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TRUMP GANA. Keep America Great: ganar evitando pérdidas. (1era parte)


Donald Trump en el Amway Center de Orlando, Florida, durante su rally de lanzamiento. Crédito: AFP. Cfr. https://www.emol.com/noticias/Internacional/2019/06/18/951793/Keep-America-Great-Donald-Trump-lanza-oficialmente-su-campana-por-la-reeleccion-para-2020.html

Ramón Morales Izaguirre.@artesimperiales. Las probabilidades de reelección del Presidente Donald Trump son altas y reconocidas por diversos modelos económicos. Además, desde la perspectiva de la comunicación política, existen teorías que demuestran su ventaja retórica crucial, basadas en patrones de economía conductual que coinciden con la narrativa que Trump ha construido: ganar evitando pérdidas.


Keep America Great es un mensaje que programa al votante a no tomar riesgos ante la reducción de perdidas potenciales. Psicológicamente, este mensaje es mucho más persuasivo que el de un contrincante que invite a un cambio para generar posibles ganancias futuras. Para lograr validar esta narrativa, Trump tendrá que mantener una línea discursiva basada en su (debatible) éxito económico y generar diversas amenazas mediáticas provenientes del exterior para mantener al auditorio temeroso de tomar riesgos.



Partidarios del Presidente Trump en un rally en Montoursville, Pennsylvania. Crédito: Eric Thayer para el The New York Times. Cfr. https://www.nytimes.com/2019/05/27/opinion/trumps-formidable-2020-tailwind.html

I.- Antecedentes inmediatos


Donald Trump comenzó oficialmente su campaña para la reelección el 18 de junio de 2019 en el Amway Center de Orlando, Florida; uno de las primeras ciudades en su gira de agradecimiento como Presidente. Desde su toma de protesta en 2016, su administración se ha caracterizado por una temprana y constante celebración de mítines o rallies políticos directos con su base electoral desde que asumió el cargo (lista no oficial de rallies[1]): aproximadamente nueve en 2016, diez en 2017, 46 en 2018 (año de las elecciones intermedias), y seis en lo que va de 2019 hasta la fecha del arranque oficial. Y el principal slogan de su campaña para conservar el cargo es Keep America Great (Mantener a América Grande), un mensaje que presume algo que hay que “mantener”, característica esencial de toda ganancia y el pensamiento “conservador” que busca estimular.


Para junio de 2019, importantes encuestadoras colocan a Trump con índices de aprobación en su punto más alto en dos años y superiores al 40% (E.g.: Harvard CAPS/Harris: 48%[1]; Reuters/Ipsos: 41%[2]; Gallup: 43%[3]), lo que equivale a una popularidad semejante a la de mediados de 2017. De acuerdo con estimaciones de Gallup, a poco más de 865 días en el cargo (aproximadamente 2.4 años), porcentajes cercanos al 40% han sido suficientes para la reelección de otros tres presidentes: Richard Nixon (48% al día 868); Ronald Reagan (43% al día 874); y Bill Clinton (47% al día 867).


Existen importantes eventos inmediatos que pueden servir para explicar la ascendente popularidad de Trump de cara al inicio de su campaña e inmediatamente posterior: la relativa exoneración de los cargos de colusión con Rusia en el reporte Müller; la negociación de un nuevo acuerdo migratorio con México; la posible guerra contra Irán, (acompañada con el subsecuente síndrome Rally-the-Flag que aumenta la popularidad del mandatario en turno) y ser el primer Presidente Americano en funciones que puso pie en Corea del Norte.


Si bien la percepción personal de Trump es principalmente negativa[4], la meta es la misma que en 2016: 270 votos de los colegios electorales de los estados que representen mayor retorno de inversión tiempo+dinero/votos. La voluntad popular es un maravilloso aderezo; pero para Trump, una meta accesoria.


Este cartograma representa el tamaño de cada estado en proporción de su valor en número de votos de los colegios electorales. Los resultados están a la vista: las costas son principalmente demócratas, mientras que las fronteras y el centro mayoritariamente republicanas. Donde hubo antecedentes esclavistas y segregación racial más intensa es el primer nicho electoral de Trump.



Cartograma relativo al valor de cada estado en términos de votos electorales después de la elección presidencial de 2016. Crédito: Mark Newman, Departamento de Física y Centro para el Estudio de Sistemas Complejos, Universidad de Michigan, actualizado al 2 de diciembre de 2016. Cfr. http://www-personal.umich.edu/~mejn/election/2016/stateelec1024.png

II.- La economía y la retórica presidencial


El gran paradigma de la comunicación política norteamericana es la Hipótesis de los Efectos Mínimos (Minimal Effects Hipothesis, MEH), misma que plantea que las campañas sólo tienen un efecto marginal en la persuasión o conversión de los votantes, ya que las preferencias electorales vienen en su mayoría determinadas antes de que las campañas comiencen. Dichas preferencias son formadas por dos variables principales: el desempeño de la economía nacional y la popularidad del Presidente en turno. Este paradigma tiene a su vez dos grandes implicaciones para la campaña de Trump: primero, la campaña debe tener un encuadre fuertemente enfocado en el éxito y los buenos prospectos económicos; y, segundo, la percepción personal negativa de Trump debe ser revertida con efectos mediáticos que induzcan al electorado a la reciprocidad o la ansiedad[1]; emociones que elevan la popularidad del mandatario en turno. La primera entrega de este análisis se basará en consideraciones sobre las implicaciones económicas.


El 27 de mayo de 2019, el The New York Times publicó un contundente artículo[2] sobre las posibilidades de reelección de Trump basadas en modelos económicos. El autor y compilador de dicho artículo fue Steve Rattner, asesor del Secretario del Tesoro durante la administración de Barack Obama. La tesis de Rattner se basa en que las tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto y la inflación han sido los dos factores predictivos económicos más importantes del resultado electoral; ambos favoreciendo a Trump. Usando el modelo formulado por Ray Fair[3] (Yale University), mismo que ha pronosticado con bastante precisión los resultados de diferentes elecciones (incluyendo la victoria de Trump en 2016); Rattner plantea que, para 2020, Donald Trump podría obtener hasta el 56.1% de los votos basándose en el desempeño económico aunque sin restar el impacto negativo de su apreciación personal, lo que lo haría perder contra la mayoría de sus rivales demócratas.


En adición, los resultados del modelo de Fair/Yale son respaldados por los hallazgos de Mark Zandi, economista en jefe de Moody's Analytics, quien ha examinado 12 modelos con los mismos resultados a favor de Trump; así como el trabajo de Donald Luskin, de Trend Macrolytics, quien ha llegado a la misma conclusión en su examen sobre patrones en los colegios electorales.


Independientemente de los modelos económicos o del sesgo de las calificadoras; percepción es realidad. Y por ahora, la batalla por la percepción económica al interior del bolsillo del votante es crucial. El objetivo de republicanos y demócratas por igual es atribuirse el crédito por el estado de la economía actual para convertirse en el “punto de referencia” a partir del cual los votantes evalúen su economía y descalificar al otro bando como un riesgo presente y futuro. El ganador en esa lucha de enfoques será probablemente el ganador de la elección. Por eso la retórica presidencial debe tener un gran contenido económico; y las declaraciones de Trump, previas a su arranque, son un buen indicador de sus líneas discursivas al futuro inmediato.


tweet de Donald Trump a tres días del arranque de la campaña. Traducción: “La Economía Trump está estableciendo récords, y tiene un gran ascenso por venir. Sin embargo, si alguien que no sea yo toma el poder en 2020 (conozco a la competencia muy bien), ¡habrá un colapso en los mercados del tipo que jamás se ha visto antes! Mantén a América Grande

Existen un importante consenso académico detrás de la “ductilidad” del voto cuando los votantes reaccionan primero, y sobre todo, a las proyecciones económicas para castigar o premiar a los responsables: la Teoría Prospectiva y el binomio Insurgentes vs Clarificadores.


a) Teoría Prospectiva (Prospect Theory)

Ganadora del Premio Nobel de Economía en 2002, esta teoría desarrollada por Daniel Kahneman y Amos Tversky plantea que las personas son más sensibles a su percepción del riesgo a perder que a su esperanza a ganar a la hora de tomar decisiones. El planteamiento central de esta teoría -y su principal implicación para efectos de la retórica electoral-, es que las personas proyectan “prospectos” para cada decisión, evaluando pérdidas y ganancias potenciales respecto de un “punto de referencia”; siendo más conservadores a tomar riesgos cuando el movimiento desde el punto de referencia implica evitar pérdidas (E.g.: Keep America Great).


La famosa “S” de la gráfica de esta teoría plantea el valor psicológico de las ganancias y las pérdidas. En ella se ilustra cómo nuestra reacción emocional a las perdidas es más enérgica e inmediata que nuestra adaptación al riesgo para obtener ganancias futuras. Como resultado, si un candidato plantea que el punto de referencia de una economía en crecimiento (como lo es la de Estados Unidos, por el momento) es “SU” propio logro, y que cualquier cambio podría generar pérdidas; los votantes reaccionarán a su aversión innata a la pérdida por encima de cualquier otro argumento. El ciudadano vota por un presidente en turno para evitar pérdidas si cree que el statu quo es de bienestar; y votará por una alternancia si cree que el statu quo es recesivo. Esa es la principal connotación de “Keep America Great” y del discurso de arranque de la campaña.