PRI: ¿Muerte, resurrección o subsistencia?



Por Sergio Torres Ávila


A partir de 1997, cuando por primera vez en su historia pierde la mayoría en la Cámara de Diputados, cada elección federal en la que el PRI tiene malos resultados se afirma que el histórico partido está herido de muerte. Se decreta el RIP del PRI. Pero desde entonces, al siguiente ciclo electoral no solamente no muere, sino que en algunos casos (en especial 2012), demuestra un músculo electoral inusitado y sé instala de nuevo en la silla del poder.


El 2018, la historia nos ofreció el mismo espectáculo, con matices. Los resultados electorales del PRI fueron desastrosos. Incluso en lugares donde se le veía fuerte, como Sonora, fue arrasado por MORENA. Sólo ganó en 8 de 300 distritos federales. En las secciones electorales, en barrios o comunidades, ganó menos del 4%. Hoy es la quinta fuerza electoral en la Cámara de Diputados, su peor escenario desde 1997. Con esos resultados, mucha gente anunció nuevamente la muerte, ahora sí, del PRI.


Hay que decir que, vista la tendencia histórica, que es a la baja, sonaría lógico afirmar que el PRI se dirige, ahora sí, a la extinción. Pero, ¿sería también posible argumentar que un nuevo renacimiento puede repetirse? ¿decir que más sabe el diablo por viejo? Finalmente, es el partido con más vieja escuela política, tiene una formación de cuadros sólida y conserva la mejor estructura electoral, con miles de ciudadanos que han sido beneficiarios de sus programas sociales, quienes estarían dispuestos a volver a creer.


No es descabellado considerar que se podría dar un fenómeno de resurgimiento del PRI. En esta lógica, para las elecciones federales de 2021 el partido tricolor podría tener una oportunidad, gracias a un buen trabajo de organización, una selección de candidatos adecuada y una buena estrategia de comunicación. La natural caída de López Obrador, producto de la desmedida pretensión de sus promesas y la previsible insuficiencia de sus resultados, abonarían a que el antiguo partido oficial pudiera tener una oportunidad más.





Sin embargo, hoy existe un factor inédito: MORENA. Fundado a imagen y semejanza de López Obrador, el partido ha encontrado en la contundente victoria electoral el impulso anímico, el poder político, los recursos económicos y la legitimidad suficiente para trascender la figura de su creador y convertirse en el nuevo partido hegemónico, organizador de la asistencia social y gestor de las demandas ciudadanas, a través de los Superdelegados del gobierno federal. El beneficiario absoluto de la voluntad popular, como en los mejores años del PRI-gobierno. Hablamos de la institucionalización de MORENA, que se está construyendo con vocación de longevidad, inspirada por el propio PRI, no olvidemos que López Obrador se formó en sus bases.





Entonces, el PRI hoy tiene ante sí a su alter ego. Un alumno que puede superarlo. Sin embargo, no está muerto. A nivel local sigue manteniendo mucha fuerza y gobernará a 44.5 millones de mexicanos durante los próximos 3 años. Cuenta con 12 gubernaturas, mismas que el PAN, mientras que Morena tiene solo cinco. Gobierna al 32.2% de la población del país, el PAN al 27.2% y MORENA al 21.4%. Desde esta lectura, sigue siendo el partido mayoritario.


Por otra parte, el PRI tiene un gran margen de su electorado histórico al que reconquistar. Su mejor elector en las pasadas elecciones fue el de ingresos más bajos. Y es por obtener esos votos donde se enfrentará con MORENA en tierra. Cuestiones como cambiar el nombre del partido, o incluso cambiar de “esencia”, como argumentó Peña Nieto en su momento, son menos importantes que hacer el trabajo poco visible, pero fundamental, de ganar conciencias casa a casa.


Hoy, el PRI tiene dos escenarios: de un lado reconquistar su voto crítico, el que votó por MORENA en estas elecciones, para lo que ha de regresar a su esencia, corregir el rumbo y demostrar una nueva actitud; por otro lado, dar la batalla en tierra frente a una nueva estructura que trata de imitarles y que en tiene todo el poder económico y político para controlar los programas sociales y el presupuesto.


Por lo pronto, el PRI se ha acomodado al entorno. Con su experiencia política, los priistas han sabido conciliar en el congreso, apoyando a MORENA en su polémico dictamen de la Guardia Nacional. Hay quien dice que con esto se confirma la alianza del PRI-MOR. De ser esto cierto, el PRI podría convertirse en un partido satélite más de MORENA, apoyándolo como alguna vez lo hizo el Verde con el propio PRI, a cambio de prebendas para su supervivencia.


De no ser cierto esto, y de existir aún en el viejo partido oficial la energía suficiente para pelear el protagonismo electoral en 2021, ¿podremos ver su resurrección?, es temprano para saberlo. Sin embargo, a diferencia de otros momentos, hoy su supervivencia depende ya no solamente de sus propios recursos, sino de alguien más. De un aprendiz que amenaza con matar ritualmente al maestro para ocupar su lugar. La némesis del PRI se llama MORENA. Y quizá hoy esté en manos de este partido dejarlo renacer, acabar de aniquilarlo, o incluso dejarlo vivir con lo mínimo, para que sea una comparsa cómoda, un partido menor. Cosas de la democracia, nada menos. C&E

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