SERENDIPIA COMUNICACIONAL: LOS “HALLAZGOS”QUE NOS DEJA LA PANDEMIA



Un nuevo líder, la necesidad de un nuevo contrato social, un nuevo mapa mediático y un info ciudadano que exige formar parte activa del mensaje, son algunos de los “hallazgos” hechos -a la buena o a la mala- por muchos líderes y gobiernos del mundo. La gran pregunta es: ¿estamos preparados y dispuestos realmente para asumir el cambio?



Laura Castellanos @LauraTComunica.


Vivimos atorados, en estos tiempos, por resolver el dilema urgente de una comunicación efectiva en tiempos de pandemia. Líderes, funcionarios y el ciudadano común se encuentran con el “descubrimiento” de la importancia de sus relaciones, de sus inter relaciones en un mundo separado físicamente, pero unido más que nunca a través de las redes.


Llega la pandemia con su bofetada de realidad. Llega para (de)mostrarnos que ya no somos, ni seremos los mismos. Llega para que, aprendamos –sobre la marcha– a entender al otro, a ser realmente empáticos y a traducir lo técnico a lo humano. Llega para enseñarnos que menos es más y que la sencillez –con su compleja alquimia– es la base de todo.


La pandemia nos ha hecho toparnos con “hallazgos” que siempre estuvieron allí, ante nuestros ojos, pero que simplemente no los veíamos o no los queríamos ver. Estamos ante una serendipia comunicacional. La serendipia es una palabra poco común pero maravillosa. La Real Academia Española (RAE), la define como “hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual”. Cientos de artículos e investigaciones apuntaban a un eminente cambio en el paradigma comunicacional político. Las encuestas y el marketing lucían erráticos en finales (in) felices que tomaban por sorpresa a propios y extraños. La serendipia es asociada mayoritariamente al ámbito científico. Son hechos que, aunque casuales, sus descubridores se encontraban atentos (aunque buscasen otra cosa). Hablamos entonces de un proceso activo, no pasivo, que nos hace teorizar sobre cómo debe ser el nuevo discurso, el nuevo líder y la nueva forma de manejar las comunicaciones.


En febrero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó al mundo sobre dos males con las mismas características, que comparten un mismo escenario y se alimentan diariamente el uno al otro: una pandemia provocada por el Covid-19 y otra , una infodemia, propagada por un virus tan contagioso como el coronavirus: las llamadas Fake News. Ese mismo día , el máximo organismo de la salud mundial, dictaba la pauta para la lucha contra estos enemigos impredecibles: lavarse las manos, distancia física, mascarillas y gobiernos que brinden a los ciudadanos información clara y constante.


La comunicación confiable, oportuna transparente y sencilla se convierte (por obra y consejo de la OMS) en uno de los ejes centrales en este episodio de la humanidad.

Allí empezaron los problemas. Pocos fueron los gobiernos que en una primera instancia pusieron en práctica tanto las recomendaciones sanitarias como comunicacionales. A la historia ya saltaron los célebres discursos de la cancillera alemana Ángela Merkel ante el Covid 19. No dudó en ser transparente, clara, oportuna y hasta técnica en un discurso envuelto en un irresistible halo de empatía y humanidad. Su vecino, el francés Emmanuel Macron, optó por un tono autoritario, marcial y opaco que le ha valido no pocas críticas, además de la resistencia y escepticismo de los suyos ante las medidas adoptadas. No es concurso presidencial de simpatías, se trata de hacer entender a la población de los riesgos que se corren como país y de la importancia de asumir responsabilidad ciudadana.


Podríamos dedicar este artículo a un repaso por la incontinencia verbal del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y su célebre recomendación de inyectar lejía a los enfermos; López Obrador de México encomendando al país a una estampita religiosa como protección nacional contra el virus, o Nicolás Maduro de Venezuela promocionando su cuenta de tik tok y cantando el mítico himno de la resistencia italiana Bella Ciao en transmisión oficial en medio de un opaco reporte sobre la pandemia.


Estamos ante una nueva realidad que esta gestando cambios aún mayores y que no podemos obviar a la hora de comunicar.


Un nuevo contrato social:

Metidos de cabeza en una sociedad individualista, no nos habíamos percatado cuánto dependemos de los otros. La desigualdad y la pobreza lejos de disminuir en el mundo ha ido creciendo convirtiéndose en amenaza para los países más desarrollados, así como , una cada vez más oscura realidad para el resto del mundo. Lo humano debe prevalecer ante lo económico. El resurgir del populismo, nacionalismo y proteccionismo es una amenaza que se erige en medio de una tormenta perfecta, en un mundo que necesita trabajar en conjunto reforzando la gobernanza global.


El nuevo líder:

El que se venía anunciando y llegó para quedarse. Parafraseando un poco al asesor español Antoni Gutiérrez, el nuevo liderazgo es “líquido” surge desconcertado (en medio de una crisis) y se ve obligado a ser empático, humano, humilde, transformador y decididamente proactivo. Tenemos una sociedad altamente emotiva, sensible y ansiosa. La clave en estos tiempos, para un buen líder desde el punto de vista comunicacional, es saber transmitir ideas y reflexiones bien empaquetadas en emociones y sentimientos. Lo primero no sobrevive sin lo segundo. Lamentablemente, lo netamente emocional si sobrevive sin el sentido, sin la verdad y sin la reflexión. Si no que lo digan las redes y su volátil vaivén de Trending Topic que hasta pueden llegar a cambiar políticas de estado.


El nuevo ecosistema mediático:

Ya fue refrendado por la pandemia. Los medios tradicionales y periodistas pasaron de ser generadores natos de información a ser también grandes centros de confirmación o verificación de noticias. Las Fake News y bulos hacen de las suyas en espacios difíciles de

rastrear como el dark social (según el Global Web Index, mas de un 40% de los usuarios a nivel global prefieren compartir enlaces de interés de manera privada). La información fluye en forma circular –no vertical como en antaño– entre medios, redes y el dark social.


El infociudadano

La información está en constante retroalimentación. Las audiencias y sus denuncias están a un click de distancia. Leemos, escuchamos y compartimos lo que nos gusta y re- fuerza nuestros criterios. En época de pandemia con una sociedad ansiosa de respuestas y certezas, el infociudadano se hace más activo y restrictivo. Es generador, receptor, censor y editor de informaciones. La verdadera interacción con los ciudadanos se convierte en pieza clave para el proceso de flujo de información.


La necesaria evolución de la comunicación política

Si cambia la forma de ejercer el liderazgo, la ciudadanía y los procesos sociales, debe cambiar la estrategia política y con ella la comunicación. Ahora mismo miles de equipos de comunicación están en emergencia, en crisis, intentando solventar los riesgos locales sin perder la mirada del acontecimiento global. Queda en evidencia que no estamos lo suficientemente preparados para la comunicación crisis, ni la de riesgo pues siempre nos ocupamos de lo inmediato. Estamos también ante una batalla de narrativas entre gobiernos que enrarece el clima. La comunicación gubernamental es el reflejo de las buenas y malas políticas, no es la creadora de soluciones, pero debe tomar en cuenta la dinámica actual y echar de un lado el librito del “deber ser”, pensar “fuera de la caja” y buscar nuevas formas de hacer llegar el mensaje hecho para la ciudadanía, no para el ego del gobierno o político.


La serendipia, este hallazgo de una nueva forma de comunicar (nos), no es más que una nueva forma de ver lo que ya teníamos, lo que ya sabíamos pero nos negábamos a aceptar: una comunicación eficaz, veraz, más humana, enfocada en el otro, en sus emociones que busca soluciones más allá del marketing electoral y el protagonismo. Los ciudadanos están cambiando. ¿Estarán dispuestos sus gobiernos y líderes? C&E

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