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Los clásicos tópicos de toda campaña electoral



Todo aquel que haya estado en varias campañas electorales recordará determinados tópicos que se repiten una y otra vez. Frases que van a encontrar en candidatos y equipos de campaña como auténticos clásicos. Valga este espacio para hacer un pequeño resumen, tirando de ironía, y que espero que no hiera susceptibilidades:


Si vas ganando, es que te están hinchando intencionadamente para que te lo creas y se desmovilicen los tuyos. Si vas perdiendo, es que lo hacen aposta para desmoralizar a los tuyos. Las casas encuestadoras, en época electoral, son el perfecto chivo expiatorio: ellas tienen la culpa de todo. Si alguien está satisfecho con alguna encuesta, mala señal. Por experiencia, la mejor encuesta suele ser aquella que no satisface a nadie. Suele haber una variante para aquellos con presupuesto para sus propias encuestas: además de mentir, son muy caras. Y entonces, tocará explicar que más caro sale siempre no tener buenas encuestas. La pelea de toda campaña es convencer a los equipos de campaña de la importancia de tener encuestas propias, cuanto antes mejor. Y cuanto más, mejor. Y que sean de encuestadores serios y de confianza. Pero ese es un tema que daría para otro artículo


“Por la calle todo el mundo me dice que nos van a votar”. Siempre hay alguien, incluso el propio candidato, que hace este comentario en toda campaña electoral. Esto es debido a dos motivos:

1.- nadie se acerca nunca a un candidato a decirle que no le va a votar. La gente no es tan cruel.

y 2.- Citando al Dr. House: la gente siempre miente. Y en política, aún más. Las percepciones subjetivas, son solo eso: percepciones y subjetivas.


Siempre hay algún primo, o algún cuñado, o algún “asesor” de confianza que es “experto” en redes sociales. Y se pasa toda la campaña enseñándole al candidato los memes o videos que se hacen contra él. Y “nadie nos defiende”. Despertando la indignación generalizada. En ese momento toca explicarle al candidato el concepto “troll” y cómo la mejor receta para ese tipo de cosas suele ser ignorarlos. Y explicarle que los nuestros hacen lo mismo. Después de la casa encuestadora, los que llevan redes sociales suelen ser los siguientes en recibir culpabilidades electorales.


No hay candidato al que le guste preparar los debates electorales. No existe. Todos odian ese momento y tratan de posponerlo el máximo tiempo posible, e incluso eludir la preparación del mismo. Suelen atravesar por varias fases: la negación (no vamos), el desprecio de los debates (no sirven para nada), quitarles importancia (nadie los ve), los nervios (qué mal lo vamos a hacer), el ataque al asesor (no me están preparando bien), y finalmente el debate. En toda preparación de debate siempre hay una duda a lo Hamlet: ¿leer o no leer? Esa es la cuestión.


No falla. Sea cual sea la realidad. Es una norma no escrita: todos ganamos siempre los debates. Todos, sin excepción. Habitualmente, el asesor o consultor de confianza es aquel encargado de decirle al candidato que su desempeño podría haber sido mejor. Háganlo en privado. Y que la suerte les acompañe.


A casi todas las campañas que van medianamente bien le llega siempre ese momento de euforia que hay que tratar de posponer el máximo posible de ver un acto lleno y declarar el estado de euforia. Como si los actos fueran urnas, pensamos que tenerlos llenos nos va a dar la victoria. En la mayor parte de los casos, créame: es mentira. Si todo candidato que lleva gente a sus actos, ganase, habría varios ganadores en cada elección. Y todos sabemos que no siempre los asistentes a un acto político vienen por pura vocación, ¿verdad?


Todo el mundo está yendo a votarnos. Los comentarios de la gente que tengamos en las urnas el día de las elecciones van a ser siempre positivos. Recibiremos llamadas continuadas comentando cómo se nota que todo el mundo nos está votando. Nuestras papeletas vuelan. ¡Nos las quitan de las manos! A los demás no les vota nadie, todo el mundo nos vota a nosotros. El escrutinio, cual malvado despertador, suele despertar de todos los sueños equivocados.

Y finalmente, tras las casas encuestadoras y los de redes sociales, toca encontrar el último culpable de todo. Adivínenlo.

La victoria siempre tiene muchos padres. La derrota solo uno: el consultor.

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