El manejo de crisis en una campaña electoral



Luis Costa Bonino. @luiscostabonino. El manejo de crisis es una circunstancia que toda administración debe contemplar. Un gobierno se enfrenta a un escándalo político, a una privatización impopular, a una caída súbita en la popularidad del Presidente. En cualquiera de estos casos el gobierno no puede permanecer pasivo, viendo como se resquebraja el sostén de su legitimidad. Para esas circunstancias trabajamos y ofrecemos servicios a los gobiernos. Sin embargo queremos plantear aquí un caso particular de manejo de crisis, el que debe hacerse cuando los datos de las encuestas electorales le anuncian a un candidato, en la fase final de la campaña, que se encamina inequívocamente a la derrota. Muchas veces es ahí, cuando ya hay pocas cosas para hacer, que el candidato decide contratar a un especialista.

A favor o en contra del tiempo

Ganar campañas electorales es fácil, cuando se ha utilizado bien el tiempo. En sistemas electorales donde hay reelección, el Presidente tiene varios años para manejar su comunicación, vincularse en buenos términos con los electores, trabajar con tiempo las desconfianzas de quienes no lo votaron, asegurar muy firmemente el voto de quienes sí lo votaron. Cuando eso sucede, la segunda elección de un presidente es un mero trámite de movilización y aplausos. Las cosas no son tan sencillas en la mayoría de los casos, sin embargo, porque los presidentes en el poder muchas veces se olvidan de la comunicación, se olvidan de la importancia estratégica de tener contentos a sus electores. Muchas veces se olvidan también del camino de regreso al triunfo. Cuando las elecciones se acercan, los electores olvidados vuelven a ser interesantes, vuelven a ser objeto de atenciones y privilegios, pero muchas veces ya es demasiado tarde.

Otras veces hay candidatos poco notorios, que han tenido poco apoyo de su partido, que han pasado por elecciones internas problemáticas, y a pocas semanas de la elección son conocidos de muy poca gente y por lo tanto poca gente está dispuesta a votar por ellos. El caso más común, sin embargo, es el de los candidatos que escuchan las alabanzas de su séquito como una música dulce para sus oídos, quienes lo convencen de que todo va muy bien y que todo el mundo votará por él. Que no necesita la ayuda de ningún especialista de campañas. Todo va bien hasta que las encuestas le muestran la fea cara de la realidad. Entonces faltan pocas semanas para el día de la elección y nada parece poder salvarlo de un fracaso estrepitoso. En cualquiera de los casos, es frecuente que los candidatos sean atropellados por los tiempos y que no atinen a generar