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Redes sociales y política, los espejismos para manipular votantes y linchar opositores

Por Pablo Guerrero Reyes

Los poderes políticos, desde partidos hasta la esfera gubernamental, recurren a

maniobras de intoxicación informativa para anular o contrarrestar la fuerza de sus

adversarios por medio de mensajes que se articulan en campañas mediáticas digitales.

La manipulación (del latín manipulus: manus (mano) y plere, pleo (llenar) es un concepto

de influencia comprobada en el comportamiento humano. Su significado está asociado

con la idea de someter un objeto a un contacto manual. Manipulación también es

alteración (del latín alterare y ésta, a su vez, del término alter, que significa otro). Pero

como cualquier técnica de la comunicación, es susceptible a factores que la pueden inhibir

o que pueden anular sus efectos, pues depende en gran medida de la perspectiva en que

se contextualice. El cineasta ruso Eisenstein, por ejemplo, decía que una cucaracha en

primer plano produce mayor temor que una manada de elefantes vistos en plano general.


Al mencionar medios digitales, nos referimos a Facebook y Twitter, ya que ciframos el

interés de nuestro estudio en ambas redes por ser las más socorridas y populares a nivel

mundial. También se ofrece un análisis básico de algunos contrapesos teóricos y legales

para estas prácticas, como lo son el Derecho a la vida privada y el Derecho de Réplica.


Los linchamientos digitales de que es objeto una figura pública, ya sea política o artística,

es una práctica común en el mundo. Recientemente está el caso del actor estadounidense

Johnny Depp y su ex pareja Amber Heardy: desde antes de comenzar el juicio por

difamación que interpuso el actor, y obviamente sin resolución judicial de por medio, ya

había consecuencias adversas para el actor que se pueden resumir en pérdida de

credibilidad, cancelación de contratos y en general una desacreditación moral a su

persona. Los mensajes que la mujer difundió sobre su relación establecieron el punto de

arranque de las acusaciones. Al momento en que se redactan estas líneas, pareciera que

hay giros sobre la verdad que ambas figuras públicas esgrimen, sin embargo, los perjuicios

para el actor son notorios y no fáciles de contrarrestar.


México constituye un tema digno de atención. En ello juega un papel activo el rumor,

definido como la comunicación clandestina que se difunde sin que existan normas firmes

de evidencia (Keith Davis, 1967). Luis Ángel Hurtado Razo (2022) categoriza así el

linchamiento digital: 1. Algún personaje político abusa de su función para desacreditar la

imagen pública de un ciudadano o ente social opositor. 2. Se dan linchamientos a

personajes con capital económico, así como a empresas o instituciones que violentan los

derechos de terceros. 3. Personajes con poder, no necesariamente económico ni político,

pasan sobre los derechos de otros.


La manipulación como herramienta de la propaganda implica un manejo intencional de

datos informativos para articular una idea, crear o reforzar un prejuicio, disponer de

escenarios o distorsionar opiniones. Dirigir la opinión pública hacia determinadas

actitudes o generar predisposición a ejecutar, percibir, pensar y sentir es manipulación en

sentido lato. También lo es “escamotear un dato, disminuir un énfasis o eliminar un

hecho”, advierte María José Lecaros (1987). En el terreno político, la manipulación mal

intencionada conlleva un fondo moral. Jean Cocteau afirmaba, por ejemplo: “Un vaso

medio vacío de vino es también uno medio lleno, pero una mentira a medias de ningún

modo es una media verdad”.


Actualmente los medios digitales representan un campo fértil para el sembrado de

linchamientos personales en favor de alguna causa política. Respaldan esta afirmación

Fernando Guzmán y Myriam Núñez (2021): “El linchamiento digital, extrapolación del

linchamiento tradicional, es una catarsis social que comete atropellos”.


Las redes sociales han modificado (cuando no desplazado) la existencia de plataformas en

la red que cubrían funciones sencillas de información al permitir la retroalimentación con

el usuario, como la página web. Esta vitrina por donde el usuario se asoma para conocer

desde adentro la información más importante de la organización, ya no es un recurso

predominante. De ahí que grupos políticos y de influencia en la sociedad hayan migrado

los usos del mensaje a herramientas cuya característica en común es la accesibilidad por

parte del público y la instantaneidad del mensaje, aunque si bien esto último menoscaba

la calidad de los contenidos. Las redes sociales llevan así muchos tantos de ventaja.

Los estrategas de redes invariablemente promueven en las campañas políticas un

fenómeno de tipo open source, que es un movimiento de código abierto, es decir, una

campaña de todos, en la cual a partir de un concepto de base (un secreto familiar del

candidato rival, por ejemplo) todos pueden participar, crear, difundir, movilizar.


Los temas de imagen pública han migrado en los últimos años de los formatos

convencionales (prensa, radio y televisión) al internet, con las ventajas de alcance que ello

supone. Alejandro Ramos Chávez (2021) comparte esa visión: “En la actualidad gran parte

de las movilizaciones sociales, a la par del uso de los espacios públicos físicos, también

tienen aparición y visualización a partir del uso de las tecnologías de la información y

comunicación, de forma específica Internet y las redes digitales”.


Si bien han cambiado los contextos y las armas ideológicas, no se trata de una práctica

nueva. Un modelo precursor de las modernas técnicas de manipulación política lo creó el

Estado mexicano en 1931, cuando Lázaro Cárdenas, siendo Secretario de Gobernación,

organizó una oficina que recopilaba información de las áreas gubernamentales para cubrir

la demanda de los medios de comunicación. (Nephtalí Celis, 2007). Y en 1936, ya como

Presidente, creó la Dirección de Publicidad y Propaganda, organismo que dependió de la

Secretaría de Gobernación. Aunque puede considerarse un primer esfuerzo oficial del

Estado de conformar un modelo que actuara como vínculo entre gobierno y sociedad,


también servía para controlar la información al criterio de los ejercicios del poder

imperantes en la época, lo que implicaba también orquestar campañas editoriales en

contra de algún personaje público incómodo para el régimen.


Las campañas políticas convencionales funcionan así: una vez que el mensaje principal de

una determinada operación electoral es definido de acuerdo con las necesidades y los

objetivos del o la candidata, se activan procedimientos técnicos e ideológicos para su

presentación. Durante el proceso, es frecuente el uso de la llamada información al relieve,

que consiste en sobresaltar las virtudes de una noticia del candidato o candidata que en

realidad no es importante.



Un operador de la manipulación de masas conoce al detalle los procesos de producción de

los medios de comunicación, como el ciclo noticioso, considerando los horarios en que se

gesta la producción de periódicos o la de noticieros de radio y de televisión, al igual que

los horarios de consumo del público, porque una parte del éxito del mensaje reside en

cómo, cuándo y dónde se consume la información: no es lo mismo difundir un informe

adverso a la imagen de un político a las nueve de la mañana que a las seis de la tarde. En

la percepción, aceptación o rechazo del mensaje, influye la predisposición anímica del

receptor. En la construcción de mensajes de una campaña política, de hecho, ya no basta

el empleo de los métodos tradicionales. Andrés Valdez (2016) considera que la lealtad

electoral es volátil, por lo que la necesidad de construir consensos y mayorías electorales

reclama un cortejo social permanente.


Con el surgimiento y consolidación de las redes sociales, este proceso se ha facilitado

tanto para el gestor de una idea manipulada como para su objetivo. Un político no tiene

que esperar a que el periódico sea impreso y distribuido para dar a conocer su versión

sobre una acusación seria: basta que utilice el botón de su celular, abra la red social de su

preferencia y escriba un discurso defensivo que será compartido y leído en tiempo real

por sus seguidores e incluso por quienes no lo sean. Para determinar la influencia de un

mensaje en este tema, es útil el dominio del manejo de las métricas, que son variables que

sirven para medir la capacidad de penetración de los post.


En el caso de Facebook, las métricas más relevantes, de acuerdo con la misma red social,

son la interacción del post con el público, la cual se encarga de medir la relevancia del

dato para el público: si le gusta, si lo comparte, si comenta o si hace clic en un enlace. Lo

interesante en este caso es que el peso de la evidencia, a diferencia de los juicios legales,

no es necesario para producir un efecto en las masas que muchas veces se traduce en una

decisión en la boleta. Otros factores que inciden es el número de seguidores que tiene la

página digital desde la cual se controla información, así como el registro de videos

observados. De esto último recalcamos que la cultura visual en las sociedades modernas,

como lo predijo Marshall McLuhan, es decisiva al momento de influir en las percepciones

del público.


El bombardeo de la mente

El éxito de la manipulación consiste en introducir juicios sugestivos que orientan o

desorientan, según sea la finalidad, con el propósito de bombardear la mente del público