Congreso ha dejado de ser un actor en el diseño de la política exterior.


2.- Notable polarización de la oposición legislativa del Congreso ante la presencia de Ejecutivo sobre el legislativo. La narrativa opositora es débil, carente de rumbo incluso más radical que cuando el PRI era mayoría en los años 90’s.


La falta de consistencia y unificación de relatos que conecten con la ciudadanía fue la constante. Al final de la legislatura y por cuestiones de agenda electoral, se comenzó a mostrar unificación de mensaje. Los dos años iniciales hubo más agendas políticas que acuerdos institucionales de la ahora nueva alianza legislativa. Esta falta de contundencia opositora permitió que un alto porcentaje de los ciudadanos pro morena (50 por ciento de los electores 2018) culparán al Congreso de no permitir el avance de la Cuarta Transformación.


3.- Una débil capacidad de reacción legislativa ante las crisis de imagen del Congreso. Hoy en día siguen vigentes y son evidentes las debilidades de transparencia y rendición de cuentas del presupuesto asignado al legislativo y a las fracciones parlamentarias.


Los amplios presupuestos autootorgados sin transparencia son pieza clave para ser descalificados como pesos y contrapesos éticos ante los otros dos Poderes.




El costo beneficio del Congreso mexicano no ha tenido narrativa pública comparativa favorable para ninguno de los 628 legisladores ni para la opinión pública. El número de integrantes del legislativo y el gasto que implica no ha podido ser explicado tampoco hoy en día.


Desde hace una década el Congreso mexicano y hasta el inicio de una nueva legislatura se ha situado en la opinión pública como uno de los poderes e instituciones más conflictivos, poco transparentes y caros por su obesa estructura administrativa y legislativa.


En la actualidad y de acuerdo con la encuesta de México Elige los senadores tienen una aprobación de 48 por ciento y los y las diputados federales de 46 por ciento ambas reprobatorias en una escala de 100 puntos.


Otros problemas de estrategia, efectividad y alcance de la comunicación institucional


· Dificultad en la selección y profesionalización de sus áreas responsables de la comunicación legislativa. Las y los titulares de dichas áreas son designados por criterios políticos por parte de los presidentes de las mesas directivas. Por lo que su rotación impide la construcción de una estrategia y una política de comunicación por legislatura.


· Estructuralmente el legislativo carece de áreas administrativas robustas para hacer llegar el mensaje legislativo a todas las entidades de la República. El trabajo y posicionamiento de cada uno de los integrantes solo tiene repercusión en la Ciudad de México a pesar de que el 87 por ciento son representantes del resto de las entidades federativas.


· Un profundo desaprovechamiento de los canales de difusión como el Canal de televisión del Congreso, redes sociales y los tiempos oficiales para conectar y comunicar con la gente y no para hacer propaganda parlamentaria.


· Existe una falta de coordinación y planeación de la información entre los órganos de difusión de cada fracción parlamentaria representada en el Congreso con las oficinas centrales de sus propios partidos a nivel nacional.



· Profunda debilidad de cada uno de las y los legisladores para comunicar sus tres funciones claves: 1) Escalar a nivel nacional los problemas de sus comunidades para ser resueltos y gestionados por los poderes de la unión, 2) legislar en conjunto a favor del bien mayoritario de la población a la que representan y, 3) ser factor determinante en la transparencia y rendición de cuentas.


Actualmente los legisladores han tratado de subsanar esta deficiencia con informes anuales de gestión, sin que haya fechas o formatos concretos para ello. Estos actos han sido más para la promoción personal ante la clase política que para la rendición de cuentas a sus electores.


· Falta de indicadores uniformes para someter a evaluación la labor legislativa. Muchos buscan evaluar por el número de iniciativas presentadas, otros por las aprobadas o por el número de asistencias o inasistencias, o simplemente por el sentido de su voto. Mientras no haya un resultado tangible en las comunidades que representan todas las numerarías significan poco o nada para el elector. Cuando son de representación proporcional (plurinominales) responden más al partido que la sociedad. Hoy en día por absurdo que parezca un alto número de la población desconoce qué hace un legislador, quién es su representante y qué beneficios le ha redituado votar por su represente.


Reelección Legislativa y su relación con la aprobación y confianza ciudadana.


Reelección legislativa en México ha destacado por la falta de criterios claros de partidos para la selección de diputadas y diputados que podrían ser reelectos.


Si bien es cierto que este mecanismo pudiera ser un incentivo para las y los legisladores por generar cercanía, valor y representatividad sustantiva con sus electores, ha sido utilizada como herramienta de premio castigo partidista.


Diversas organizaciones han hecho público su interés en señalar que existe gran opacidad de los partidos para generar criterios claros que permitirán validar la eficiencia legislativa de quienes buscaban ser postulados nuevamente por sus partidos.



Expectativa para la nueva legislatura.


Luego de una elección intermedia donde el partido gobernante Morena requerirá el apoyo de sus aliados para lograr mayorías, la expectativa está fincada en los pesos y contra pesos que pueda efectuar la oposición conformada por el PRI, PAN y PRD.


Será una legislatura donde una tercera parte de sus integrantes fueron reelectos, una legislatura donde la mitad de sus integrantes son mujeres, una legislatura donde todos los coordinadores parlamentarios son hombres, una legislatura que buscará una agenda parlamentaria común de oposición en un proceso de sucesión presidencial.


La próxima legislatura también será una en la que participe una excandidata presidencial, exgobernadores, un presidente de partido por la vía plurinominal, y cientos de personajes elegidos por la misma vía de representación proporcional que han repetido en numerosas ocasiones y que representan la esencia tradicional o familiar de sus partidos que la gente ha deplorado y rechazado.