Lía Limón. Alcaldesa de Álvaro Obregón


Guiada por la máxima de su padre:en el servicio público la más elevada contraprestación consiste en la posibilidad de alcanzar la honorabilidad”, Lía Limón ha asumido diversos cargos de la administración pública, desde donde ha impulsado acciones afirmativas como la paridad de género. Tras sus periodos como diputada local y después federal, ahora es la alcaldesa de una de las alcaldías más vibrantes y dinámicas de la Ciudad de México: la Álvaro Obregón, ubicándose como una de las líderes de oposición de la capital mexicana y férrea defensora de los derechos de las mujeres. En Campaigns & Elections describe sus motivaciones y aquellas áreas de oportunidad que está dispuesta a enfrentar, a través del ejercicio del poder, para el empoderamiento femenino.



¿En qué momento descubriste que tu camino era la incidencia pública?

El servicio público me gustó desde que tengo uso de razón. Desde muy pequeña lo vi en mi padre, cuya vocación de servir es admirable. Entendí que el servicio público es para cambiar vidas y siempre supe que a eso me quería dedicar. De hecho, a partir de ahí decidí estudiar derecho y hacer una maestría, siempre enfocada en lo público. El ejemplo de mi padre fue fundamental para darme cuenta que lo más valioso de ser funcionario público es cambiar vidas. En el servicio público te enfrentas a muchos retos y desafíos, pero cuando logras que una madre de familia tenga dónde dejar a su hijo para ir a trabajar, que un policía actúe respetando los derechos humanos, que se apruebe una ley que beneficia a un sector vulnerable de la población, sacar a una mujer de un círculo de violencia familiar, y en general atender las demandas ciudadanas como mejores servicios, mejores espacios públicos y más seguridad, te das cuenta que puedes hacer la diferencia y eso es alentador. Siempre me apasionó el servicio público y tengo la fortaleza para enfrentar la adversidad. El apoyo ciudadano en la pasada elección me permitió regresar a hacer lo que más me gusta, la mejor manera de agradecerles es con trabajo. Estoy convencida, como dice mi padre, que en el servicio público la más elevada contraprestación consiste en la posibilidad de alcanzar la honorabilidad.


¿Cómo fueron tus inicios en la política?

Primero viendo a mi padre dedicar su vida a ello. A los 23 años trabajé por primera vez en la Secretaría de Gobernación. Después de una maestría en el extranjero, regresé a ser directora de Vinculación con la Sociedad en la Secretaría de la Función Pública y de ahí he recorrido varias áreas de la Administración Pública y también en el poder legislativo, como diputada local y federal. En todos los cargos que he tenido he aprendido mucho, sin embargo, crear el programa de Estancias Infantiles fue un parteaguas en mi vida. Fue un programa que verdaderamente cambió la vida de las mujeres y las empoderó. Recuerdo muchas historias de madres que tenían que dejar encerrados a sus hijos o amarrados para que ellas pudieran salir a trabajar. Pero además, un programa que cambió la vida de muchas niñas y niños porque la atención en la primera infancia es fundamental para su desarrollo: las y los niños estaban en un ambiente seguro, con una alimentación balanceada y recibiendo la atención que necesitan en sus primeros años de vida. Nunca he sentido mayor satisfacción que al escuchar a una mujer decirme: “Gracias, este programa me cambió la vida”. Por eso vamos a reabrir las estancias infantiles en Álvaro Obregón.


¿Quién es tu inspiración?


Mi padres sin duda. Mi madre, por su fuerza, resiliencia, amor de madre, solidaridad y capacidad de trabajo y de ser siempre incondicional. Nunca la he visto rendirse. Mi padre, por su ejemplo, sabiduría, disciplina, perseverancia, rectitud, agudeza, entrega y dedicación por el servicio público con la convicción de mejorar la vida de los demás y de contribuir a construir un mejor país. Ambos me inspiran todos los días al acompañarme en mi camino de vida.


¿Qué tan difícil es para una mujer estar en política? Cuéntanos una anécdota al respecto positiva o negativa.

Siempre lo digo: yo ocupo el espacio que ahora tengo gracias a muchas mujeres que me antecedieron y dieron muchas batallas para abrir puertas. A nosotros nos toca hacer lo propio por las que vienen y avanzar con nuestra lucha y acciones diarias por la agenda de género. Juntas podemos más, nos cuidamos mejor, y el espacio que ocupa la otra nos hace crecer, ser realmente solidarias. Ver hoy una mayor participación de las mujeres en la vida pública me emociona muchísimo. Más aún porque desde la subsecretaría de derechos humanos de la Secretaría de Gobernación tuve la oportunidad de poner mi granito de arena para impulsar, junto con quien presidía el Inmujeres, la reforma constitucional que obligó a la paridad en congresos locales, federal y ayuntamientos. Impulsamos también la creación de Centros de Justicia y la línea 01800-háblalo para atender a mujeres víctimas de violencia. Esas acciones las tejimos de la mano entre mujeres, con algunos hombres solidarios que nos apoyaron. Esta lucha nos obliga a tener una agenda de género y defenderla desde distintas trincheras, a voltear a ver a muchas mujeres que sufren violencia, discriminación y darles una mejor vida y sobre todo a aprender a ser solidarias entre nosotras.


¿Sufriste alguna vez discriminación profesional por tu género?

Si, todas hemos pasado por ahí, pero me quedo con la resiliencia que uno va desarrollando a partir de esas experiencias.



¿Es más difícil hacer equipo con los hombres o con las mujeres?

En toda actividad es indispensable saber hacer equipo. Es la base del trabajo que se requiere para enfrentar cualquier obstáculo y alcanzar metas. Creo y fomento los equipos plurales porque estoy convencida de que nos complementamos.


¿En qué momento te has sentido apoyada por el género opuesto?

Todos mis jefes han sido hombres, todos me han apoyado y han contribuido a mi formación. Por su puesto, mi padre es un pilar en mi vida y su consejo constante un apoyo fundamental.


¿Por qué es importante tener más mujeres en el poder?

Es importante que haya más mujeres participando en todos los ámbitos, no sólo en posiciones políticas de poder. Debe haber más mujeres en la ciencia y la tecnología, en consejos de administración, en las direcciones de empresas, en organismos no gubernamentales, en las artes, en los deportes, en fin en toda actividad. Yo aspiro a una sociedad igualitaria y si somos poco más de la mitad de la población, debiéramos tener esa representación en las diversas actividades, pero además, la diversidad e inclusión siempre enriquece el quehacer humano.


¿Hoy con la cuota de género hay la misma cantidad de mujeres y hombres en puestos públicos, crees que esto se ha visto reflejado en un mayor bienestar para la mujer de a pie?

La mayor participación de las mujeres en distintos ámbitos, en particular en la vida pública, ha permitido visibilizar la agenda de género. Sin embargo, no es suficiente que haya más mujeres en los cargos públicos si quienes los ocupamos no hacemos nuestra dicha agenda. Es decir, de nada sirve tener una fiscal mujer si no hace nada por atender y hacer justicia ante los feminicidios, violaciones, abusos y casos de violencia. De nada sirve tener una jefa de gobierno si en lugar de hacer suya esta lucha le inicia carpetas de investigación a las activistas que exigen un alto a la violencia de género. Estamos obligadas a ser empáticas y desde cualquier trinchera, defender los derechos de las mujeres que por años fueron invisibles e impulsar políticas públicas que les beneficien. Aún falta mucho camino por recorrer y para ello nuestra batalla sigue siendo fundamental.


¿Cómo observas la desigualdad de género en México, en relación con América Latina y el mundo?

Ha habido avances importantes en México, en América Latina y en todo el mundo, pero hay demasiado camino aún por recorrer. Por ejemplo, durante la pandemia, el efecto de la pérdida de empleos afectó mucho más a las mujeres que a los hombres. Y ya ni hablemos de las tareas de cuidado y educación de familiares e hijos, que recayó prácticamente en su totalidad en ellas. El crecimiento de la informalidad en la economía se observó más en mujeres que hombres. Estos son algunos aspectos que ilustran la desigualdad en México y América Latina.



¿Dónde o en qué tema ves más rezago en el país para las mujeres?

En muchas áreas hay rezagos, empezando por la brecha salarial y la inequidad en el acceso al trabajo, que genera condiciones de feminización de la pobreza. Pero lo que más me preocupa, es el rezago en materia educativa en los estratos más desprotegidos de la población, pareciera que a mayor precariedad, como es el caso de las mujeres indígenas, mayor discriminación y esto es una condena a no poder salir de la pobreza; a mantener vigente aquello de que origen es destino. Si observamos los derechos de cuarta generación, veremos con gran claridad que el rezago se ubica mayormente en la población femenina: temas como el equilibrio entre cuidado del hogar e inserción laboral; crianza de los hijos; deserción escolar; encubrir la violencia contra las mujeres en usos y costumbres. Son tan sólo algunos ejemplos de estos rezagos.


¿Qué necesitan lograr las mujeres?

Tener acceso a las mismas oportunidades que los hombres. Para ello, para lograr una sociedad, un mundo igualitario, tenemos que empezar por tener acceso a políticas públicas de equidad pues sólo con ello se logra la igualdad. Como sociedad necesitamos impulsar políticas y prácticas que permitan, por ejemplo, distribuir la carga del trabajo doméstico y la crianza de los hijos, porque ese tema nos obliga a tener jornadas más intensas que los hombres. En México las mujeres asumimos estas tareas tres a uno en correlación a los hombres. Además de que persisten las desigualdades salariales y la inequidad en el ascenso laboral entre hombres y mujeres con las mismas capacidades y preparación. El acoso y hostigamiento en las diversas corporaciones sin que exista sanción alguna sigue siendo una práctica cotidiana. Urgen protocolos y mecanismos para eliminar estas prácticas e impedir que se sigan normalizando.


¿Pueden las mujeres hacer equipo con el hombre en la política? ¿Cuéntame cómo lo has vivido?

No sólo podemos, debemos hacer equipo. Lo importante es trabajar como pares y complementarnos. Los mejores equipos son aquellos donde hay diversidad e inclusión. Esto no es una batalla de unos contra otros, es una lucha por construir entre hombres y mujeres una mejor sociedad.


¿Estamos listos para tener nuestra primera presidenta de México?

Por supuesto que sí, siempre que ésta tenga independencia, capacidad de decisión y su prioridad sean los ciudadanos y no la voluntad de alguien más.


¿Qué características debe tener esa mujer?

Las mismas que se le pediría a cualquier hombre, no debe haber diferencias. Debe ser capaz, honesta, conocedora de la realidad del país, con eficacia probada, independencia de pensamiento y decisión, incluyente y con capacidad de conciliar y construir y no de confrontar, porque la polarización no ayuda a ver por el bien común.


¿Cómo imaginas el México por el que luchas cada día?

Como un solo México, un país democrático y de instituciones, donde se respete el Estado de Derecho, las libertades y se luche por combatir la desigualdad, pero no desde la polarización sino desde la conciliación. Un México donde el combate a la corrupción no sea sólo un discurso, donde la impartición de justicia no sea selectiva, donde la pobreza se combata generando oportunidades y desarrollando capacidades. Un México que despliegue todo su potencial protegiendo al medio ambiente y se consolide como una de las 20 economías más sólidas del planeta.


Concretamente, ¿Cómo y cuánto incide tu trabajo en el cambio para la mujer mexicana?

No me toca a mí responder eso, serán las mujeres quienes hagan un balance de mi administración, pero sí puedo decir que somos un Gobierno comprometido con ellas y que comparto su causa desde lo más profundo de mi ser. Tenemos programas dirigidos a atender los problemas y necesidades de las mujeres, ahí están por mencionar sólo algunos, la Casa Aliada y la Línea Aliada para atender a mujeres violentadas, la tarjeta Aliada para el apoyo a madres jefas de familia, el Programa Tu Aliada para capacitar y empoderar a la mujer y, por supuesto, la recuperación de las Estancias Infantiles que permiten a las madres trabajadoras ir a trabajar mientras sus hijos están bien cuidados. Es más fácil andar el camino cuando tienes claro tu propósito de vida y en este camino yo soy, y seré siempre desde cualquier trinchera, una aliada de las mujeres.


#100MujeresdePoder