Internet en la era de la posverdad.

 

Las redes sociales han abierto el espacio de expresión a

cualquier persona con acceso a internet; lo cual, de acuerdo

con datos del Banco Mundial, representa actualmente casi

el 44% de la población global_

 

El advenimiento de la era de la información y el desarrollo tecnológico que ella supone, han modificado no sólo la manera en que concebimos el mundo sino la manera en que vivimos dentro de él. En el libro “1984”, George Orwell introdujo el término neolengua para describir el proceso de dominación ejercido por parte del Estado a través del establecimiento de límites al lenguaje, para controlar el pensamiento; al mismo tiempo, imaginó un mundo sin privacidad lleno de pantallas por doquier que era interminablemente vigilado por el Gran Hermano. 

  

Esta distopía no parecía tan alejada de la realidad en un contexto en donde los totalitarismos políticos estaban en su máximo histórico. Sin embargo, superada dicha etapa en la sociedad occidental, aún quedan vestigios de las sociedades de control disfrazados de ideales liberales. 

 

Las redes sociales como Twitter, Facebook, Instagram, etcétera, han abierto el espacio de expresión a cualquier persona con la mínima condición de tener acceso a internet; lo cual, de acuerdo con datos del Banco Mundial, representa actualmente casi el 44% de la población global; al mismo tiempo, ante una enorme ola de publicaciones que suceden cada segundo en todo el mundo, estas redes ahogan la posibilidad de que la información más importante sobresalga y permanezca entre la vorágine.  

 

En consecuencia, la información que trasciende en la opinión pública, muchas veces es aquella que contiene imágenes divertidas, frases conmovedoras, videos graciosos, noticias sensacionalistas de personajes públicos y memes, por mencionar algunos, ocasionando que se privilegie la ‘emoción’ sobre la ‘seriedad y la veracidad’ en el relato de los hechos. 

 

En 2016, el diccionario Oxford nombró como palabra del año un neologismo que, de acuerdo con una gran cantidad de opiniones de expertos en el tema de la política, marcó el curso de aquel año. Se trata de la posverdad o “post-truth” que designa aquellas circunstancias en donde ‘los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los que apelan a la emoción y a la creencia personal’; es decir, el fenómeno de la posverdad tiene su raíz en los hechos como tales, pero en el tránsito de su narración, se van distorsionando en la medida que hagan sentir más de lo que informan. 

 

En este sentido, internet como medio de comunicación es mucho más que una gran fuente de información -como fueron la prensa, la radio y la televisión en su momento cumbre- es un espacio de interacción, consulta y generación de contenido de manera extensiva y horizontal cuyo leit motiv radica principalmente en el compartir; además de que se encuentra al alcance de la mano: el mínimo necesario para acceder a él, es un smartphone. 

 

La facilidad de acceso, la rapidez y la gran extensión que abarca la red, hacen parecer que la puerta hacia la libertad de expresión está más abierta que nunca; sin embargo, estas características suponen también la entrada de cualquier tipo de discursos sin un filtro previo en donde el racismo, la violencia y las mentiras obtienen una legítima defensa en aquello que tendría que ser tomado en cuenta a favor de la integración multicultural y el reconocimiento de la diferencia y la otredad, es decir, en la misma libertad de expresión. 

 

 

Asimismo, la información que se genera y comparte en redes sociales, es producto de la interacción entre los individuos: cada perfil en estas redes está conformado por grupos de amigos o conocidos con ideas e intereses afines, tal como sucede en la vida real, lo cuales, al dar “me gusta” o comentar alguna noticia o publicación, generan una interacción que es reconocida por los algoritmos de las redes sociales en donde el contenido que cada individuo observe en su perfil, estará condicionado por estos intereses; ello va generando cápsulas o esferas de contenido personalizadas. 

 

De esta manera, a pesar de la multiplicidad de información que circula en el espacio cibernético, terminamos rodeados de lo mismo y rechazando lo que no se adecúa a nuestra percepción de la realidad. Este proceso, a nivel de marketing, ha sido ampliamente aprovechado por las empresas, quienes utilizan la gran cantidad de datos que se genera diariamente en redes sociales para producir contenidos altamente emotivos dirigidos a un público híper segmentado. Con el paso del tiempo, es más frecuente escuchar conceptos como big data o minería de datos que no se refieren a otra cosa más que al aprovechamiento de los datos generados en la red con fines comerciales, publicitarios, políticos, científicos, etcétera. 

 

En este sentido, el fenómeno de la posverdad y el big data actuando al mismo tiempo, representan una herramienta muy poderosa para el análisis de preferencias y opiniones dirigidas hacia el público que utiliza redes sociales; más aún si la información vertida no es lo suficientemente pensada y verificada por parte tanto del emisor como del receptor. 

 

Para ejemplificar lo anterior, pensemos en lo ocurrido durante las campañas políticas en Estados Unidos, en donde se habló de la circulación de noticias falsas que favorecían principalmente al candidato republicano, Donald Trump. En este proceso, se difundieron noticias como que “el papa Francisco apoyaba su candidatura para la presidencia” o que “un hombre, llamado Paul Horner, aseguraba haber cobrado 3.500 dólares del equipo de Hillary Clinton para protestar durante un mitin del candidato republicano”. 

 

El tipo de noticias como las ya mencionadas, circularon y fueron compartidas por cientos de miles de usuarios a través de redes sociales e incluso se fueron creando otras publicaciones nuevas, como en un efecto “bola de nieve”, con el propósito de generar tráfico en la red hacia sitios publicitarios para obtener ganancias monetarias, así como de incidir en la opinión pública y, posiblemente, en el resultado de la elección.  

 

A partir de que se dio a conocer este fenómeno, el sitio de internet BuzzFeed realizó un informe sobre páginas de Facebook con ideología conservadora, en el cual, “se observó que el 20% de los mensajes eran falsos o confusos, pero no se impidió su difusión en esta red en un 38% de los casos. La conclusión fue: “La mejor manera de atraer y ampliar la audiencia de contenido político en la red social más grande del mundo es decir a la gente lo que quiere escuchar en lugar de hacer reporterismo”. 

 

A pesar del intento de los medios de comunicación tradicionales por difundir información verificada acerca de las campañas y los candidatos, la mayoría de los ciudadanos estadounidenses prefería usar internet para informarse. De acuerdo con un estudio realizado a 3, 700 adultos estadounidenses, el Pew Research Program encontró que, a pesar de que la televisión sigue siendo el medio principal por el que se informan los ciudadanos a la hora de votar, con un 24%, las redes sociales se encuentran en segundo lugar con el 14% pero existen aún más opciones para informarse de política usando internet; como sitios web de noticias (13%), web del candidato (1%) apps (2%) y chats (2%). Los medios impresos han caído hasta los últimos lugares de la escala con un 2%. 

 

Con respecto a lo abordado en este artículo, no se trata de pensar hobbesianamente que nos encontramos en estado paralelo a la realidad de ‘guerra de todos contra todos’ y que debemos, por ello, ceder parte de nuestra libertad para formar el gran Leviatán del ciberespacio; más bien, habría que buscar una conciencia individual que nos lleve a establecer criterios de selección a la hora de crear, difundir y compartir contenidos en la red. C&E

 

 

 

 

 

 

 

Fuentes: 

George Orwell, “1984”, Barcelona: Destino, 2009.  

Banco Mundial, “Usuarios de Internet (por cada 100 personas)” http://datos.bancomundial.org/indicador/IT.NET.USER.P2 (Fecha de consulta: 29 de marzo de 2017). 

Pew Research Program, 2016, “The 2016 Presidential Campaign – a News Event That’s Hard to Miss” http://www.journalism.org/2016/02/04/the-2016-presidential-campaign-a-news-event-thats-hard-to-miss/ (Fecha de consulta: 29 de marzo de 2017). 

Clarín, “Tras la victoria de Trump, primer gesto de Google y Facebook contra las noticias falsas” 15 de noviembre de 2016, http://www.clarin.com/sociedad/victoria-trump-google-facebook-noticias_0_HykO3publ.html (Fecha de consulta: 30 de enero de 2017). 

El País, “’Posverdad’ palabra del año”, 17 de noviembre de 2016, http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/16/actualidad/1479316268_308549.html (Fecha de consulta: 29 de marzo de 2017)

 

 

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