Los retos de Hillary Clinton y Donald Trump en el primer debate presidencial

 

 

El cara a cara del lunes por la noche entre Hillary Clinton y Donald Trump es, por muchas razones, uno de los debates presidenciales más esperados en la historia de Estados Unidos.

 

El espectáculo en sí mismo ya es atractivo: una de las mujeres más famosas del mundo estará en el mismo escenario que uno de los hombres más famosos de Estados Unidos. Es la convergencia perfecta de dos mundos: el de las celebridades y el de la política.

 

Y aunque la campaña presidencial parecía estar a favor de Clinton, en las últimas semanas se ha detectado un crecimiento de su oponente, por lo que el debate en Hofstra University de Nueva York será todavía más interesante.

 

Aquí presentamos algunos de los temas que los candidatos tratarán de motivar —o tranquilizar— en sus partidarios y los que tocarán para tratar de ganar el voto de los indecisos:

 

¿Trump podrá demostrar que está preparado para ocupar la Oficina Oval?

Con su toque de showman, Trump ha aprovechado la angustia de quienes no sienten los efectos de la recuperación económica y los que se han cansado de la larga campaña militar.

 

Pero las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses todavía creen que no está calificado para ser presidente. Si Trump quiere convencer a los votantes que todavía dudan sobre su preparación, los tres debates representan su mejor oportunidad para demostrar que se puede confiar en él como jefe de Estado.

 

Él tendrá que ser disciplinado al dirigirse a Clinton, debe desafiarla sin menospreciarla y probar que es versado en temas de política nacional e internacional.

 

Al igual que Ronald Reagan en 1980 y George W. Bush en el 2000, Trump deberá demostrar que está capacitado para el cargo. Pero ni Reagan, ni Bush fueron tan cuestionados como Trump. Él, que es un gran provocador, deberá demostrar que puede ser presidente.

 

¿Clinton será capaz de ocultar el desprecio que siente por su oponente?

No es exagerado creer que en su monólogo interno —y tal vez en conversaciones íntimas— Clinton se pregunta cómo es posible que su oponente sea un ejecutivo que se volvió una celebridad televisiva, que nunca antes se postuló para un cargo de elección y que no tiene ninguna experiencia en política exterior. Pero si Clinton muestra su incredulidad (“De verdad, Estados Unidos, ¿Donald Trump?”) lo absurdo de su situación podría volverse mucho más real.

 

Bien sea con su lenguaje corporal, su tono de voz o sus palabras, Clinton no puede ser desdeñosa con los votantes que apoyan a la estrella de “The Apprentice” en su campaña para ocupar la oficina de Washington, Jefferson y Lincoln. Del mismo modo que Trump socavará sus perspectivas si insulta a Clinton, ella debe ocultar su desprecio por él y persuadir a sus votantes.

 

Ella solo tiene que recordar cuánto afectó a Al Gore poner los ojos en blanco

 y gemir cuando contendía con un rival que, según él, no merecía debatir en el mismo escenario.

 

¿Trump podrá sostenerse en un debate largo?

Si Clinton debe protegerse de la condescendencia, Trump tiene que preocuparse por la posibilidad de ser expuesto ante una audiencia global como un bravucón sin argumentos. Durante las primarias republicanas se benefició de compartir un escenario con numerosos rivales, cada uno de los cuales estaba ansioso por aprovechar su escaso tiempo en el aire.

 

Desde que este verano vivió el punto más bajo de su campaña, cuando fue criticado por salirse del guión establecido por sus asesores, Trump ha dejado de burlarse de los políticos que leen el teleprompter y se ha dedicado a leer los textos que le preparan sus asesores, incluso en sus eventos más informales.

 

Pero este lunes, Trump no contará con esa ayuda en el escenario. Cuando se pare frente a las cámaras no tendrá ningún discurso bien elaborado por lo que deberá resistir sus impulsos de hablar de manera desenfrenada y demostrar que tiene los conocimientos necesarios para responder a una serie de preguntas políticas, tanto del moderador de la NBC, Lester Holt, como de Clinton. Un largo silencio, una suposición errónea o un enojo solo servirían para reforzar una de sus mayores vulnerabilidades: que no sabe casi nada importante.

 

¿Clinton podrá superar el problema de confianza que tiene con los votantes?

Clinton ha visto cómo se ha erosionado su ventaja, en parte porque se le ha dificultado conseguir el apoyo de un sector de votantes demócratas. Basta con examinar las encuestas en las que muchos jóvenes dicen que apoyarán a otros candidatos, o la hostilidad de los votantes indecisos.

 

Para conquistar a esos electores, ella deberá tener una buena respuesta cuando inevitablemente le pregunten por su uso de un servidor privado de correos electrónicos mientras fue secretaria de Estado. Es una buena oportunidad para que aborde esa cuestión y logre el reconocimiento de los votantes que están preocupados por su confiabilidad.

 

El reto de Lester Holt: moderar el debate con equilibrio

Los dos candidatos no serán los únicos que estarán bajo el escrutinio público: es muy probable que Holt también enfrente una gran presión. Con su buena disposición para contar falsedades, Trump representa un desafío único para todos los periodistas que cubren la campaña. Pero tener que hacerlo en tiempo real, mientras millones de personas de todo el mundo lo observan, es una tarea de otra magnitud.

 

Holt no podrá vacilar cuando Trump disimule. Pero el periodista de NBC también debe tener cuidado y evitar caer en la tentación argumentativa que Trump suele aprovechar para evadir una respuesta concreta. Al mismo tiempo, Holt debe presionar a Clinton y examinar tanto su carrera como sus declaraciones.

 

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