¿Son la política y la ética antónimos?




Por Eduardo Achach. @EduardoAchach. Cada vez, escuchamos con mayor frecuencia escandalosas noticias de grandes fraudes perpetrados por personajes de la política, en cambio, rara vez escuchamos que alguno de esos escándalos termine en llevar a los responsables a prisión. En la mayoría de los casos, al parecer, se trata de noticias falsas que fueron esparcidas para dañar la reputación del personaje e impedirle o por lo menos dificultarle su ascenso al poder.


La pregunta crucial que surge para los consultores es si al trabajar para posicionar a personajes de la política a cargos de elección popular, se contravienen los principios de la ética, en particular cuando se utilizan campañas negras o fake news.


La realidad nos muestra contundentes evidencias de que son los consultores, los que maquinan, sugieren o por lo menos propician el esparcimiento de noticias falsas y/o campañas de difamación contra los adversarios de sus clientes.


La consecuencia es que hoy la política está sumamente desprestigiada, a tal grado qué, en muchos países, diputados, senadores, gobernantes y sus allegados sufren de un desprestigio crónico y galopante que los coloca en el fondo de la tabla de confianza. El desprestigio autogenerado convergente se está adueñado de lo poco que quedaba de la integridad de las personas que viven dentro de cada animal político.


Y no importa de qué color sea la institución, ni qué tan nueva, más temprano que tarde, se verá contaminada e invadida de desprestigio.

El punto crucial a observar aquí es qué en aras de desbancar a gente honesta de las contiendas, el candidato, el consultor que lo asesora y el equipo de trabajo que lo apoyan incurren en prácticas deshonestas para difamar al honesto y llegar a toda costa al poder. Se hace evidente en estos casos la deshonestidad inherente del candidato, consultor y equipo difamador. Lo triste del caso es que en la mayoría de los casos quien llega al poder es precisamente el candidato más deshonesto.



Lo malo en este caso, es qué, al paso del tiempo, aunque la verdad surja y se aclare la falsedad de las noticias, escándalos y demás rumores que se propagan, el daño no se enmienda y los ciudadanos se conforman con tener a un gobernante carente de probidad.

Necesitamos elevar el nivel de la contienda, es urgente volver a darle valor a la palabra, el honor, la auténtica justicia. Se ha mancillado tanto el nombre de los conceptos, qué sus palabras han pasado a formar las filas de la palabrería.


Particularmente, el común denominador de hoy es que el político hable de términos como justicia, transformación, libertad y muchos otros, desde la superficialidad de manera insubstancial y carente de compromiso y de ética. En síntesis, puras palabras huecas.

Creo que es tiempo de que la industria de la consultoría política se auto regule, que se desarrolle un código de ética y sobre todo, que apliquemos el concepto que se utiliza en el futbol: “Fair Play”.



Suena utópico que esto pueda llegar a suceder en Latinoamérica después de algunas décadas donde ya es costumbre este tipo de campañas, sin embargo, es urgente rescatar la decencia, la honorabilidad y sobre todo la integridad.


¿Cómo lo podemos conseguir? Creo que los medios pueden ser vitales a este respecto C&E Campaigns&Elections tiene por lo tanto un papel que jugar, no sé, tal vez el que se instituya un premio a la campaña más limpia, o al proceso electoral más aseado, o al consultor de impecable trayectoria.


Yo invito a Campaigns&Elections, A las asociaciones de consultores políticos y demás organismos a que se pronuncien a favor de la creación del código de ética y de autorregulación de la Industria de Campañas y Elecciones y de marketing y gestión de gobierno


Para finalizar, en mi opinión cuando a una persona le surge el gusanito de la política, es porque encontró una causa noble de orden social que lo impulsa a incursionar en ella. Lo que sucede es que cuando el político llega al poder, es frecuente que se pueda Re corromper. En efecto, el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Para eso se creó la división de poderes, para que nadie goce del poder absoluto. Ojalá que los ciudadanos cuidemos y valoremos esa división de poderes que tanto nos ha costado construir. C&E

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