La nueva normalidad electoral y el postmorenismo

De acuerdo con las principales encuestadoras nacionales, a Morena y al presidente les alcanza para ganar -ya no caminando- el próximo año. No tanto por lo que ellos estén haciendo, sino porque del otro lado, la oposición a nivel nacional, sigue sin articular un discurso interesante para el elector.



367 días antes de la siguiente elección federal, el presidente ya planteó el dilema estratégico a partir del cual va a jugar Morena sus cartas en el 2021.


Dijo en su mañanera del 4 de junio (palabras más, palabras menos): con el método democrático se resuelven problemas, ya vienen las elecciones, si quieren que regrese el régimen de corrupción pueden votar por ellos, si quieren que continúe la transformación, ya saben por quién votar.


Asimismo, la semana anterior, el senador Ricardo Monreal anunció su intención de adelantar la revocación de mandato para empalmarla con la intermedia como respuesta a las expresiones antilopezbradoristas que emergieron en las últimas semanas.


En el guión original de la película de la 4T, Morena tendría que haber ganado la intermedia prácticamente caminando por tres razones: primero, porque aún arrastraría con la inercia del cambio histórico que los llevó al triunfo en 2018; segundo, porque la oposición aún no se habría rearticulado como una alternativa frente al elector, y tercero, por el apuntalamiento de su penetración territorial en el ejercicio del gobierno.


COVID-19 cambió el juego. Primero, vino a acelerar el proceso de desgaste del gobierno federal y de su imagen. Aunque aún mantiene y posiblemente mantendrá un amplio apoyo, ya no será lo mismo. Habrá perdido el apoyo mayoritario y contundente de la clase media, de las mujeres con quienes se ha peleado innecesariamente y también de una parte menor de su base tradicional que se está enfrentando a la inoperancia (heredada o no) del sistema de salud y a la incapacidad del gobierno de repartir los apoyos sociales prometidos. Esto genera un nuevo mercado electoral que en el Instituto hemos denominado el Postmorenismo y sobre el que comentaré en la última sección de este artículo.


Segundo, el tema territorial va a cambiar radicalmente, las campañas de puerta en puerta como las sabe hacer Morena tendrán que evolucionar por cuestiones de sanidad en tanto no exista terapia o vacuna contra el bicho. Un primer experimento de ello lo veremos en la elección presidencial de los Estados Unidos y posiblemente en las elecciones estatales de Hidalgo y Coahuila que se pospusieron por la pandemia.


Tercero, las dos gobernadoras, algunos gobernadores y algunas autoridades municipales, principalmente de oposición, se han reivindicado frente a sus electorados locales por su buen desempeño en el manejo de la crisis actual, quitándole al presidente, al menos en lo local, el monopolio de la agenda pública.


Las preferencias electorales siguen poniendo a Morena a la cabeza

Con todo y todo, de acuerdo con las principales encuestadoras nacionales, a Morena y al presidente les alcanza para ganar -ya no caminando- el próximo año. No tanto por lo que ellos estén haciendo, sino porque del otro lado, la oposición a nivel nacional, sigue sin articular un discurso interesante para el elector.


El presidente los tiene donde quiere: disputando el pasado a través del no. No al tren maya, no a las obras faraónicas, no a la contrarreforma energética, no a lo que sí está haciendo el presidente, no al plan de recuperación económica. El único sí que hemos escuchado de la oposición, y al que posiblemente Morena terminará sumándose, es al del ingreso básico universal o ingreso mínimo vital.


Los otros sí de la oposición, como los planes de reactivación económica, fueron exitosamente adjetivados y desacreditados por el presidente como “las fórmulas del pasado”; quieren rescatar al país de arriba hacia abajo, yo -AMLO- lo rescataré de abajo hacia arriba.


Supongamos que el próximo año el presidente tiene el apoyo de 20 de los 30 millones de personas que votaron por él; ¿qué partido tiene la capacidad de rebasar esa cifra? En los términos actuales del debate, ninguno.


La intermedia es un juego local. Para ganar hay que disputar el futuro

2021 no es una elección federal, es la suma de 32 elecciones locales. Así como a nivel nacional aún no ha nacido el político que le pueda disputar el futuro al presidente, en los estados y municipios -en el terreno de juego de la próxima elección- están emergiendo esos liderazgos emocionantes e interesantes, algunos nuevos, otros reivindicados, que más que disputarle el futuro al presidente tienen la capacidad de disputarle el futuro y el sí a las candidatas y candidatos de Morena.


Por eso el presidente intentará adelantar la revocación de mandato. En caso de lograrlo, Morena arrancará con amplia ventaja la carrera por el 21: será (como lo fue en las elecciones locales de 2018) AMLO en la boleta vs los candidatos y candidatas locales, uno defenderá la continuidad de la cuarta transformación y el resto (que dividirán el voto opositor entre por lo menos otras tres opciones) defenderán el restablecimiento del pasado. Si la oposición cae en la estúpida tentación de hacer campaña por el “no” en la revocación de mandato, estará entregando al presidente la mayoría en la cámara de diputados y el triunfo en casi todas las gubernaturas.


Para tener una oportunidad, las candidatas y candidatos de oposición deben hacer contiendas locales, contra sus adversarios locales, salvo en un par de distritos y municipios muy anti 4T, quien elija a AMLO como su adversario local perderá. Es una pelea totalmente dispareja.


En segundo lugar, la oposición debe aprender a disputar el futuro. Tiene que competir desde el sí. Del pasado, lo único que les queda es reconocer que estamos aquí por culpa del régimen anterior. Que somos un país excluyente, con un sistema económico que profundiza las desigualdades y la polarización social, con un sistema político corrupto que necesita arreglo. Deben empatizar con el deseo de cambio de los electores de 2018, al mismo tiempo deben ofrecer perspectiva de futuro ante la frustración de no ver el cambio realizado para el 2021.


Seguramente, la seguridad pública será uno de los temas que mayor influencia tendrá sobre los discursos del 21, también en este renglón la oposición deberá evitar caer en la tentación del populismo penal-sensacionalista del pasado.


Y finalmente, las candidatas y candidatos de oposición deberán innovar en la forma de hacer campaña en el territorio. La ventaja que tiene Andrés Manuel sobre cualquier otro adversario es que él sí se dedicó a recorrer el territorio durante los últimos 12 años y en todos los rincones del país tiene uno o varios representantes dispuestos a hacer campaña por él y por su partido.


La única forma de alcanzar esa penetración será la tecnología. Tendrán que reinventarse las redes sociales no para sustituir a la televisión ni para inflar opiniones “trolleadas” como erróneamente lo han hecho hasta ahora; tendrán que utilizarlas como mecanismo de contacto directo en sustitución de una buena parte de las actividades territoriales.


Las candidatas y candidatos de Morena

Con o sin López Obrador en la boleta, en muchas elecciones, ser de Morena será suficiente. Ser del equipo del presidente podría garantizarles el triunfo en al menos unos 100-120 distritos y en por lo menos en la mitad de las gubernaturas que se juegan el próximo año. Sobre todo en las regiones del centro y más aún en el sur-sureste. Asimismo, habrá otros 80-100 distritos y un par de gubernaturas en las que Morena, por el anti 4-teísmo o por la fuerza de otro partido, no tendrá la más mínima oportunidad.


La diferencia que puede hacer AMLO en la boleta es una mayor polarización de la elección. Si el presidente va a la boleta seguramente incrementará la participación de ambas partes con ventaja para los de Morena porque ellos no dividen su voto con nadie.


Pero en el resto de los estados y en los distritos donde sí habrá competencia, ahí donde se juega la diferencia entre la mayoría calificada para el presidente o la mayoría simple, las y los de Morena tienen que aprender a aportar valor a la marca. En una elección tan polarizada van a entrar en un dilema: qué tan cerca o qué tan críticos quieren verse con respecto del presidente. Si se alejan mucho, tendrán problemas de vestidor, posiblemente hasta voto cruzado como sucedió en 2018 en un sinnúmero de distritos, y en caso de ganar sus elecciones, perderán hacia el interior del partido, sobre todo las diputadas y diputados, el derecho al acceso a puestos de mayor relevancia como presidencias de comisión.


En esos 50-80 distritos, y en esos estados del centro y del norte, las y los de Morena la tendrán mucho más difícil. Además de encontrar el justo medio en su distancia con el Presidente, deben adaptar su discurso para contender por el futuro o por lo menos por los cambios para corregir el presente. Además, tendrán que hacer el mismo esfuerzo territorial innovador mencionado anteriormente. Y tendrán que tener posiciones muy claras para defender al gobierno sin ofender a los descontentos y viceversa: atender el descontento regional sin ofender al gobierno.


Estas candidatas y candidatos son los que pueden perder y costarle al presidente su mayoría. Además, llegan con la desventaja de creer que no necesitan todo lo anterior.


El postmorenismo, la clave de la elección

¿Qué es el postmorenismo? Es el grupo de electores que rechaza al viejo régimen, pero no están satisfechos con la 4T. Gente que votó por Andrés -algunos más por castigo al viejo régimen que por simpatía- y que hoy se sienten decepcionados, arrepentidos o, en el mejor de los casos, apáticos por los resultados. A pesar de su decepción, no se arrepienten de su voto y si regresan el tiempo, volverían a votar por López Obrador.


Ejemplos sobran: feministas, ambientalistas, clases medias, estudiantes, el sector cultural y muchas otras minorías que simpatizan con la izquierda, con Andrés Manuel, o con la idea de cambio, pero que el gobierno en su política pública no sólo no los representa sino que los ataca directamente en sus creencias.


Como mencioné anteriormente, la crisis de COVID-19, además de radicalizar las posiciones entre pro y anti 4T, también está engordando las filas del postmorenismo. No sabemos hoy qué porcentaje de la población se encuentra dentro de este segmento, lo que sí podemos anticipar es que para la elección del 2021 serán suficientes para cambiar el sentido de las carreras más cerradas, las que definirán si el presidente mantiene o no la mayoría calificada.


Para ellos, la estrategia de Morena “con AMLO para que siga la 4T vs con el PRIAN para volver al pasado” no es suficiente para llevarles a las urnas, como tampoco es suficiente la infinita cantidad de “no” de la oposición. Ellas y ellos son los que más demandan un discurso de futuro. ¿Qué sigue después del cambio de la 4T? Ellas y ellos están esperando tanto de Morena como de la oposición un mensaje con perspectiva de futuro. Si no lo encuentran, se sumarán como cada 6 años a las filas del abstencionismo.


Textos de otros. Publicado originalmente en Animal Político por Roberto Trad.

Contacto C&E

Suscríbete  C&E

Suscríbete por un año a la revista C&E Campaigns & Elections México por $300.00 MN. Y recibe la versión digital antes que nadie.  Y la versión impresa hasta tu hogar u oficina. 

(Oferta valida sólo para México, el resto de Iberoamérica recibirá sólo la versión digital) 

Siguenos en redes

Copyright © C&E Campaigns & Elections México 2020

  • Facebook
  • Twitter Social Icon
  • YouTube Social  Icon
  • Instagram Social Icon