Los reflectores sobre las primeras damas

Beatriz Gutiérrez Müller.

Lejos de la figura ornamental, su presencia se ha vuelto relevante como importantes personajes que, cuando cuentan con una estrategia, un rol definido y se preparan para ello, pueden ser grandes aliadas para el posicionamiento y buena percepción de gobernantes


Por Vania de Dios. @Vaniadedios.Ellas son parte de la vida privada de los personajes en el poder y su incidencia ha ido cobrando cada vez mayor relevancia en la esfera pública. Se trata de las esposas de gobernantes, popularmente conocidas como Primeras Damas, cuya presencia se había mantenido “tras bambalinas” a lo largo de la historia, dedicadas al hogar y restringidas a las actividades protocolarias… hasta hoy.


Independientemente de su historia, perfil o profesión, ser pareja de un presidente, gobernador, alcalde o legislador las convierte en figuras más visibles y, como nunca antes, atractivas para la opinión pública. Sea por interés o morbo, se desea saber sobre ellas y su vida: quiénes son, qué hacen, qué dicen y hasta cómo viven o si están aportando algo a la comunidad desde su posición.


Al estar en el escenario público, con papel protagónico o no, su presencia puede ser un importante apoyo político, con aportaciones para el posicionamiento y buena percepción de candidatos o gobernantes. O, por el contrario, cuando carecen de un adecuado acompañamiento y manejo de su comunicación pública, pueden volverse un foco de atención y desencadenar una crisis.


Durante el último siglo, como si fuera una tradición, en América Latina a las esposas de mandatarios les son asignados –de manera indistinta- roles relacionados con la asistencia social o la beneficencia pública, participando de manera honoraria en actividades y programas que tienen que ver con la atención de grupos vulnerables: apoyos para infantes, adultos mayores, personas con discapacidad y/o mujeres.



En Estados Unidos, por ejemplo, las parejas de los dos últimos gobernantes han impulsado programas principalmente enfocados a la niñez. La abogada Michell Obama, esposa del ex Presidente Barak Obama (2009-2017), alzó la voz por la educación para niñas, la salud infantil y los comedores escolares. Actualmente la esposa de Donald Trump, la ex modelo Melania Trump, preside la campaña “Be Best” (Sé el Mejor), centrada en la salud emocional, social, a través de las redes y física de infantes.


En medio de la lucha contra los estereotipos, aún suele asumirse que mientras los mandatarios ejercen las funciones ejecutivas para las que fueron electos, sus esposas –o sus hijas o mamás, si son solteros– se dedicarán de manera paralela a abanderar temas de beneficencia social o dirigirán voluntariados o serán gestoras sociales. Ello, independientemente del perfil, preparación o intereses de las mujeres, y sin dejar de reconocer el trabajo y las importantes aportaciones que muchas de ellas han hecho.


Recientemente, en México, la doctora Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del actual presidente Andrés Manuel López Obrador, decidió ser la excepción y no participar en el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), dependencia dedicada a la asistencia social y que tradicionalmente había sido presidida por la pareja del Primer Mandatario en turno del país. Sin que ello signifique que está fuera de la vida pública, porque además de asistir a los actos protocolarios de su marido, la investigadora eligió integrarse al consejo cultural del Gobierno e impulsar temas de su interés profesional.


Al margen del espacio desde donde participen o si deciden centrarse únicamente en las actividades protocolarias –que por lo general consisten en acompañar al mandatario o funcionario en actos oficiales, como un personaje aledaño–, la presencia de las parejas de gobernantes siempre atrae los reflectores. Lo promuevan o no, son imanes para la clase política, la población y los medios informativos.


Y mientras en algunos países existe el cargo de “Primera Dama”, con una oficina, su propio equipo de trabajo y una agenda pública, en otros más las parejas de mandatarios desarrollan actividades sociales de manera honoraria.

En términos coloquiales se dice que son las que duermen con el poder, de ahí que se pretenda saber más sobre ellas, y a través de cada una, también de su respectiva pareja. Y en el gran escaparate que son las redes sociales, es difícil, si no imposible, que se sustraigan a ser observadas, rastreadas, evaluadas y, al calor de las contiendas, incluso cuestionadas y señaladas.


Debemos entender que su papel ha evolucionado y las herramientas o capacitación que necesitan no puede quedarse en la imagen y el protocolo. Se trata de ir más allá de la fotografía con niños o adultos mayores para que desde su trinchera puedan visibilizar temas y sectores sociales, colocar en la agenda pública ciertos tópicos y también programas o esfuerzos que desde el Gobierno se estén impulsando.



Lo que ellas hagan o dejen de hacer, siempre será parte de la actividad política de sus parejas. Y una estrategia definida, con el papel que desempeñarán y su nivel de involucramiento –según su personalidad y áreas de desarrollo–, ayudará a que la presencia de estas figuras no se quede en la superficialidad de cómo se visten.


Pero sobre todo, una estrategia evitará que sus acciones u omisiones se conviertan en un tema de tensión política que deba atenderse, con graves alcances o consecuencias para ella, el mandatario y su entorno.


El mayor escándalo que enfrentó el ex Presidente de México, Enrique Peña Nieto, y que mermó la credibilidad y reputación de él y su Gobierno, surgió luego de que su entonces esposa, la actriz Angélica Rivera, posara en una famosa revista de sociales. Con ella en la portada, en la publicación se mostraba –ante un país con 53 millones de pobres– la nueva y lujosa residencia color blanco de la familia presidencial.


El impreso dio pie a una investigación periodística, que reveló que la propiedad estaba a nombre de una empresa que había recibido millonarios contratos cuando Peña Nieto era gobernador del Estado de México.


En un intento por contener y mitigar los efectos del reportaje titulado “La Casa Blanca de Peña Nieto”, se publicó un vídeo con la actriz –visiblemente molesta– asegurando que la propiedad (de 86 millones de pesos o cerca de 4.4 millones de dólares) era fruto de 25 años de trabajo. Pero eso sólo prolongó la crisis y marcó el sexenio del mandatario.


“La manera en que manejamos en su momento la explicación del asunto tampoco fue el correcto. Nunca debí permitir que mi esposa diera esa explicación”, admitió Peña Nieto en un spot, cuando abordó el tema antes de dejar la silla presidencial.


Recordemos que por lo general, sin que sea una regla, las parejas de mandatarios son ajenas a la política o suelen desarrollarse personal o profesionalmente en áreas fuera de la vida pública. El panorama cambia cuando su marido es candidato y luego electo; todo el entorno se modifica, sin que nadie les diga qué sigue ni las prepare para lo que enfrentarán.


Mientras en algunos casos se trata de mujeres con total desinterés en la política y los asuntos de gobierno o cuya trayectoria ha sido en otros espacios, también están aquellas que tienen su propia carrera política o se desarrollan en áreas o actividades vinculadas con la administración pública; variables básicas que se toman en cuenta para –con el mandatario o funcionario– definir su rol, involucramiento y hasta nivel de protagonismo.


En la historia de Argentina podríamos citar dos esposas de Presidentes que son o han sido parte del sistema político: la actriz Eva Perón y la abogada Cristina Fernández de Kichner, cada una con su propia personalidad, carrera e incidencia política y reputación. Perfiles que contrastan con la actual Primera Dama, Juliana Awada, esposa del Primer Mandatario del país, Mauricio Macri, cuya participación pública se ha limitado a actos y visitas oficiales, manteniendo bajo perfil y con presencia mediática prácticamente en revistas de sociales donde se destacan sus looks y estilo de vestir.


En el siglo pasado la famosa Evita Perón (Eva María Duarte), esposa del ex Presidente Juan Domingo Perón, tuvo un rol activo desde la campaña de su marido en 1946. Ya durante la administración, como pareja del Mandatario, impulsó la igualdad política y jurídica para las mujeres, creó un partido político femenino e instituyó una fundación, escribió tres libros y fue postulada como vicepresidente de Argentina, aunque renunció a la candidatura.


La abogada Cristina Fernández de Kirchner, por su parte, desarrolló una carrera política paralela a la de su marido, el fallecido Néstor Kirchner, Presidente de Argentina de 2003 a 2007, y a quien sucedió en el cargo, pasando de ser Primera Dama a la primera mujer en encabezar el Gobierno de Argentina; actualmente busca la vicepresidencia del país.


Se trate de mujeres profesionistas o dedicadas al hogar, jóvenes o en edad adulta, que les guste o no la política, ser pareja de un personaje en el poder las convierte además en modelos alternativos de liderazgo.

Su presencia, con sentido y propósitos claros, tiene un inminente efecto multiplicador e impacto en su entorno. De manera natural, su actuar puede ser referencia en la concepción que otra mujeres y niñas tienen del liderazgo femenino, así como del rol de la mujer en la sociedad.


Tener presencia en el escenario público, se haya buscado o no, implica una gran responsabilidad; un reto para que las parejas de gobernantes necesitan estar preparadas.


Para estar de pie en el escenario público, las “Primeras Damas” necesitan:

  • Conocer el contexto social y político en el que se encuentra.

  • Tener apoyo profesional en el manejo de su comunicación de forma estratégica.

  • Integrar un equipo con perfiles estratégicos para acompañarla.

  • Mantener una actitud prudente, conocedora de que mucha gente se le acercará para llegar al mandatario.

  • Entender que “están de paso” y se trata de un espacio privilegiado para servir.


Sin damas de primera ni de segunda…


Sin que haya claridad de dónde surgió el título de “Primera Dama”, el término se ha popularizado mundialmente para identificar a las parejas de Presidentes o gobernantes, aunque en los últimos años ha sido controversial por considerarse elitista o clasista, como si existieran damas de distintos niveles. Pero más allá de la discusión de cómo llamarlas, la trascendencia y lo de fondo está en las aportaciones que hacen para su comunidad desde esa posición.


Y mientras en algunos países existe el cargo de “Primera Dama”, con una oficina, su propio equipo de trabajo y una agenda pública, en otros más las parejas de mandatarios desarrollan actividades sociales de manera honoraria y, por lo general, con funciones imprecisas ni mucho menos reguladas.


Estados Unidos de Norteamérica


Utilizan el acrónimo en inglés FLOTUS (First Lady of The United States) para nombrar a la Primera Dama y, aunque no encabeza un organismo público, está prevista como parte de la administración












México





La esposa del actual Presidente de México rechazó presidir el organismo asistencial Sistema Nacional DIF (Desarrollo Integral de la Familia), como habían hecho sus antecesoras en los últimos años; además pidió no llamarla Primera Dama por considerarlo un título clasista y que aceptarlo sería asumir que hay mujeres de primera y de segunda.





República Dominicana




Su cargo existe oficialmente desde hace 19 años cuando se creó el Despacho de la Primera Dama, adscrito a la Presidencia de la República, desde donde la pareja del Mandatario del país encabeza una estructura administrativa para promover programas sociales.







Colombia





La pareja del Presidente participa de manera honoraria en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, organismo que trabaja en la atención a grupos vulnerables; ahí su función es principalmente protocolaria, como invitada especial del Consejo Directivo del instituto, sin que aparezca en el organigrama oficial.





Ecuador


Se dice que la figura de “Primera Dama” desapareció en el país en el año 2007, cuando el entonces Presidente Rafael Correa determinó que las parejas de los mandatarios dejaran de encabezar el Innfa (Instituto Nacional de la Niñez y la Familia), anulando cualquier rol protagónico para ellas. En la actual administración se retomó su presencia y la esposa del Presidente encabeza de manera honoraria el Comité Interinstitucional del “Plan Toda una Vida”, el área social del gobierno. C&E


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