1024X160_PONTE-VIVO_CUBREBOCAS.jpg
1024X160_PONTE-VIVO_LAVADO.jpg

Victoria de Luis Abinader: ¿Estrategia o suerte?



Borja Medina Mateo*. @Borjacademia / @ElEquipoRD.


La victoria del presidente electo, Luis Abinader Corona, tiene (y tendrá cada vez más) múltiples elementos de análisis para comprender a qué correspondió haber sido él quien pusiese fin a los 16 años de hegemonía peledeísta. Eso, por supuesto, supone luces y sombras, fortalezas y debilidades, pero, sobre todo, muchos retos. Aun así, avanzaremos algunos puntos interesantes para reflexionar sobre la dinámica político-electoral de la República Dominicana, especialmente, sobre tres:

1) El candidato

2) El partido

3) La campaña electoral.


El Candidato


En primer lugar, Luis Abinader, como figura política en ascenso, es un producto extremadamente manejable para el marketing político de hoy día. Es decir, en su historia personal se conjugan cualidades que permiten la creación de una narrativa política que logre captar la atención del electorado, por ejemplo:


1) Origen familiar/¿quién es? (hijo del dirigente político José Rafael Abinader);

2) Las causas permanentes de su padre respecto de la educación y de la ética e integridad como principios de la función pública, lo que podría ser igual a decir: valores necesarios para combatir la corrupción administrativa (tema preponderante en el imaginario colectivo dominicano de la actualidad);

y 3) participación partidaria activa y ascendente en los momentos más críticos del PRD y lo que hoy es el PRM.


El primero de estos tres elementos, guarda especial singularidad. Puesto que, José Rafael Abinader, era conocido popular y generalmente como “Abinader” y estuvo gravitando en el escenario político local en posiciones de primer orden desde la Era de Trujillo. Esto significa que, en el desarrollo de la democracia dominicana y en la mentalidad de la población, el apellido Abinader ha estado presente.


Sin embargo, no ocurrirá igual con los hijos, nietos y familiares de expresidentes y dirigentes políticos que ahora inician formalmente su carrera política, por la sencilla razón de que lo sonoro en este caso es el apellido y en los casos actuales los nombres han sido los predominantes. Es decir, que para ellos no existirá esa base en el inconsciente popular de la que pudo servirse Luis Abinader. Pues, con su salida, muchas personas habrán escuchado el apellido, sin jamás haber visto su cara. Pero, por simple asociación, le ha favorecido bastante.


También se recuerda que, Abinader padre, además de haber sido ministro de finanzas en diferentes gobiernos perredeístas, fue Senador por la provincia de Santiago y tuvo un proyecto presidencial que tenía como estribillo: “Abinader, gana y gobierna con él”.




En el segundo aspecto, es sabido que la política debe nutrirse de causas. José Rafael Abinader fundó la Universidad O&M (causa por la educación), participó de manera activa en el desarrollo de la industria turística con proyectos hoteleros de inversión privada, y, en su quehacer político, sostenía constantemente un discurso sobre la ética en la función pública (lucha frontal contra la corrupción: el principal hándicap de la marca PLD). Esto, naturalmente, es a lo que su hijo Luis Rodolfo se adhiere al momento de incursionar en la política vernácula.


Sobre la tercera cualidad, cabe destacar que en el año 2005 fue electo vicepresidente nacional del Partido Revolucionario Dominicano justamente después de esa organización haber sido desplazada del gobierno central por el Partido de la Liberación Dominicana. O sea, el inicio de su ascenso a la primera línea en las filas del PRD ocurre en forma paralela a lo que, para sus correligionarios y para él mismo, debió ser el enquistamiento del peledeísmo en las esferas del poder por dieciséis años consecutivos. Por tanto, su carrera ha sido construida en momentos de desventaja política, lo cual, supone algún nivel de trabajo, esfuerzo y sacrificio.



Siete años más tarde, en el año 2012, fue candidato vicepresidencial junto al ex presidente Hipólito Mejía, quienes por apenas tres puntos porcentuales, fueron derrotados por un Partido de la Liberación Dominicana gobernante y unido. Lo que no fue así en el PRD, ya que el Ing. Miguel Vargas Maldonado, quien había sido candidato presidencial en el 2008 y aspiró nueva vez en la contienda interna del 2011, no se integró a la campaña electoral de su partido.


Dos años después, en el 2014, fruto de la confrontación interna de ambos grupos en el PRD, se funda el Partido Revolucionario Moderno con Hipólito Mejía y Luis Abinader como sus líderes. Los mismos, en el año 2015, compitieron por la candidatura presidencial y resultó electo Luis Abinader con un 70% de los votos. Así, concurrió a la campaña nacional en el 2016 y obtuvo un 35% del sufragio.


Todo lo anterior indica que, sin lugar a dudas, Luis Abinader no es un presidente electo por azar, sino, más bien, fruto de la construcción de un perfil político altamente mercadeable y, por consiguiente, de un candidato que cultivó el éxito que hoy exhibe.


El PRM


El Partido Revolucionario Moderno se funda en el año 2014, teniendo como base jurídica y política lo que fuera el partido Alianza Social Dominicana que presidía: José Rafael Abinader. Desde entonces, asumió muy bien tres aspectos políticos de proyección nacional:


1) Diferenciarse del PRD de Miguel Vargas (quien ha sido catalogado por algunos como un “mercader de la política” desde la firma de lo que se conoce como el Pacto de las Corbatas Azules);

2) Construir una marca partido verdaderamente moderna y actualizada; y

3) Mostrar una dirigencia organizada, joven y renovada.


La distancia establecida con el PRD se logró con el mantenimiento de relaciones “armoniosas” entre Hipólito Mejía y Luis Abinader, dando demostraciones de unidad y madurez política. Igualmente, con la participación activa de políticos de la talla del intelectual Hugo Tolentino Dipp, del escritor Tony Raful y entre otros que gozan de una gran solvencia social.


De hecho, la alianza PRD-PLD de 2016, favoreció al PRD en términos prácticos y económicos pero no políticos. Pues, con ella se fortaleció la idea de que las siglas de ese partido eran usadas de modo mercantil y, en consecuencia, el PRM se veía ciertamente como lo mejor del PRD y los genuinos seguidores del extinto líder José Francisco Peña Gómez.


Al mismo tiempo, el Partido Revolucionario Moderno, elaboró una campaña propagandística y publicitaria que proyectaba una organización ideal para acabar con los desmanes y excesos de un PLD ultra poderoso.

Es decir, se colocaron vallas, se usaron las redes sociales y apoyaron de manera institucional luchas sociales como la “Marcha Verde” contra la corrupción y la impunidad, por todo esto pudo generar la percepción de ser la organización que reunía el ánimo de la población y su indignación social en un contexto de incertidumbre política respecto del partido de gobierno.



Por último, con la celebración de procesos internos sin contratiempos y conflictos mayores, con la elección equilibrada de nuevas autoridades fundamentalmente jóvenes en ascenso y caras de una nueva generación, se pudo engrosar la idea de que se trataba de un partido nuevo con alta vocación de poder. Además, vale decir que eso ocurre en un momento en que diferentes sectores de la sociedad dominicana abogaban, precisamente, por la promoción y surgimiento de nuevos liderazgos para la toma de decisiones y la construcción de consenso en el debate público.


Por tanto, el PRM entendió aquello, lo asumió y lo llevo a cabo hasta colocar a su presidente en el Senado de la República, a su secretaria general en la Alcaldía del Distrito Nacional y, finalmente, alzarse con la Presidencia de la República con una figura de una nueva generación como Luis Abinader.


La Campaña Electoral 2020